lunes, 6 de junio de 2011

Daniel Peces Ayuso. Las Romerías de Arenas de San Pedro


RELIGIOSIDÀD TRADICIONAL EN LA CIUDAD DE ARENAS DE SAN PEDRO. 
LAS ROMERÍAS TRADIDIONALES.

Todas las culturas humanas han manifestado desde su origen, muestras de una profunda religiosidad. Muestras que no hay que confundir con la mera beatería popular, o el simple fanatismo. Por un lado la riqueza cultural e histórica de esta comarca, dio como resultado una especial mezcla de razas y culturas. Dotando a las distintas manifestaciones religiosas de estos pueblos, de un característico sentimiento de autenticidad, personalidad, ancestralidad y vigor. Transmitido ininterrumpidamente de generación en generación, con fuerzas renovadas hasta nuestros tiempos. Una de esas manifestaciones que van más allá de la pura religiosidad son las romerías. Para mí sin lugar a dudas, la más importante manifestación religiosa y popular, de carácter lúdico-festivo, de cuantas fiestas, ritos o costumbres de tipo familiar y o local se han mantenido y transmitido, a través de nuestra rica tradición oral. Costumbre que la cristiandad readapta y reinterpreta, tomando como ejemplo la peregrinación hebrea al Tabernáculo concretamente a partir del siglo III de nuestra era. Cuando desde el Vaticano se impulsan las peregrinaciones a Roma –de ahí la etimología de la palabra romero-  y a los lugares bíblicos de Tierra Santa. Del mismo modo haría el mundo islámico, peregrinando al menos una vez en la vida a la Meca y otros lugares para ellos también Santos. Ritos y costumbres que estando actualmente relacionados con la religiosidad monoteísta de las tres religiones del libro hunden sus raíces más allá de su propia existencia.

Ya que a su vez son reinterpretaciones de las anteriores peregrinaciones paganas. Especialmente de las culturas indígenas de esta nuestra península ibérica, la egipcia, griega y romana. Pueblos y culturas en los que este tipo de manifestaciones, eran parte integral y común de sus expresiones religiosas. Creencias relacionadas específicamente con la sanación del cuerpo, interpretadas como el resultado de la intervención directa de una fuerza superior maligna, capaz de enfermar además del cuerpo, a las almas. Ritos al fin y al cabo que van más allá de nuestra propia memoria, al permanecer grabados en el subconsciente colectivo de la población. Creencias que saben y utilizan en su propio beneficio, la relatividad del tiempo y del espacio… y que otorgan a las fuerzas de la naturaleza, poderes sobrenaturales. Poderes mágico-religiosos que tras la lenta, pero imparable cristianización de esta comarca en los albores de la alta edad media, fueron atribuidos generalmente a la intercesión directa de la Madre de Dios. Y en menor medida, al amparo y protección milagrosa de la imagen de un Cristo o de un Santo o Santa  en particular. Los cuales únicamente se manifiestan y actúan en determinados lugares especiales, siempre aislados y alejados de las poblaciones.
Bajada del Santo a la ciudad de Arenas en la década de 1960

De ahí la costumbre de acudir a estos mágicos lugares de paso en romería. Uniéndose con gentes de otras localidades, en una armónica comunión lúdico-religiosa, que se desarrolla libremente en plena naturaleza. Aprovechando tal circunstancia además, para el intercambiando a través del trueque y del comercio sus productos, innovaciones o noticias. Sin olvidar lo más importante. La posibilidad de trascender la muerte, entrando en contacto directa y personalmente, con el ser divino que en tales lugares se manifiestan. Y al que se puede  incluso tocar con las manos, sin la intervención mediadora de una segunda o tercera persona.

Introducción; Orígenes y desarrollo de las romerías arenenses

Del mito a la sacralización.

A pesar de que todos los caminos romeros parten de todas
las partes. Al tiempo todos confluyen en un mismo destino...
Siempre es difícil y a veces inútil buscar y hallar el origen de las cosas que consideramos importantes. Personalmente creo que cuando se busca un origen, uno se suele encontrar con varios orígenes diferentes. A la pregunta: ¿Cuándo surge el sentimiento de religiosidad en el ser humano? Los estudiosos profesionales del tema, nos dan una respuesta rotunda. Desde el Paleolítico. Pues es a partir de las sociedades preagrícolas, cuando podemos sacar algunas conclusiones interesantes. De las que por cierto los castellanos tenemos las muestras más antiguas, de tales ritos religiosos funerarios de Europa. Concretamente en la provincia de Burgos, en el yacimiento de Atapuerca. Cuyos restos dan muestras evidentes de una consciencia incipiente espiritual, de poseer un alma inmortal que continua viviendo en otra vida tras la muerte. Si no ¿Para qué colocar el cadáver de una forma especifica y ritualizada, junto a diferentes ajuares? Rodeando a los cadáveres de cosas tan materiales como innecesarias una vez finados, tales como; alimentos, armas, amuletos, útiles artesanales, ropas… cosas que objetivamente solo son prácticas y útiles estando vivos.

Sin embargo poco más sabemos de aquellos antepasados. Organizándose dichas ceremonias y rituales pre-religiosos, de forma tan compleja como las múltiples  organizaciones sociales de las diferentes culturas humanas del mundo antiguo. Creando y enriqueciendo sus preceptos a medida que las sociedades prehistóricas, se iban asimilando y reorganizando. Ritos y creencias que darían explicación divina a todas sus dudas y temores. Tanto a lo conocido, como a lo desconocido. Como por ejemplo los fenómenos naturales destructivos - tempestades, rayos, terremotos, volcanes…- o las enfermedades. Uniendo la intervención divina a los conocimientos farmacológicos naturales y demás remedios pseudo médicos. Ciencia que en su origen se basó en la experimentación y observación personal, transmitida oralmente entre  un grupo o élite de iniciados. Y que daba respuesta a la creencia de que todos los males, eran provocados por la intervención de otra divinidad en este caso maligna. Por eso era necesaria la intervención de un dios o diosa benefactor, a cuyo templo se acudía de forma muy especial. Ya que sería  finalmente la divinidad, la que decidiría si merecía sanar al enfermo o no.

A medida que los romeros se acercan a su destino, se
desencadena un torrente de emociones difíciles de contener
y más aun de explicar...
Divinidades que pueden actuar con crueldad o amor, y que se manifestaban a través de los elementos de la naturaleza, sin poseer una forma definida. Sin embargo no solo la enfermedad, la muerte y el miedo a los fenómenos destructivos naturales, obligaron al ser humano a dar una explicación divina a dichas incógnitas existenciales. Hay otras consideraciones complementarias dignas de atención. Como por ejemplo, la influencia que han ejercido y ejercen las experiencias extrasensoriales o premonitorias obtenidas a través de los sueños. O los estados alterados de consciencia, provocados conscientemente a través de determinados ritmos y danzas. O al sufrir o realizar vigilias o ayunos prolongados. También podían ser producidos por la ingesta de plantas o alimentos alucinógenos. Provocando visiones y sensaciones con un alto contenido esotérico, místico y mágico. Sobrepasando la línea de la muerte con la creencia en otra vida posterior, similar a la vivida, rodeado de los seres queridos y conocidos. Vida pos mortem que según las creencias religiosas poli o monoteístas, mucho dependerá del comportamiento tenido en esta vida. Habiendo desde muy antiguo la creencia y promesa extendida en todas las religiones eurasiáticas, de un paraíso para los hombres justos y un infierno para los desleales. Más un tercer lugar entre cielo y la tierra para las almas que por algún motivo criminal, no pueden hallar descanso eterno ni en el cielo, ni en el infierno… Pero hay más. Una creencia igual de antigua y extendida que otorga excepcionales poderes a determinados personajes, incluso después de muertos. Seres especiales que en vida destacaron de forma excepcional, siendo consideradas capaces de obrar verdaderos milagros y hazañas incluso tras su muerte. Convirtiéndose progresivamente en objeto de culto dichos personajes mitificados. Una de esas primeras expresiones de divinización o mitificación humana surgió durante del calcolitico. Manifestándose en los impresionantes monumentos megalíticos protocélticos y celtíberos. Llenos de signos esquemáticos con evidentes relaciones astrales tallados en piedra. Soporte del que se sirvieron los primeros y más complejos conocimientos humanos, para ser transmitidos y utilizados. Considerando tales manifestaciones y los lugares en los que están emplazados, áreas sagradas y consagradas al conocimiento. Pudiendo considerar a ciertos petroglífos, signos y pinturas rupestres situadas en el partido arenense, como las primeras señales de escritura y también del conocimiento. Lugares que muestran una clara renovación generacional, al haber sido ocupados por diversas culturas en estos últimos cinco mil años. Señales cuyo significado estaría en manos de una élite de doctos, “capaces de transitar por el camino interior”. Sabiduría ancestral que como decía guarda una clara relación con la astrología. Y esta con la meteorología y el control de las estaciones, que incluye la comprensión de las fases lunares.
                                                                                        
Losa sepulcral infantil, en una quintería en las inmediaciones del paraje
de Barca Peña. Pues según nuestra tradición a los niños y niñas muertos antes
 de cumplir el año de vida, se los daba sepultura en el umbral de las casas,
para de este modo poder estar en casa con la madre y familiares o jugando
en la calle...
                                                                                     
Conocimientos fundamentales para un nuevo mundo en manos de agricultores, ganaderos, artesanos y mercaderes sedentes. Y que aún atesoran las estelas, cazoletas, pinturas, menhires y fuente cuyas “aguas mágicas”, tienen el poder de sanar determinadas enfermedades. Cursos de agua en los que se encuentran  las piedras “ sagradas” como el pilar de Ntra. Sra. Sta. María, o la de San Pedro. Piedra esta última, que cura a quién la toca, pues según la tradición oral arenense, el mismo San Pedro de Alcántara dejó impresas las huellas de sus cinco dedos, al apoyarse en ella  yendo de camino a su fundación en San Andrés del Monte milagrosamente. Aunque no es la única “piedra con vida”, hay varias más en la ciudad. Como la piedra de la “Hibanadera”. “La Piedra de las Batallas” o “el Canto Morcón” –este último al pie de un interesante yacimiento prehistórico- etc. Los ejemplos de este tipo de creencias ancestrales cristianizadas en las que se sacraliza –o maldice- una piedra, una fuente, un árbol, o incluso un animal, abundan no solo en la ciudad de Arenas, sino en todas las villas y aldeas de la jurisdicción. Signos y tradiciones que relevan, la existencia y permanencia de cultos y creencias precristianas. Como por ejemplo y abundando más en el tema, las interesantes particularidades antrópicas de todas y cada una de las advocaciones, que se veneran en las fiestas romeras. Hechas a la justa medida de las necesidades de cada individuo y población. Por eso para los habitantes de esta comarca sus Vírgenes, Cristos y Santos dólmenes del partido arenense. Monumentos funerarios estos últimos, que representan el útero materno - de la Tierra- que da la vida, recogiéndoles tras la muerte para devolverles de nuevo a una nueva vida en este caso eterna. 


Foto de San Pedro con la aureola antigua
Con todo creo yo que aún estamos muy lejos de comprender el significado verdadero de estas primeras palabras y construcciones prehistóricas. Partiendo como partimos de la falta total de estudios e interés administrativo, incluso para el mantenimiento y protección de tales vestigios. Algunos de ellos vivos y mantenidos en costumbres tradicionales arcaizantes, que se remontan a las ceremonias y ritos panteístas y animístas de nuestros antepasados lejanos, los protocélticos vettones. Y que nos hablan de una nueva concepción espiritual y revolucionarios adelantos tecnológicos, en un tiempo tan remoto. Situando intencionadamente todos estos santuarios del conocimiento, en lugares cercanos a antiguas e importantes vías de comunicación. Sobre zonas en las que actúan fuerzas telúricas, encima de  puntos energéticos que desde tiempo inmemorial se han utilizado para beneficio de todo el mundo. Es precisamente en estos lugares a los que se acudía en romería siguiendo un camino iniciático, marcado por los mensajes escritos en las piedras. Como es el caso de la evidente relación entre los megalitos y las ermitas romeras de estas tierras. Sitios dotados de un innegable encanto natural. No faltando en sus cercanías la presencia de corrientes fluviales o alguna Fuente. Situándolos en  dichas áreas la presencia de un ser divino capaz de obrar todo tipo de milagros...Considerándolos como sus protectores-benefactores personales o privados. Formas y expresiones tradicionales de religiosidad personalizada, que repito hunden sus raíces en las sociedades preagrícolas prehispanas. Cuando los hombres y mujeres se tomaron a ellos mismos como base o medida, con la que compararon y midieron todo lo que les rodeaba. Lo que les condujo a nueva concepción, desapareciendo la dualidad de hombres y dioses. Para dar paso a la revolucionaria idea de la doble condición humana. Así como los conceptos antagónicos del bien y del mal. De tal modo que como decía anteriormente, determinados elementos de la naturaleza pasaron de ser considerados como la morada terrenal de los dioses, representándolos en estas primeras etapas evolutivas de forma simbólica. Ya que los dioses con este nuevo concepto, empezaron a tomar formas definidas y con ello atributos positivos o negativos. Haciendo una asociación simplista y simbólica, entre las propiedades naturales o fisiológicas de dichos elementos de la naturaleza, respecto a las atribuciones y virtudes de cada deidad.
Petroglifo en las inmedicaciones de la ermita de los Llanos...
Quizá el ejemplo más evidente sea la representación alegórica de los principales dioses y diosas benefactoras con el astro rey, el sol –asociado del mismo modo a ciertos animales, como el águila, la paloma, el caballo o el gallo - Frente a los demonios asociados a la noche, las sombras o a los cambios lunares – y con ellos las lechuzas, lobos, escorpiones…- Dioses y demonios representados en un principio, a través de signos de carácter mágico-religioso, zoomórficos, antropomórficos, vegetales, etc. Dibujados en la mayoría de los casos de forma abstracta y esquemática. Sirvan de ejemplo los signos de carácter mágico religioso de las impresionantes pinturas, del arte rupestre español. Pinturas que evidencian las especiales características de los primeros y más antiguos lugares de culto ibérico. Lugares que por supuesto también están representados en las tierras de Arenas. Lugares con un evidente uso religioso y funerario, concebidos como templos al aire libre en los que se manifiesta el dios o la diosa local benefactora. Considerando dicho área consagrada e inviolable. Sin que esto impidiese que se abandonase por ello el culto a sus propios personajes mitológicos, considerados “dioses y diosas menores”, dándoles culto en determinados espacios boscosos y agrestes. Algunos de ellos sin templos, ni construcciones arquitectónicas. Ya que el ser divino vivía en un mundo paralelo, manifestándose a través de señales como un árbol, una piedra, una fuente o un animal. Costumbres que perduraron más allá de la tardía romanización de estas tierras. Dioses y demonios de comportamiento descaradamente antrópico, que fueron absorbidos por determinadas advocaciones cristianas. Como muestran los restos arqueológicos de buena parte de los templos y ermitas cristianas, construidos cerca o sobre ruinas de templos anteriores. O la superposición del santoral cristiano, sobre los cultos paganos del mundo antiguo. Cultos, dioses y diosas indígenas que antes de cristianizarse, tuvieron que pasar por una lenta asimilación y sincretismo con los dioses y diosas del panteón romano, egipcio, griego o céltico. Como el culto a la Diosa Madre. Sin lugar a dudas uno de los más extendidos e importantes para la humanidad desde la más remota antigüedad. Diosa que para los vettones era conocida con el nombre de Munda. Para los romanos Venus. Para los griegos Era y para los egipcios Isis. Diosa que variaba en las formas, pero que mantenía una esencia común y generalizada entre todos estos pueblos, distantes en el espacio físico, no así en el espiritual. Al actuar como la máxima representación regeneradora de la vida, incluso tras la muerte.

Vista del Santuario desde el camino romero de la Parra
Junto al culto a la “Madre”, surgen al mismo tiempo deidades de marcado carácter local. Dioses que se van gestando y desarrollando lentamente desde las sociedades preagrícolas y preganaderas de los últimos cazadores recolectores. Deidades romeras que serán asumidas posteriormente por los Dioses y Santos de las religiones monoteístas. Los cuales una vez cristianizados, fueron renovados y mantenidos a través de las actuales romerías. Pues es imposible eliminar unos sentimientos, creencias y manifestaciones religiosas tan profundamente arraigadas en el subconsciente colectivo. Como más recientemente pasó tras la evangelización y sincretismo católico, con las religiones amerindias, asiáticas o africanas… Basta con echar una ojeada a las “coincidencias” entre el calendario festivo antiguo o pagano ibérico, con el santoral y fiestas de guardar cristianas. Como por ejemplo, los solsticios de invierno y de verano, considerados momentos sagrados desde la más remota antigüedad. Ya que marcaban el principio y el final de muchas cosas de vital importancia tangibles y etéreas. Tal debió ser la importancia y vigor de estas fiestas del solsticio de invierno, que fue consagrado a la fiesta del nacimiento de Jesús. Y las del solsticio de verano, al de su primo hermano y segundo en el escalafón genealógico, San Juan Bautista. Pero hay más. El día en el que se da culto y  festeja a los muertos, el uno de noviembre, coincide con la fecha en la que los pueblos preromanos de Iberia, como los vettones, daban un culto especial a sus muertos…

Costumbres y creencias que en algunos lugares remotos, han mantenido cultos y tradiciones muy arraigadas. Pues tan solo se limitaron a adoptar las nuevas formas, voluntaria o forzosamente, para poder continuarlos. Si no como explicar la vigencia de algunas creencias, ritos, supersticiones, o tabúes paganos, mantenidos y transmitidos gracias a la tradición oral. Como por ejemplo el sin fin de rituales relacionados con el profundo temor que despertaba en aquellas sociedades antecesoras nuestras, las tormentas, llamadas por estas tierras nubes. De hecho hay una frase muy utilizada por la tradición oral arenense para expresar el miedo, y esa frase es, º te temo más que a un nublao. Sincretismo de las antiguas y nuevas creencias que se culminó tardíamente, una vez reconquistada la frontera media del Tajo. Apareciendo en ese tiempo las primeras organizaciones sociales laicas cristianas, en forma de cofradías o hermandades. Asociaciones gremiales de artesanos profesionales que buscaban el amparo y bendición de la poderosa iglesia católica, en una sociedad intransigente, con terribles diferencias sociales, sumida en constantes guerras y mortales epidemias. Gremios que se amparaban en torno a la advocación de un patrón, - o patrona - especialmente relacionado con su profesión. De este modo San José como fue carpintero, pasó a convertirse en el patrón de todos los carpinteros. San Bartolomé, que fue martirizado siendo despellejado vivo y después degollado a cuchillo, pasó a ser el patrón de los carniceros. San Antón, que cuidó animales, se convirtió en el patrón de los animales domésticos. San Isidro el labrador, de los agricultores. San Pedro el de los pastores. Santa Cecilia de los músicos… Ocupando progresivamente la nueva religión monoteísta, todos los ámbitos y necesidades religiosas ya preestablecidas en la antigüedad. De tal modo que para ahuyentar las tormentas y el temido rayo, se invocaba a Santa Barbara, al tiempo que se hacían sonar los cencerros y campanas. Se quemaba una ramita de tomillo recogida el día del Corpus del altar. O simplemente portando una ramita de arce o una piedra de la chispa - que no es otra cosa sino un hacha bifaz de sílex… -A San Antonio, las mozas solteras le tiraban tres chinitas de espaldas. O le pinchaban con un alfiler, mientras le rezaban fervientemente credos, salves y otras oraciones, con el fin de que las saliera un buen novio. También a los bollos de San Sebastián se les atribuye hoy en día, propiedades para curar las enfermedades pulmonares. O los cordones y aceite de San Blas, con los que se curan los problemas respiratorios y de garganta. La Zarza Santa sin espinas de San Pedro de Alcántara, que aleja todo tipo de enfermedades y catástrofes… Sin embargo este tipo de advocaciones gremiales, tienen poco que ver con el tipo de culto que se da y recibe en las ermitas romeras. Ya que en el caso de las romerías se trata además de un emotivo, profundo y arcaizante sentimiento de pertenencia e identidad, para con un grupo social determinado, tanto de forma individual, como colectiva.

La cúpula de San Pedro vista desde el camino de las  Majadas
Y aunque a veces lo parezcan, no hay que confundir estas creencias cristianizadas con el fetichismo, la superchería o los tabúes, de muy honda tradición entre las gentes de estas tierras. Crédulas en la existencia de seres fantásticos, hechizos y brujerías de todo tipo. Como la de curar a los enfermos graves envolviéndolos con una manta roja llamada “berrenda”. O la forma “mágica” de librarse de las verrugas. Según nuestra tradición oral, bastaba con contarlas sin que se entere el que las padece. Cortando tantas hojas de aliso o yedra, como verrugas se había contado, haciendo la señal de la cruz con el manojito de hojas sobre ellas. Escondiendo después el manojo de hojas en un lugar secreto, por el que el verrugoso no fuera a pasar jamás. O la costumbre de colgar una media luna invertida de metal, una quijada de tejón o un diente de lobo de la cuna, para alejar el mal de ojo de los más pequeños… Otras costumbres son aún más sorprendentes, como por ejemplo, el por qué nunca se debían contar un secreto delante del fuego, ni del agua…

Del mismo modo podemos argumentar, con los tabúes sexuales transmitidos por tan especial tradición oral. Como por ejemplo el que asegura que si una mujer que está menstruando se sube a un árbol frutal, este se secaría en el acto. O el qué prohibía a las viudas cruzar las calles, tener el pelo largo, flores en ventanas y balcones o espejos sin cubrir en sus casas. O el que asegura que para que un niño o niña tenga buena voz y dotes para la música en general, le han de cortar las uñas de manos y pies la primera vez de su vida, una mujer u hombre de reconocido prestigio como buen cantaor o cantaora, sentado detrás de una puerta. O por qué se coloca una escoba detrás de la puerta principal cuando se espera una visita no deseada. O por qué se creé que las personas que lloran desde el vientre de su madre, y además tienen una marca especial con forma de media luna o de herradura en el paladar, nacen con extraordinarios dones, como el de sanar enfermedades, roturas de huesos, o quitar el mal de ojo. Seres especiales, que vivían plenamente integrados en las sociedades rurales. Como el “tío Piñones”, arenense excepcional que entre otros, tenía el don de apagar las estufas cuando apoyaba sus pies descalzos sobre la plancha de hierro incandescente sin quemarse como me contaba en su casa su sobrina Pilar. O el “tío Isaac”, capaz de curar cualquier tendón o hueso dañado. Otras de estas personas con dones excepcionales eran las “aojadoras”, mujeres que quitaban el mal de ojo. Todas ellas muy respetadas y solicitadas, que cuando veían cerca el final de sus vidas, buscaban una sucesora a la que solo podían pasar sus poderes las mágicas noches de San Bartolomé, Viernes y Sábado Santo, San Juan y la noche antes de Navidad –“pues esos días no hay Dios…”- Coexistiendo al mismo tiempo con otros lugares mágicos, encantados, malditos, tabú, a los que no se debe ir y menos aún en dichas y determinadas noches mágicas –sobre todo la noche de San Juan o las noches de luna llena. Lugares en los que según el imaginario popular arenense, habitan una serie de seres fantásticos y monstruosos, que reaparecen con fuerza en numerosas y hermosas leyendas. Como la leyenda de la Isaba de la Fuente, o la Fuente de Sabina -Isabina- Fuente en la que vive una “Mora encantada”. La cual sale las noches de Luna llena y en la de San Juan, hechizando a los que por allí pasen con la intención de ahogarlos. Las versiones más antiguas cuentan que la Isabina no saca nunca los pies del agua, por que los tiene como las ranas o sapos. Ocultando las piernas llenas de escamas bajo un hermoso vestido verde como las ovas – aunque hay otra versión que dice vestir un sayal blanco… - hechizando a sus víctimas con hermosas canciones, hasta arrastrarlos y ahogarlos en las frías y cristalinas de la fuente mágica…

Magnifico ejemplar de Crucero en la entrada o
salida de Hontanares. Levantado por los Mendoza
y Luna en el siglo XVII
                                         
Otro personaje mitológico arcaizante representado en el folklore y tradición arenera es el terrible Orco. Monstruo de un solo ojo y un solo pie, que vivía en una cueva por encima del Arenal –cueva que existe realmente con el nombre de cueva del Orco, y que los arenalos temen por considerarla puerta al infierno…- robando los ganados de los pastores de la comarca. Leyenda que no deja de ser una versión local del mito griego del Cíclope. Pues del mismo modo que el mito griego, el Orco arenalo es vencido por un pastorcillo que le clava en su único ojo un palo ardiendo… Junto a las Isabas y el Orco, están los espantos y la Santa Compaña, los cuales aterrorizaban a niños y adultos sobre todo la noche de todos los Santos y el Día de los difuntos. Abundando en caminos y encrucijadas de la comarca, cruces, cruceros… situados en puntos estratégicos que servían de refugio ante las indeseadas apariciones de tales presencias infernales. Cruces y cruceros que cuentan su origen con interesantes leyendas en las que no faltan brujas y lobos cervales “con los ojos como el fuego y la boca más negra que la noche sin luna”. Como cuentan las leyendas de la Cruz de Malpelo o la Cruz de La Tendera. Lugares en los que también solían acechar las brujas y nigromantes. Muchos de los cuales se creía que vivían en la sierra, cerca de la laguna Negra, hoy Grande. Aunque no todas las brujas vivían alejadas de las poblaciones. Ya que también las hubo nacidas y criadas en el Partido arenense. Brujas algunas de gran fama y renombre, que no solo volaban para acudir a sus aquelarres o hacían prodigios diabólicos, pues la mayoría de ellas se dedicaban a “atar y desatar amores” ejerciendo de meras curanderas. Mujeres que en la mayoría de los casos acababan siendo víctimas de su propia ignorancia y avaricia. Siendo a lo sumo castigadas “a sufrir azotes o destierro”, instalándose en las principales villas de la comarca. Dónde intentaban pasar lo más desapercibidas posible, integrándose en la vida y sociedad que las tocó vivir. Logrando algunas de estas brujas o hechiceras, el respeto, más que el temor de sus convecinos y convecinas. Como las siete  brujas que vivían en los riscos de Arniellas –Arbillas- en el siglo XVIII. Brujas que según las leyendas locales no eran malas, ni buenas. Ya que se dedicaban a solucionar los problemas de los justos, mientras que castigaban con rigor e incluso ironía a los malvados, prepotentes y avaros. Mi buena amiga y convecina la arenense Teresa Frutos, me cantó esta coplilla cuando me relataba una de las muchas leyendas de las siete brujas de Arenas. La coplilla dice así:

“Tres –brujas- son de la Parra, tres de la Higuera.
Y la capitanita, de San Esteban”.

En la mayoría de las leyendas, las siete brujas de Arenas se reunían las noches de luna llena junto al camino viejo de Poyales. A la vera de la garganta de Arenas, en la fuente de las Brujas. Mientras que los aquelarres los llevaban a cabo en alguna de las muchas cuevas de la Tablá… acechando al alba y al anochecer en los caminos y encrucijadas, apareciéndose en forma de remolinos de viento, animales o bellas mozas... Una de estas leyendas cuenta que un día un buen arriero arenense que tenia una gran chepa, tubo que salir a la noche para llevar unas medicinas a unos pastores que andaban con sus cabras en los Altos de Arniellas. Ya que el hijo de uno de ellos estaba muy enfermo y las precisaba con urgencia. El arriero no lo dudó y sin reparar en las brujas cargó el macho con otros encargos y las susodichas medicinas y salió camino al Portezuelo. Y al llegar a la altura de la fuente de la Cruz del Valle, sintió un remolino de viento que le puso los pelos de punta. Al poco tiempo le salieron al paso las siete brujas revoloteando entorno suyo. El no se asustó, bajó la mirada a la tierra y se encomendó a Ntra. Sra. del Pilar de Arenas. Entonces la bruja capitana le preguntó que adonde iba. Y él arriero cheposo la respondió con humildad y respeto, contándole que había un cabrerillo muy enfermo y que le llevaba unas medicinas… sacó de unas alforjas una hogaza pan sopetón, la calabaza del vino de pitarra y un tierno queso de cabra, que se comieron y bebieron entre los ocho. Y estando en estas la capitana le espetó de nuevo preguntándole, que era ese bulto que llevaba en la espalda. A lo que el buen arriero respondió, que esa chepa incómoda era un castigo que Dios le había dado. Entonces la bruja le agarró la joroba con las dos manos y de un tirón se la quito de cuajo, desapareciendo en un remolino de siete vientos, tres malos tres buenos y el que se llevó a María Sarmiento… tal y como habían aparecido.

Cuando el arriero regresó a Arenas, todos los vecinos se quedaron maravillados al verle sin la chepa, y más aún al enterarse de cómo se había librado de ella gracias a las siete brujas del Valle. Llegando la noticia a oídos de un ricachón que era tuerto y poco querido incluso por su familia, pues solía maltratar a su propia mujer e hijos dándoles terribles palizas sin motivos para ello… El cual pensó que si al arriero cheposo le habían quitado la joroba, a él bien le podían curar su desgracia librándole de ser tuerto. No lo dudó y a la noche siguiente cogió el mismo camino que el arriero llegando a la fuente de la Cruz del Valle poco antes del alba. Una vez allí saco de sus alforjas un pan blanco, jamón, lomo embuchao, vino del bueno, y se dispuso a comer su buen almuerzo. Y de pronto allí le salieron las siete brujas del Valle, dando vueltas y más vueltas a su alrededor, haciendo grandes remolinos. Cuando la capitana le preguntó que a dónde iba, este la mal contestó, guardándose las viandas para que no se las comieran las brujas, diciendo de muy malas maneras que le quitaran la desgracia de ser tuerto y que lo hicieran pronto amagándolas con la tralla que llevaba… pues el muy animal no había reconocido en ellas a quien estaba esperando. Entonces la capitana sin mediar palabra, dijo a sí con que esas tenemos,  y le puso la joroba que le había quitado al buen arriero. Quedando además de tuerto cheposo toda su vida hasta su muerte. Castigándole de este modo por ser tan malo y egoísta…


Cueva de las Brujas en el término municipal de Arenas de San Pedro.
                                                                                
Brujas o hechiceras que más bien podríamos llamar sanadoras o curanderas, a las que la inquisición no daba la menor importancia, como se desvela a través de las penas impuestas –latigazos y destierros a lo sumo – pese a las bulas papales dictaminadas para atajar tales costumbres arcaizantes. La primera de las cuales se la debemos a Juan XXIII en 1326, bula Super Illius. Reforzada por la bula de Inocencio VIII en 1484, Summis Desiderantis Effectibus. Y en 1486 la famosa bula conocida como El Martillo de las Brujas. Bulas todas ellas que a pesar de su vigor no lograron llevar a la hoguera a ninguna de estas mujeres.

Más documentado y curioso – gracias a los excelentes trabajos del paisano guisandero el Sr. Juan Bláquez Miguel - es el caso de la bruja arenense Bernarda González, nacida en el siglo XVIII. Hechicera profesional que fue castigada por la inquisición arenense y azotada públicamente por la justicia del lugar en varias ocasiones. Siendo finalmente desterrada de Arenas, e iniciando un éxodo por varias villas y pueblos del partido en los que sufrió los mismos escarnios o mejor dicho castigos. Trasladándose de incógnito a la vecina ciudad de Talavera de la Reina, donde continuó realizando sus artes de hechicera, pues era una verdadera especialista “ligando y desligando amantes”, siguiendo complejos y a veces infantiles rituales de magia que mezclaba con oraciones cristianas. Hasta el punto de que su lugar de operaciones no era otro más que el coro bajo de las parroquias. Lugar orientado al poniente donde la iglesia católica romana realiza tradicionalmente sus rituales de exorcismo y conjuro a las fuerzas diabólicas. Detalle que rebela la intencionalidad implícita en la elección del lugar sagrado por parte de estas mujeres, como medio a través del cual  “cristianizar sus artes”, alejando de este modo el temido látigo de los inquisidores. Sin embargo los verdaderos enemigos de la buena de Bernarda González, eran sus propios clientes. Ellos fueron los que la denunciaron al Santo Oficio en varias ocasiones, a causa de los efectos contrarios o nulos de algunos de sus hechizos. Uno de sus rituales mágicos más solicitado, y que más problemas le trajo, era el de curar la impotencia sexual masculina. Mal que se atribuía al hechizo de otra bruja, por encargo de una dama despechada. Y del que se solía decir tradicionalmente,  se había acostado con tres pies y había amanecido con dos…

Una de las varias cuevas de Castañarejo
Entonces para remediar esta fatalidad había que contraatacar el maleficio con otro hechizo más potente que solo ella y las que como ella era conocían. Y para ello Bernarda hacía lo siguiente; El interesado tenía que coger agua bendita de tres pilas diferentes, situadas en tres templos sin ser visto –no olvidemos que la por entonces villa de Arenas del siglo XVIII, disponía de una peculiar parroquia colegial cisterciense, un convento e iglesia de monjas agustinas, otro de agustinos y otro de franciscanos. Más un humilladero dedicado al Sto. Cristo de las Aguas y San Sebastián. Y siete ermitas a saber, la de Sta. Bárbara, Sta. Lucía, San Blas, la Enfermería, San Miguel, los Llanos y la de San Bartolomé- Una vez recogidas las tres aguas debía verterlas en un puchero entregándoselo a Bernarda, la cual en un lugar secreto a la noche, lo ponía a cocer sobre el fuego y hacía hervir una gallina negra viva en dichas aguas benditas, al tiempo que murmuraba rezos ininteligibles. Una vez realizado el sacrificio ritual y tras pagar la cantidad pactada, el hechizado se llevaba el agua a casa, para darse baños bajos en sus partes pudendas, mientras rezaba tres credos a San Antonio y una oración que comenzaba con la siguiente frase, espada no me mates… Tras lo cual el hombre debía recuperar su potencia sexual.  Si Bernarda era buena ligando amantes, mejor aún se le daba desligarles, para ello entregaba a las solicitantes –pues solían ser mujeres en este caso las que más solicitaban este trabajo – una cinta de seda verde de tres varas de largo cortadas a la mitad, a las que posteriormente había hecho tres nudos –uno en el centro de la cinta y los otros dos en los extremos de la misma…- luego la interesada debía dejarlas caer en la calle, por los lugares en los que soliese pasar la persona que quería desligar, sin que esta volviese la cabeza bajo ningún concepto… logrando de este modo el cometido. Y parece ser que como en el caso anterior funcionaba la mayoría de las veces, pero no siempre. Por lo que Bernarda nada más levantarse cada mañana realizaba un ritual para protegerse de sus enemigos, que consistía en salir a la puerta de su casa y recitar la siguiente oración.

Las manos de mi Señor Cristo estén delante de mí,
hasta San Pedro y San Juan, delante.
Detrás a mi enemigo tope y no me vea,
Espada saque y no me hiera,
justicia no llegue a mí ni a cosas mías.
De mi enemigo no me vea vencida.
Ni de aire malo competida.
Pater noster y Ave María.

Otra entrada en las cuevas de Castañarejo
De todos modos sus artes de nada la sirvieron pues la justicia y más aún la Sta. Inquisición conocían de sobra de sus hechizos, pues como ya he dicho las denuncias de sus enemigos no le faltaron. Lo que la llevo a tener algunos problemas serios con tales estamentos civiles y religiosos. Incluyendo algún que otro registro de su domicilio, en donde encontraron entre otras cosas, muelas y carne humanas, semillas y plantas que no supieron identificar y curiosamente tres trozos de raíces con barba –que bien podían ser de datura o estramonio…- Bernarda tenía otras acólitas que la ayudaban y respetaban como “Capitana”. Algunas de ellas naturales de las aldeas del partido de Arenas, como Teresa García. Obsesionada en ligar a sus amores con un ritual en el que precisaba del fuego, tres cogollos de romero y el consiguiente conjuro.

Romero quemo. Pues no quemo romero,
Que quemo el corazón de fulano,
Que no pueda parar ni sosegar,
Hasta que conmigo venga a estar.

- conjuro que recuerda al que cada año se sigue realizando en la villa hermana y querida de Poyales del Hoyo, la noche de San Sebastián a las nueve en punto y que consiste en encender unas ramitas de romero en los umbrales de las casas mientras se recita la siguiente oración para exhortar los males de todo tipo y especialmente las enfermedades, dice así. Arda romero, queme lo malo y entre lo bueno… -

Si la ceniza de los cogollos de romero quemados quedaban de color blanco, el conjuro había tenido el efecto deseado. Pero si la ceniza de los cogollos quedaba de color negro, se interpretaba como un caso imposible… siendo el romero un elemento muy común no solo para estos menesteres, sino para conjurar las enfermedades y hechizos maléficos de todo tipo… Cuando este ritual no funcionaba, la buena de Teresa cogía un tiesto y lo llenaba con tierra que había pisado con su pie izquierdo, realizando sobre él los conjuros y rezos pertinentes. Uno de los conjuros consistía en recitar la siguiente oración.

Con dos te miro, con tres te mato,  la sangre le bebo, el corazón le parto,
Que venga tan sujeto a mí, como la suela de mi zapato.

Una de las muchas cuevas de la mítica Abantera
Dando una fuerte pisoteada sobre el suelo al finalizar la oración o hechizo. Rito que a todas luces y como bien apunta Juan Blazquez Miguel no pasaba de ser una infantilada…  lo que no la evito tener algunos problemas con el Santo Oficio, librándose de la hoguera alegando y demostrando que era una cristiana ejemplar y devota, como la mayoría de estas mujeres totalmente integradas en sus sociedades. Gracias a los interrogatorios inquisitoriales que padeció la pobre Teresa sabemos que Bernarda contaba al menos con otras dos acolitas más llamadas Felipa Domínguez y Clara de Villa. Clara era una hermosa joven que se había desposado a muy temprana edad con un hombre que no la daba la vida que ella esperaba, por lo que no dudo en vender su cuerpo dedicándose de forma más o menos explícita al oficio más viejo del mundo, la prostitución. Curiosamente en su casa alojó a un grupo de siete gitanas con las que convivió unos cuatro años, y de las que declaró haber aprendió otras artes todas ellas relacionadas con los ligamientos. Uno de los rituales consistía en coger un pañuelo manchado con el semen del hombre a ligar, al que le hacían cinco nudos –uno en el centro y los otros cuatro en las cuatro esquinas del pañuelo… mientras recitaba la anteriormente citada oración, Con dos te miro… oración y conjuro que tenía que realizarse a media noche, mirando frontalmente el campanario de un templo significativo… En cierta ocasión tras realizar el conjuro a un tal José del Campo este no solo no quedó librado de la impotencia sino que y literalmente, este se sintió muy malo, con grandes dolores en sus partes, el cuerpo descompuesto y que el miembro viril se le encogió de tal manera que le parece ha quedado casi sin nada e incapaz de poderse casar por estar impotente para cohabitar… por lo que fue una vez más fue denunciada al Santo Oficio... De todos modos estos hechizos y conjuros apenas las daban para sobrevivir, como se desvela gracias a los inventarios que de sus posesiones hizo la Inquisición y que en el caso de Clara consistían en, un jubón de estameña, un pañuelo con encajes, dos guardapies viejos y raídos y otro guardapies algo más nuevo, una mantellina negra, un rosario, un bolsillo y un collar de vidrio barato… bienes que no la libraron de doscientos latigazos y el destierro de Arenas de San Pedro, Talavera de la Reina y Madrid… ciudad esta última donde parece acabaron sus días y hechicerías mi paisana Bernarda y sus acolitas. Algunas de las oraciones utilizadas en la época y por estas tierras y las de Talavera era una curiosa oración dedicada a Santa Margarita que decía así.  Santa Margarita piedra bendita, madre pía, por tu vida, por tu martirio, por mi Dios y tu Señor, por su pasión, que como al tirano con tu esfuerzo venciste, y al demonio venciste y ligaste, que antes el corazón y todos sus miembros a fulano para que me quiera de amor entero y verdadero, tal cual yo se lo entrego y tan grande y tan igual que no pueda ser más, que no sosiegue su corazón sin mi amor echada en, sino que así gima, llore y pene por mi amor como la Virgen Santa su amor gimió y lloró y penó, al pie de la cruz viendo morir a Cristo, nuestro redentor, y así Santa bendita le vence su corazón y llama como llamaron en Santo celebrar de mi Dios con la corona de espinas, pene fulano por fulana gime por los méritos de esta Santa. O esta otra del mismo modo muy utilizada en el siglo XVIII. El dulcísimo nombre de Jesús, los clavos, la corona y la cruz, fulano o fulana dos te hicieron mal y tres te han de sanar, que son el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Si aquí el pecado algún pacto tuviese, el Padre nos conforte y el hijo nos conecte y el Espíritu Santo nos libre y nos guarde de diablos y diablas, bautizados y por bautizar todo,. O esta otra oración más encriptada que decía lo siguiente. Conjurote agua, mistura dañada por el gran Plutón y por Proserpina y por la laguna Estingia, y su confusión por el Cancerbero y las furias infernales y todos sus secuaces, y por aquellos que conjurarte puedo. Todas ellas rescatadas gracias a la labor investigadora de Juan Blazquez Miguel.

Rituales y creencias que como decía no siempre conseguían el efecto deseado. Ganándose serios problemas y enemigos entre las diferentes clases sociales, incluida la nobleza – he de recordar que algunos miembros de la nobleza fueron grandes supersticiosos. Como por ejemplo el señor feudal de tierras don Ruy López Davalos o Alvaro de Luna, ambos condestables de Castilla, y Maestres de la orden religioso militar de Santiago, heredera del Temple español. Los cuales consultaban y mantenía bajo su amparo y protección, a magos, adivinos y nigromantes en un secreto a voces… a los que consultaban y hacían caso de sus consejos, augurios y visiones…- Sabedores de la poca importancia que a estas costumbres populares les daba el Santo Oficio, más preocupados por perseguir a los herejes y conversos... no daban demasiado crédito y valor a la creencia y existencia de este tipo de personajes, incluidas las hechiceras o brujas que actuaban al amparo de las iglesias y dogmas católicos. Obsesionados en perseguir y castigar con dureza la herejía de los criptojudíos o luteranos entre otros herejes… Por eso no veían con malos ojos, ni prohibieron la representación de los antiguos símbolos paganos “benefactores o de protección”. Símbolos pintados en colores ocres que embellecen y protegen las fachadas, puertas, balcones, ventanas o chimeneas de las casas. Lugares todos ellos por los que podían entrar los maleficios… Sin que faltaran en los tejados de las casas de estas tierras los más que adornos, protectores llamados “espantabrujas”… elementos arquitectónicos cuya misión era impedir que se pudieran sentar en los tejados de las casas las brujas y nigromantes, para descansar mientras volaban por la noche camino de sus reuniones o aquelarres o para impedir que acecharan a los miembros de las familias que en dichas casas moraban…
  

Puerta con "La Estrella" en la Villa de Pedro Bernardo

Ventana con "La Estrella" en la hermana y vecina Villanueva de la Vera.

                                                                                
Sin embargo y a pesar de la poca importancia que le daban las autoridades religiosas a este tipo de hechiceras, las gentes si las temían y respetaban creyéndolas capaces de malograr las cosechas, o hacer enfermar y morir a los ganados, base tradicional de la subsistencia en estas tierras serranas. Por eso los campos y ganados arenenses se bendecían y conjuraban el día de San Marcos, para alejar las plagas o el temido pedrisco que según la tradición oral estas mujeres o brujas provocaban. Tal es así que entre los pastores también había interesantes conjuros y fetiches protectores. Como la costumbre de criar y cuidar una oveja o cabra totalmente negra. Reses que no se marcaban de ningún modo y que recibían un trato especial. Pues según la tradición estos animales protegen al resto del rebaño de todos los hechizos y conjuros del mal. Por si fuera poco solían colocar en los collares de sus ganados una ramita en forma de cruz de arce –en ocasiones también de jaranzo - con el mismo fin protector o ahuyentador. Costumbres y supersticiones propias de una sociedad eminentemente agropecuaria, para la que los elementos y fuerzas de la naturaleza cobraban vital importancia. Pues de ellos dependía en gran medida el éxito de su trabajo y con ello de su subsistencia. Ritos y creencias que terminaron chocando frontalmente con el dogma de fe cristiana y más aún con la católica. Sobre todo a partir del proceso de cristianización paleocristiano, iniciado a partir de los siglos V, hasta mediados del siglo XX de nuestra era. Impulso y empeño que tampoco pudo terminar con todas las creencias y ritos ancestrales. Como el de acudir a determinados lugares en romería, a pedir un favor excepcional o a agradecer el concedido con comportamientos y formas consideras paganas. Lo que provocó serios conflictos entre el obispado abulense y la población local. Sirva de ejemplo la antigua romería a San Sebastián en la vecina localidad de Montesclaros. Población que perteneció al alfoz arenense al ser fundación de la nieta de Sra. Condesa Juana de Pimentel y que actualmente pertenece a la provincia vecina de Toledo. Romería a la que los montesclareños acudían disfrazados de mojigangas grotescas, y dónde parece ser se daban ciertas libertades sexuales prohibidas por la jerarquía religiosa. Lo que hizo reaccionar al obispo el Ávila, el cual no dudó en prohibir bajo pena de excomunión “tales excesos pecaminosos, las francachelas, mojigangas y obscenidades…” Terminando por desaparecer dicha romería en el siglo XVIII. Siglo en el que corrieron la misma suerte varias romerías de la comarca. Como la de la Virgen del Helechar –situada en el despoblado de las Torres en la vecina villa de Gavilanes- Prohibida de igual modo por los excesos sexuales que en ella se daban cita, allá por el año 1710. Libertades sexuales que aunque prohibidas y mal vistas, se daban cita en estos parajes apartados. Lugares en los que es más fácil escapar de las intransigencias y miradas indiscretas, amparándose en la fragosidad de los montes, con nocturnidad y alevosía… para dar rienda suelta a todo tipo de relaciones sexuales. Costumbre que insisto sirvió de excusa perfecta al obispado abulense, para terminar con ellas, a pesar de oposición férrea de los romeros y romeras libertinos o paganos… costumbres estas que bien pudieran ser la herencia de antiguos rituales de fertilidad mal entendidos o incomprendidos…

Grupo de franciscanos en el convento arenense.
Sea como fuere lo cierto es que grandes tuvieron que ser algunos excesos sexuales cometidos en dichas romerías. Pues poco después en 1770 el Consejo de Castilla prohíbe terminantemente dichas manifestaciones seudoreligiosas – las romerías - sin que consiga con ello erradicarlas por completo. Ya que para la sociedad arenense, como para el resto de sociedades eminentemente agropecuarias ibéricas, la fiesta romera tradicional o pagana, no tiene porque estar enfrentada a las manifestaciones religiosas de la fe cristiana. Pues en las romerías se dan cita otros elementos y sentimientos de mayor importancia, como los relacionados con la identidad local, provincial o nacional más irracionales e intensos, además de los meramente religiosos. Potente cóctel emocional en el que no faltan otros elementos ancestrales, tales como el banquete de hermandad entre gentes de diversas poblaciones vecinas o alejadas en el espacio... Lugares sagrados a los que solo se puede acceder tras realizar “el camino”. Camino que es parte fundamental de la romería, pues representa y es el inicio del fin. Punto de partida o a parte empleado para alcanzar un estado espiritual especial, a través del conocimiento y con ello poder incluso vencer no solo los problemas personales o enfermedades, sino a la misma muerte. Camino iniciático imprescindible en el se adquiere la pureza necesaria para poder presentarse frente a frente, ante la divinidad y así hacerse merecedor de sus favores. Camino del que la tradición oral dice “si tropiezas y no caes. Son pasos que adelantas”. Por eso el trazado de estos caminos mágicos no suele responder únicamente a simples parámetros constructivos para facilitar la viabilidad, o librar a los peregrinos del riesgo de ser asaltados por bandidos o seres maléficos. Recorriendo y reparando en su trayectoria en hitos determinantes y seculares. Como pudieran ser los descansaderos o lugares en los que se realizan las paradas rituales, que forman parte integral y principal de todas las romerías. De ahí que el camino romero sea siempre una ruta invariable inmersa en lo más agreste y profundo de la naturaleza. Alejado de las villas y aldeas... Camino cuyo trayecto varía dependiendo del lugar de origen de cada romero, ya que mientras  para algunos romeros duraba apenas unas horas, para otros duraba varias jornadas. De todos modos y fuese como fuese para realizarlo bien había que prepararse tanto física, como espiritualmente. Realizando una serie de novenas previas, bendiciones y visitas a determinados templos para pedir un buen camino de ida - ya que el camino de regreso se hacía y hace, de forma mucho más desorganizada, al carecer de importancia por la tristeza de abandonar su lugar sagrado y el contacto con los seres divinos y benefactores-

Franciscanos alcantarinos en la huerta del Marques del
convento de San Andrés del Monte en Arenas de S Pedro
a principios del siglo XX
Por eso en todos los caminos romeros arenenses había dos grandes momentos álgidos. Uno era cuando los romeros cruzaban un puerto serrano, y el otro al vadear el cauce de alguna garganta o río, como pudiera ser el Tiétar. Momentos en los que mayores se tornaban los sentimientos de solidaridad entre romeros. Y en los que más crecía y se expresaba el deseo de llegar a la ermita lo antes posible, ayudándose para ello de forma desinteresada unos y otros. Otro de los hitos importantes para todos los romeros, era cuando pasaban delante de otra ermita en su recorrido. Ermitas que solían utilizar a modo de descansaderos y en las que no faltaban oraciones y rezos ritualizados, ni tampoco bailes y juegos que distrajesen un poco el cansancio y rigores del camino. Actuando como puntos de encuentro y reunión entre romeros de diferentes poblaciones, comarcas o provincias. Lugares o encrucijadas en las que se van reuniendo y estrechando los lazos atávicos familiares entre las gentes de diversas poblaciones, unidas en el mismo empeño a medida que se acercan a la ermita para seguir juntos el camino, entrando en perfecto orden a la misma. Como sucedía en el antiguo descansadero “del Fresno-el-baile”, en la romería del Cristo de la Luz de Hontanares. Según me contaban los entrañables y honestos hontanareños, la Sra. Bernarda Lozano Mijayo y su esposo Sr. Gabriel Gil Pulido, en dicho paraje se juntaban los romeros venidos de Pedro Bernardo, Mijares, Las Cinco Villas, Arenas y Lanzahíta, con los romeros de Anadinos, Navamorcuende, Buenaventura, Seguirilla etc. y tras hacer un buen baile y compartir comida todos juntos en armonía y ambiente festivo, se dirigían todos juntos hacía la iglesia de Hontanares, donde se custodia la milagrosa imagen del Sto. Cristo de la Luz. Entrando en dicha localidad en perfecto orden, pues era costumbre que encabezaran los de Lanzahíta dicha comitiva… Se trata de un prado ameno situado a la vera de la cañada real, muy cerca de la finca de Casa Gata, al pie de hermosos montes de encinas en el que no faltan, un pozo de frescas y buenas aguas que riegan una grata arboleda, en la que destaca un magnifico fresno centenario que aún vive, el Fresnoelbaile. Otro descansadero aún utilizado con este fin es el de la Cruz de la Tendera. Lugar en el que se reúnen los romeros de El Hornillo con los de El Arenal, para bajar juntos a la romería de San Pedro de Alcántara.

Los frailes dando la Guirlopa a los pobres de Arenas y de la
comarca
Paraderos en los que se daban cita dos tipos de romeros muy diferente. Por un lado estaban los romeros que mostraban y demostraban públicamente su fe y lealtad para con su Dios Menor siguiendo la ortodoxia católica a rajatabla. Y los romeros que acudían a estos eventos con un animo más pagano o lúdico festivo, al utilizarlo como válvula de escape con la que huir de las estrictas normas y prohibiciones impuestas por la misma formas de vida y ortodoxia católica. Grupo este último bullicioso compuesto mayoritariamente por la mocedad. Protagonista de los excesos sexuales denunciados en casi todas las romerías, a los que hay que sumar los no pocos comerciantes y mercaderes que aprovechaban la congregación multitudinaria de personas para hacer tratos y ganarse sus dineros… Junto a estos también acudían los romeros con verdadera fe y devoción, cargados con sus presentes y dádivas con las que dar gracias o solicitar un milagro. Estos últimos solían añadir “sacrificios personales” tales como, hacer el camino descalzos, portando cruces, vistiendo diversos hábitos y cordones o incluso de rodillas… actos que realizaban en cumplimiento de una promesa o manda solicitada y cumplida por la divinidad, con independencia del lugar del que procediesen. Por todo ello y como ejemplo ilustrativo a hasta ahora contado, para los romeros de Arenas la verdadera romería a su Santo Patrón, es la que se hace a pie. Llevando “la merienda” en grandes cestos o dentro de los serones en una acémila. Coexistiendo del mismo modo la costumbre festiva, de vestir las mejores galas y acudir montados sobre la mejor caballería enjaezada, las novias delante en la grupa de la montura, y  las casadas atrás sobre las ancas. Sin embargo para los romeros venidos de lejanas tierras, el camino adquiría un significado muy diferente. Pues ellos tendrían que andar durante varias jornadas para llegar a las ermitas. Por lo que debían prepararse haciendo acopio de alimentos, bebidas… Junto a las ropas para andar y las de gala para la entrada a la ermita. Sin olvidar las ofrendas e incluso algún que otro remedio paliativo para curar las ampollas o heridas comunes en este tipo de sacrificio ofrenda personal o colectiva.

Foto en la que apreciamos que muchos de los excluidos eran mujeres y
algunos hombres de avanzada edad que estaban en total desamparo...
Estos romeros tras recorrer largas distancias dejando sus localidades, familias y trabajos, antes de entrar en el último tramo del camino, solían parar en alguna fonda, casa particular, chozo o sencilla fuente… Donde se aseaban y ponían sus mejores galas. Del mismo modo hacían con las caballerías, a las que adornaban con “enjalmas” o sobrenjalmas bordadas en rica y colorida lana. Haciendo juego con el cabezal, cinchas y las correas de “latacola”. Pintándoles los cascos con brillante purpurina dorada o plateada. Y colgando de sus collarones cascabeles, cencerros o campanillas incluso de plata a las que hacían sonar alegremente avisando de este modo de su presencia y llegada… Dando al evento y paraje en cuestión, además de los naturales atributos de su belleza paisajistica natural, un aliento de misticismo y hermandad difícil de expresar a través de las palabras. Pues se trata de la máxima expresión de los más puros y auténticos sentimientos y emociones escenificados con una cuidada estética costumbrista y colorista, no exenta de cierto surrealismo. Imaginemos por un momento la ilusión óptica y sensorial y emocional que para un niño o niña, suponía abandonar su hogar para hacer el camino y llegar puntualmente a la montaraz ermita en armónica romería generalmente las vísperas de la fiesta grande o día principal. Ermita que se levanta airosa en medio o sobre las montañas, perfumada por el olor fresco de la hierba pisada y las flores del campo. A la que se solía llegar a las horas silenciosas del anochecer o del amanecer. Acompasando rítmicamente los pasos cansados con las mil y una historias de los hombres y sus bestias. Sintiendo el roce de la tierra polvorienta o mojada  bajo sus pies cansados y sintiendo el frescor o ardiente viento en la cara y cuerpos cansados… Alejando en la soledad y silencios del camino los problemas e ideas superfluas, recordándolos las cosas que realmente son importantes. Obteniendo con ello el tiempo suficiente para la reflexión e introspección personal y espiritual. Compartiendo los fuertes sentimientos y emociones que los empujan a ir de romeros, con personas hasta entonces totalmente desconocidas y que pasarían a ser desde ese momento como un miembro más de sus familias… Culminando tan espectacular estampa vitalista las hogueras desparramadas por los montes adyacentes, brillando como las estrellas blancas en el cielo negro de la noche. Luminosos focos de los que salen perfumados aromas a leña de enebro, olivo, brezo, jara, tomillo y romero. Humo que se macera de forma especial con el sabroso y nutritivo aroma de los guisos tradicionales. Olores y colores que se fundían en los bulliciosos “Guangos”, donde se reponían las fuerzas con el buen vino, carne asada, queso, leche merengada, tostones, dulces tradicionales y más vino de la tierra. Entre atractivos puestos de cerámicas, cestería, aperos y productos agropecuarios, telas, oropeles… momento y lugar en dónde vender o comprar aquello que se precisa, algún recuerdo o regalo para los que no pudieron hacer el camino e ir de romería... Mientras un poco más lejos al pie de un gran árbol o a la vera de una cristalina y alegre fuente, reunidos en animados e improvisados corros, los más virtuosos tañen, bailan y cantan en loor de la Virgen o del Santo, con alegres armonías a ellos dedicadas. Fundiéndose los sonidos con los colores y estos con los sabores. Hasta poder palpar las creencias y gnosticismos más profundos, ocultos pero vivos en lo más profundo del inconsciente individual y colectivo de nuestros cerebros.

Cruz de las Siete Brujas
                                                                            
Y en medio de tan magnifico escenario, presidiéndolo en el lugar central que le corresponde, la ermita en la que habita el o la destinataria de tanto sacrificio y esfuerzo. Resplandeciente por los cientos de velas que ante su puerta y bajo el altar arden, impregnando el aire de un fuerte olor a santidad gracias a las ingentes cantidades de cera e incienso quemadas o llevadas como esvotos. Humo sagrado en el que envueltas van las peticiones, ilusiones y esperanzas de todos y cada uno de los romeros y romeras hasta las puertas del templo llegados. Creencias que de este modo tan especial y ancestral se marcaban profundamente desde la más tierna infancia, como se suele decir en estas tierras, “mamándolas de sus mayores”. Y que van más allá de la mera religiosidad. Al sentir este tipo de culto como algo propio y personal. De forma muy diferente al resto de ceremonias religiosas de la liturgia cristiana, en las que las decisiones y el control de las mismas lo ejerce sin tener en cuenta al pueblo la curia local y provincial. Cosa que no sucede en absoluto en las romerías tradicionales, pues tanto la ermita, como la imagen y el derecho a su fiesta, siguen el ritmo natural de las gentes del pueblo llano, sus verdaderos propietarios y ejecutores. Pueblo y ermita que según la tradición oral, reforzada por leyendas y creencias sin base científica, fueron elegidos voluntaria y directamente por Ntra. Sra. o el Santo, como su residencia y lugar de manifestación particular. Dejando claro tanto implícita y explicitamente de este modo su deseo e intención de permanecer y pertenecer a ese lugar concreto en el que están enclavadas par desde allí impartir y más aún asumir la protección y amparo de las poblaciones o población en general o en particular, así como de los romeros que buscan en ellas amparo y dicha protección.
 
Fuente romana en el despoblado arenense de Anadinos.
                                                                              
Las ermitas romeras: Lugares de poder, estratégicos y  fronterizos.

Como he dicho anteriormente las ermitas romeras de la jurisdicción arenense, están construidas en los lugares dónde la tradición oral afirma que se habían manifestado sus titulares, con voluntad de permanecer en dichos lugares. Desde la edad media estaban gestionadas por asociaciones laicas constituidas en cofradías o hermandades locales que gestionaban y decidían todo lo concerniente a la fiesta, culto y romería de su Patrón o Patrona. Ellos elegían a los santeros que secularmente cuidaban de la ermita, durante uno o varios años o incluso durante toda su vida. Estos santeros podían ser hombres o mujeres a titulo personal, o familias enteras. Gestionando los cofrades y la parroquia el patrimonio y limosnas de la misma. Ya que generalmente dichas ermitas solían disponer de un patrimonio en fincas y bienes materiales que servían para el mantenimiento y esplendor de las mismas. El obispado tan solo disponía el cura que oficiaría las misas y demás ceremonias religiosas. Mientras que el ayuntamiento en representación del pueblo, solía correr con ciertos gastos de los festejos, como el ágape o merienda a las autoridades y gentes notables de la villa en la que se halla la ermita y la ayuda en el mantenimiento del templo. Aunque lo que realmente sustentaba el templo y culto era la generosa aportación popular de los fieles y sobre todo de los romeros que hasta dichos lugares se acercan durante todo el año, no solo el día principal. Siendo el pueblo llano por lo tanto el principal sostenedor de estos templos.

Aljibe de San Andrés de Monte cuyas aguas tienen propiedades
curativas contra enfermedades como la rabia...
Como sucedió con las dos más importantes romerías de Arenas de San Pedro. La de sus Patronos, la Ntra. Sra. Sta. María del Pilar de Arenas y San Pedro de Alcántara, llamado por los arenenses El Santo. Ambas romerías comenzaron siendo gestionadas por cofradías de agricultores y ganaderos respectivamente. pero a medida que iban adquiriendo mayor relevancia, e ingresos económicos, fueron objeto del interés del obispado y de importantes ordenes religiosas. Pasando al control de los agustinos la imagen de la Virgen del Pilar de Arenas. Y de los franciscanos alcantarinos descalzos la de El Santo. No sin que la parroquia, ayuntamiento y cofradías locales, lucharan por sus derechos originales sobre dichas ermitas e imágenes. Ya que estas dos ermitas, repito, suponían una importantísima fuente de ingresos y por lo tanto de riqueza. Esto se comprenderá mejor si pongo como ejemplo la romería a San Pedro de Alcántara, el día 4 de marzo de 1963. La cual convocó a más de 20.000 peregrinos con motivo del Año Jubilar y la apertura de la Puerta Santa. Peregrinos que hospedó de forma expendida una ciudad de Arenas perfectamente organizada, que por aquel año contaba con algo más de 5.000 habitantes. A pesar de las tensiones existentes entre el clero y el pueblo, a la hora de repartir gastos y beneficios. Conflictos a los que hay que añadir los derechos seculares de los pastores que formaban la cofradía de San Andrés del Monte, sujetos y subordinados solo en parte al distante obispado abulense, y por lo tanto a la parroquia arenense. Derechos que a veces chocaron con los intereses y derechos del Ayuntamiento y pueblo de Arenas, derechos que se remontan al siglo XIII. Cuando aparece por vez primera escrito en un documento medieval el lugar de “La Campana de la Hoz de San Andrés”. Topónimo inicial con el que del mismo modo aparece descrito en el libro de “las Monterías” atribuido a Alfonso X, el Sabio. Desvelando la existencia de una humilde ermita, situada en un fértil valle al pie de la sierra. Lugar habitado por pastores cofrades que además de actuar como custodios y santeros de la ermita, aprovechaban los abundantes frutos de los castañares, nogaleras y avellanedas propiedad de la misma, y que allí formaban espesos bosques. 


Paraje en el que se encuentra el aljibe de San Andrés a las orillas del
arroyo Avellanea, cuna de cuentos e historias mitológicas...
A partir de entonces muchos los documentos medievales que certifican la existencia de un lugar habitado entorno a la “Campana” o ermita dedicada a San Andrés –este Apóstol y Santo es de los más importantes, ya que fue el primer discípulo y pastor de almas de Cristo. Seguidor de San Juan Bautista y hermano de San Pedro. Patrón entre otros lugares de la Borgoña francesa. Solar original de don Raimundo de Borgoña. Noble al que le fue encomendada la repoblación de toda la Alta Extremadura y por lo tanto del Valle del Tiétar, a finales del siglo XII…- La ermita de San Andrés es apellidada localmente “del Monte”, lo que me hace sospechar que este lugar estuvo habitado por grupos de pastores con anterioridad a dichas repoblaciones, e incluso a la cristianización de estas agrestes tierras. Argumento que adquiere mayor visos de realidad teniendo en cuenta los ritos y creencias paganas, que en dicho lugar se han mantenido secularmente. Como los tres árboles considerados por la tradición sagrados. Uno era un enorme castaño situado en el mismo lugar en el que se encuentra la llamada Piedra santa por estar en ella impresas las huellas de los cinco dedos del Santo. Piedra rematada en una artística cruz, labrada y allí colocada en memoria del Castaño del Santo, el cual según la tradición se abrió milagrosamente, convirtiéndose en un improvisado albergue librando al Santo de una terrible tempestad cuando se dirigía a su fundación de San Andrés del Monte… y donde posteriormente se le obró el milagro por el que el Santo dejó allí dichas impresiones digitales.

Vista de San Andrés del Monte desde la Huerta del Marqués.
Otro árbol considerado sagrado fue la higuera que del mismo modo y según la tradición oral arenense, brotó en el huerto del convento cuando San Pedro clavó en su fértil suelo su báculo. Higuera cuyos frutos tenían la facultad de sanar enfermedades incurables… Y el tercer árbol sagrado, era un impresionante nogal milenario calificado por el entrañable don Marcelo Matías Gómez como monumento forestal, cortado para nuestra desgracia en el año 1959 y con cuyos dineros se restauró parte del techo de la ermita. Reafirmando dichas costumbres o tradiciones la pervivencia de cultos paganos anteriores. Por último mencionar la Zarza Bendita del Santo. Zarza carente de espinas, pues según se cuenta se tiró el Santo encima de ella para librarse de malos pensamientos, quedando desde entonces sin espinas pues estas se convirtieron en rosas en el momento mismo en el que entraron en contacto con el cuerpo martirizado del místico extremeño. Zarza que cada 19 de octubre se corta y reparte entre los romeros y romeras, y a la que del igual modo que pasaba con los frutos de los árboles anteriormente mencionados se le atribuían poderes mágicos… ritos todos ellos que se relacionan y evidencian directamente con el culto ancestral al Sagrado Árbol de la Vida. Figura estática que no inerte, la cual representa las fuerzas de expansión y crecimiento en su máximo sentido, asociándolo a los misterios de la eternidad o inmortalidad de las almas. Siendo considerado como el arquetipo del centro o eje del mundo, por su condición vertical que parte del mundo intraterrestre – raíces, relacionado con el color negro, las serpientes, dragones… - expandiéndose y uniendo dicho mundo con el mundo más elevado o celeste – a través de las ramas, relacionadas con el color rojo y las aves que representan el espíritu… - y el mundo terrestre o humano – representado a través del tronco, relacionado con el color blanco, el león, caballo, oso… - Concepciones espirituales y alegóricas que se remontan a las sociedades prehistóricas del neolítico. Conceptos y asociaciones simbólicas milenarias, tan arraigadas en la psique de la humanidad, que no escaparon a la liturgia de todas las religiones, incluida la cristiana. Baste con mencionar la relación de la Cruz con el Árbol de la Vida, el Árbol del Conocimiento o de la Ciencia del Bien y del Mal del Génesis – en el paraíso había el Árbol de la Vida y también el Árbol del Bien y del Mal o del Conocimiento. Y ambos estaban en el centro del paraíso.. Gn 2, 9 –  o los frutos mágicos del Árbol de la Vida de la ciudad mística de Jerusalén. El Árbol Polial de Jesé. Los dos árboles de Mabré en los que según la Biblia Dios se le apareció a Abrahán –Gn 18, 1 -  o el que el mismo personaje bíblico planta en honor a Dios – Gn 21, 33 - … sin olvidarme de los Árboles genealógicos de todo tipo y condición, por poner algunos ejemplos… árboles de la vida que a veces son representados de forma invertida, adquiriendo una connotación diferente a modo de escalera por la que ascender a estados más elevados o descender al ultramundo o infierno.  Concepción judeocristiana como la que aparece en libro sagrado del Zhóar, escrito por uno de los más ilustres judíos abulenses, Mosem León y en el que se puede leer.

… El Árbol de la Vida se extiende desde lo más alto hacia abajo
y el sol lo ilumina eternamente…

La importancia de los lugares romeros como lo es
el convento de San Andrés, viene dada directamente
por la cantidad de milagros obrados por  las diferentes
advocaciones, en nuestro caso San Pedro de Alcántara
Atribuyendo a dicho Árbol Sagrado el poder de la inmortalidad. Aunque dicho árbol no esta a la vista ni alcance de todos los hombres, al permanecer oculto y protegido como el fruto áureo del Manzano de las Hespérides. O los babilónicos árboles de la Vida y del Conocimiento…  Por lo tanto al triple simbolismo del Árbol –infierno, tierra y cielo – hay que añadir otro dual  - conocimiento y vida eterna – relacionándolo por lo tanto con las fases lunares, la sexualidad, al desarrollándose y creciendo gracias a los cuatro elementos fundamentales de la naturaleza., el agua, la tierra o piedra de la que se nutre y sustenta, el aire y el fuego, todos ellos elementos alegóricos de la transmutación incluso alquímica. De este modo aparece por ejemplo el Árbol o la copa y la Serpiente alquímica, recogida en multitud de tradiciones folklóricas indoeuropeas. Adquiriendo unas connotaciones más especificas especialmente los árboles que mantienen sus hojas y verdor durante todo el año, frente a los que las pierden cada otoño. Por eso desde muy antiguo los árboles además fueron asociados a las deidades principales no solo orientales o indoeuropeas. De este modo aparece por ejemplo la encima y el tejo como árboles sagrados de las culturas celtíberas prerromanas, la higuera o sicomoro en el antiguo Egipto, el fresno para las culturas escandinavas, el Olivo para las semíticas, la palmera para los pueblos norteafricanos o el nopal entre las culturas mexicas precolombinas entre otros… relaciones que denotan la gran importancia de las atribuciones mágico – religiosas, que dicho elemento de la naturaleza representa. De hecho para las culturas indígenas celtíberas y protocelticas ibéricas, el Árbol además de mantener toda la simbología anteriormente mencionada, adquiere unas connotaciones más particulares. Apareciendo no solamente como símbolo de eternidad, sabiduría o como eje del mundo, sino como medio a través del cual adivinar el futuro o el destino de los hombres y mujeres, y medio a través del cuál recuperar la salud o luchar contra las enfermedades. Como aparece en la tradición y creencia de esta comarca abulense, en los mencionados frutos y ramas del castaño, nogal, higuera y zarza de San Pedro, o la Oliva Santa de Ntra. Sra. Sta. María del Pilar de Arenas, como veremos más adelante en su capítulo. O en otras costumbres como la de sanar las enfermedades incurables u otras más usuales como las hernias o quebracías, haciendo pasar al enfermo a través de un árbol en un claro sentido simbólico de renacimiento… Además para las culturas célticas europeas en general tienen en el Árbol la representación más que simbólica física como si de un antepasado suyo se tratase. Por eso en multitud de leyendas y tradiciones europeas, determinados árboles son realmente hombres o mujeres que por alguna razón singular, terminaron convirtiéndose o transformándose en dichos elementos de la naturaleza, relacionándolos además  con la fundación y aparición de determinados lugares e incluso localidades. Como el castaño fundacional de la aldea hoy despoblada de la Puebla, en cuyo vientre apareció Ntra. Sra. Sta. María de la Puebla, patrona de la hermosa y vecina villa de Mombeltran… o la Oliva Santa de la Virgen del Pilar, en cuyo entorno comenzó a poblarse y habitarse lo que hoy es la ciudad de Arenas… Costumbres y creencias que Porfirio dejó magistralmente escritas con estas palabras.

Dicen que los hombres primitivos tenían una vida triste, pues su superstición no terminaba en los animales, sino que se extendía incluso a las plantas. Y se preguntaba por qué ha de ser el sacrificio de determinados animales como los toros, palomas, gallos o las ovejas, mayor agravio para las religiones antipaganas que la tala de un abeto o de un roble –árboles sagrados – ya que dichos árboles tenían además de vida alma…

Vista de la atigua casa del medico del siglo XVI, lugar en el que posteriormente
estuvo la Enfermería de Padres Franciscanos y lugar en el murió San Pedro
Conceptos que son herederos de las complejas creencias y ritos célticos. Como la relación de los árboles con los doce meses y estos a su vez con el nacimiento de las personas – el serbal para ellos era el árbol sagrado para los nacidos en el mes de enero, el sauce para los de febrero, el manzano para los de marzo, álamo para los de abril, el avellano para los de mayo, ciprés para los nacidos en junio, pino para los de julio, roble para los de agosto, cedro para los de septiembre, higuera para los de octubre, abedul para los de noviembre, y melocotonero para los de diciembre… - Actuando como protectores totémicos del individuo además de la colectividad. Mitos que como decía están recogidos por todos los pueblos célticos e indoeuropeos, expresados en múltiples mitos y leyendas. Uno de estos mitos que nos puede ilustrar mejor esta concepción sagrada mágico religiosa del árbol o arboles en general, la encontramos en un cantar épico de tradición bretona, la obra conocida como  La Batalla de los Árboles, atribuida a Taliesín, bardo de cuna galesa, en cuyos párrafos se narra el mito del héroe bretón Gwyddyon, cuando para evitar que fuesen asesinados o mejor dicho muertos en combate sus paisanos bretones, los convierte en árboles. Dice así.

Cuando surgió la vida, mi creador me dio forma…
… con la sabia de los árboles, y el dulzor sabroso de sus frutos…
… se sirvió de la malvarosa de la colina, de las flores de los árboles y los zarzales,
Con las flores de la ortiga… He sido marcado por – el dios pagano – Mat…
… y de lo eterno que hay en la naturaleza…

A estos elementos de la naturaleza hay que añadir la no menos interesante y antigua relación simbólica mágico religiosa del agua. De hecho no es gratuita la existencia constante en este tipo de lugares romeros considerados tradicionalmente como áreas santas o consagradas, como el convento de San Andrés del Monte de una fuente milagrosa. Fuente cuyas aguas curaban el cuerpo y purificaban las lamas de los fieles, siglos antes de la llegada del Santo a este singular y mágico paraje. Además y no muy lejos del convento existe un aljibe medieval a la vera del arroyo Avellanea, cuyas aguas servían para curar a los animales que padeciesen la enfermedad de la rabia. Sanando de dicho mal con solo beber dicha agua, o mojándoles el lomo… Pues desde tiempo inmemorial el agua a simbolizado el principio y el fin de todo sistema vivo o inerte.

Estampa conmemorativa del transito de
San Pedro en la Enfermería arenense el
siglo XVII
Relacionándolas del mismo modo y por la misma asociación de ideas, con las aguas primordiales de las que surgieron todas las formas de vida y también de las no vivas, y por ende con las virtudes de la Madre y los misterios insondables existenciales, especialmente con la muerte o mejor dicho con las creencias en la vida tras la muerte. Siendo estas concepciones de origen pagano, fueron del mismo modo utilizadas por las religiones monoteístas, incluida la nuestra, para expresar simbólicamente el renacimiento y la purificación. Sirva como ejemplo ilustrativo la exposición que hizo San Juan Crisostomo hablando del bautismo –Homil. In Joh XXV, 2 – dice así.

Representa la muerte y la sepultura, la vida y la resurrección…
Cuando sumergimos nuestras cabezas en las aguas, como en un sepulcro,
el hombre viejo resulta inmerso y enterrado enteramente.
Cuando surgimos del agua, el hombre nuevo aparece súbitamente…

Entrevelando en dichas palabras escritas, el doble simbolismo de la muerte de lo material y la aparente eternidad de lo inmaterial o espiritual. Por concebir dicho elemento liquido e incontenible, como bisagra o unión entre el mundo de los vivos y el de los muertos. O dicho de una forma alegórica con la gestación y la destrucción  entre los elementos naturales antagónicos y complementarios, como pudieran ser  el fuego, la tierra y el aire. Tomando diferentes matices y connotaciones particulares dependiendo del tipo de aguas a las que se haga referencia. Así las aguas torrenciales, las cristalinas, purificadoras, dulces, saladas, estancadas, bravas, profundas, someras, etc. de las nubes, ríos, mares y fuentes, adquieren matices simbólicos que refuerzan aún más su simbolismo, como elemento en constante movimiento, que no presenta batalla dejándose retener o guiar por canales, siendo a la vez por su constancia el elemento más fuerte y con mayor capacidad de castigo y destrucción. De hecho no casual que el agua de las fuentes represente simbólicamente el origen activo de la vida terrenal. Como la mística Fons inventutis, cuyas aguas otorgan la inmortalidad a quienes las beben o se bañan en ellas. Mito que se recoge en todas las culturas antiguas de muy diversa forma y procedencia, pero con el mismo fondo simbólico, al surgir con fuerza de las entrañas mismas de la tierra. Fuente que la cultura europea sitúa en el centro mismo del jardín del paraíso, como dadora de vida disgregándose en las cuatro direcciones o puntos cardinales, para dar la vida a todos los rincones del mundo… Con esta simbología fueron instaladas hermosas fuentes en el centro mismo de los claustros conventuales románicos y góticos de la cristiandad. Fuente de la que parten cuatro caminos que llevan a los cuatro pasillos de los claustros, representando alegóricamente los cuatro ríos que riegan y dan vida a los cuatro puntos cardinales. Siendo las fuentes construidas en estos conceptos por una parte la representación alegórica de la constancia ante las adversidades. Por otra señalan recintos sagrados y por último pero no menos importante, como elemento purificador y salvador. No así el agua en su forma simbólica del río, relacionada con la ambivalencia de la creación y el tiempo por un lado, y por otro con la fecundidad, fertilidad que a su paso genera. Simbolismos de los ríos que no escapan a nuestra cultura y que se resumen y exponen en todos los rituales relacionados con la muerte y la resurrección.

Al fondo la urna de mármol pórfido morado y pajizo traído de las minas de
 Cuenca, rematada con un exquisito bronce representando al ave Fénix, en
la que reposan los pocos restos que han quedado del Santo. Urna realizada
"a modo de cofre- navío..."
Mitos y ritos que van más allá de las costumbres paganas celtiberas, en la que las almas de los finados, han de cruzar un río infernal o intraterrestre –a veces de fuego- para acceder al paraíso eterno, cruzando las impetuosas aguas mortales sobre una barca fúnebre guiada por un barquero al que hay que había pagar para poder acceder a dicho paraíso. Echo que se llevaba a cabo tras el lavado ceremonial de los cadáveres, con determinadas aguas, y al que se le solían poner monedas o talismanes dentro de la boca o en las cuencas de los ojos para pagar el barquero. Acto primordial para poder realizar el último viaje y así llegar a la otra orilla donde les esperaba el paraíso eterno… Creencia que hunde sus raíces en el neolítico europeo, y del que hallamos más información gracias a los textos funerarios jeroglíficos egipcios e inscripciones líticas célticas. En las que el viaje al mundo de los muertos, es representado en una barca con el finado – o finados - y la vela extendida, sobre la que brilla el sol… Así con este sentido religioso aparece representado en la religión del antiguo Egipto el dios principal Ra, representado sobre una barca en la que viaja y lleva al mundo de los muertos las almas de los justos - en su barca del sol – Representación gráfica del viaje de los muertos hacia sus nuevas vidas en el paraíso junto a los dioses principales, compartidas con las culturas celtiberas y protocelticas. Culturas que a través de estos signos funerarios, muestran las primeras señales de la creencia en una vida eterna tras la muerte… y por lo tanto la conciencia de poseer un alma inmortal. Barcas cuyo mayor exponente lo tenemos en  los monumentos funerarios  menorquinos, las navetas o en las formas esquematizadas barquiformes que aparecen talladas o pintadas en los monumentos megalíticos de nuestra península ibérica. Símbolo que también aparece representado en la jurisdicción arenense, y que yo mismo he visto y fotografiado en las en mediaciones de los Llanos y también de una forma más clara en las pinturas rupestres arenenses y de El Raso. Documento que se lo debemos gracias a los trabajos de campo realizados por Juan Cabré, Antonio Molinero y Fulgencio Serrano. Los cuales y acompañados por vecinos de Arenas y los pueblos de sus partidos, dejaron incluso material fotográfico, de dichas pinturas y grabados líticos. Restos arqueológicos funerarios de gran valor, y por desgracia desaparecidos, expoliados o simplemente por relocalizar, y en los que aparecen símbolos análogos a los anteriormente expuestos de la cultura egipcia y céltica europea.

Cruz sobre barca grabada sobre una gran peña
en las inmediaciones de los Llanos.
                                                                                 
Fuentes y árboles sagrados a los que hay que añadir la existencia paralela de piedras Santas, y del mismo modo milagrosas – elemento inerte de la naturaleza de cuya compleja simbología me encargaré con más profundidad en el capitulo que dedico a Ntra. Sra. Sta. María del Pilar de Arenas - Organizándose a partir de la reconquista y repoblación de esta comarca, entorno a la ermita y cofradía de Ntra. Sra. y de S. Andrés del Monte. Sociedad agropecuaria que disponía de sus propias normas, ordenanzas, estatutos, privilegios y cargos, al ser considerados los verdaderos propietarios del lugar. Siendo atendidos en los oficios religiosos por la parroquia y obispado abulense. Ermita y culto que pasó desapercibido hasta la llegada y sobre todo del transito de San Pedro, en el siglo XVI.  Momento a partir del cual, la parroquia y ayuntamiento se mostraron más que interesados en la propiedad y privilegios sobre la primitiva ermita de San Andrés y sus privilegiadas posesiones. Lograndolo a partir de dicho siglo XVI. Y para que no hubiera dudas, de vez en cuando se recordaba con grandes festejos por ellos organizados y costeados. Desapareciendo finalmente la cofradía de San Andrés del Monte, cuyos últimos datos se remontan al año 1617.

Año en el que el ayuntamiento con el apoyo del Duque del Infantado, consigue tener una de las tres llaves del sepulcro del Santo. Pasando la propiedad de la ermita al Eximo. Ayuntamiento arenero, el convento a la orden franciscana alcantarina y las tierras a la casa del Infantado. División administrativa y de la propiedad que no gustó demasiado al obispado de Ávila. Por eso el año 1664, el obispo de Ávila nombra a la parroquia de Arenas, Patrona del convento de San Andrés del Monte. Mientras que el ayuntamiento en nombre del pueblo, no renunció a uno de sus mayores privilegios y derechos sobre la ermita. Al pedir y entregarsele de nuevo las llaves de la ermita y del arca en la que reposan las reliquias del Santo. Y para que no se olvidasen tales privilegios jamás, se decidió conmemorarlo con una romería anual extra al santuario el día de S. Felipe y Santiago. En la que simbólicamente los frailes entregaban dichas llaves a la corporación municipal y pueblo de Arenas. Teniendo que pagar simbólicamente al noble de la ciudad, una cantidad determinada de nueces por el uso del huerto, entonces de su propiedad… Eso hizo que a partir de entonces los frailes perdieran algunos de sus derechos. Como el de recoger las castañas sin el permiso del señor obispo de Ávila entre otras cosas…

Foto del Santo procesionando el día que
estrenó las andas, aureola y manto
Empeño y tesón por la propiedad compartida que no hubiera tenido la misma importancia, sin los espectaculares milagros realizados por la intercesión de Santo. Atribuyéndosele el poder especial de atraer o alejar las nubes y con ellas el agua. Como sucedió el día de su funeral según algunos testigos presenciales como Rodrigo Díaz Arroyo. El cual aseguró que el día que llevaron el cuerpo del Santo para darle sepultura, de la Enfermería a su ermita, lo hacían bajo una torrencial lluvia. Lluvia que sin embargo no mojó ni apagó las velas a la multitud que acompañaba al Santo querido. Incluso resucitó a un niño, que posteriormente sería obispo de Avila… Tal fue la fama y milagros que el Santo realizó en vida y tras su muerte, que el 18 de abril de 1622 fue canonizado por Gregorio XV. Llegando la noticia a Arenas el 15 de junio de aquel mismo año. Celebrándolo con un gran Vitor, luminarias y un toro. He instituyendo desde entonces la actual romería cada 19 de octubre. Esto se decidió el día 16 de octubre de 1622, reunida la Justicia de Arenas con el vicario Francisco Zepeda Carnecedo y con el Obispo de Ávila Francisco Gamarra. Acordando entre otras cosas, fijar cuatro días de fiesta y la romería el 19 de octubre. Santo que para los arenenses es considerado desde entonces como propio, pues al sentir en su ser la cercana muerte eligió intencionadamente esta Villa, para venir a morir entre nosotros. Lo que le convirtió en el Santo más querido y venerado. Tal es así que se acuerda además, nombrarle patrón de la ciudad. Cambiándose incluso el nombre de la por entonces villa de Arenas de las Ferrerías, por el actual nombre de Arenas de San Pedro. Incluso se propuso llamar al Santo San Pedro de Arenas, en vez de Alcántara. Cosa que provocó la férrea oposición de los habitantes de su ciudad natal Alcántara. En recuerdo de aquella disputa quedaron estas coplillas tradicionales, cantadas en los alegres y particulares acordes de nuestras enraizadas Veratas. Dicen así;

“Dos pueblos se disputaron el honor de hacerle suyo.
Alcántara por ser su cuna, y Arenas por su sepulcro.
Como el Santo no podía, ser de Alcántara y de Arenas.
Arenas es de San Pedro, y se acabó la contienda”.

Disputa que revela la importancia de este Santo extremeño, que despreció las glorias de los más poderosos, pues rechazó ser confesor del rey de Portugal entre otros grandes, aceptando serlo de la primera doctora de la iglesia católica Santa Teresa de Jesús. La cual aseguraba que todo le que se pidiera a Dios en nombre de San Pedro, le sería concedido. Dato que recoge la plegaria que los arenenses dedican a San Pedro, cuando le piden un favor y que dice así;

“Soberano redentor, a quien Pedro sirvió fiel, todo el tiempo de su vida, de modo que detenida, fue vuestra ira por él. Haced Dios mío el favor, de que sea concedida, nuestra suplica rendida, por su mérito y tu amor. Pues a Teresa Señor, disteis palabra cumplida, de que el que en su nombre pida, os tendrá por deudor. Haced Dios mío el favor…” –momento en el que cada cual pedía lo que necesitase-

En esta fotografía podemos apreciar el corazón, manto
aureola y pluma antigua, así como la ausencia de la
argéntea paloma que actualmente le acompaña...
Atrayendo al modesto Santuario y convento alcantarino ingentes cantidades de devotos, que acudían a venerar las reliquias de tan poderoso Santo. Quedándose pequeño el templo primitivo, por lo que se tuvo que ampliar destruyendo la fundación original del Santo, para construir la magistral obra de arte actual en el siglo XVIII. Tras sucesivas ampliaciones anteriores de las que quedan huellas en la singular arquitectura de este monumento de primer orden. Ya que además el Santuario sirvió de enterramiento desde 1785, hasta 1800, para el más ilustrado arenense, el Infante Luis de Borbón, hermano de Carlos III, patrón de la capilla Real de San Pedro. Incluso se hicieron traer dos mártires de las catacumbas romanas, para dar aún más estatus y poder al lugar. Reliquias a las que hay que añadir otras como, parte del habito del Santo, una sencilla Cruz de madera ante la que oraba y llegó a levitar, su báculo, su rosario o alguna carta manuscrita… Atesorando interesantes esvotos, ofrendas y donaciones de todo tipo y valor. Sirvan las siguientes como ejemplo; el Duque de Toscana regaló un corazón y una diadema de oro y otra de plata, robados por las tropas napoleónicas. Fray Pedro de Valdivia tras prender al peligroso bandolero local conocido como “El Maragato”, regala un nuevo corazón de oro en el siglo XIX, corazón robado en la tremenda guerra fratricida del año 1936. Siendo el que luce en la actualidad comprado por sufragio entre los arenenses y devotos del Santo en el siglo XX. Del mismo modo que las andas, pluma y corona argénteas que luce el Santo los días de fiesta. La paloma de plata fue un regalo realizado por los Sres. Rodríguez Galán en el siglo XIX. Y la custodia de coral fue donación de los Marqueses de Mejorada. Sin embargo poco a poco el ayuntamiento, aún poseyendo una llave de la ermita y otra de la urna en la que reposan las reliquias del Santo. Quedó como mero patrocinador de la fiesta corriendo con buena parte de los gastos de la misma. Limitándose a patrocinar la romería y festejos aportando desde el siglo XVII, dos carneros, una pierna de vaca, dos fanegas de pan, cuatro de vino y dos perniles de tocino –jamones serranos- Con los que convidar el día del Santo a los frailes, corporación municipal y personajes ilustres –medico, cirujano, boticario, barbero, escribanos, criados, etc.- Variando la cantidad en función de los diferentes acontecimientos históricos y socioeconómicos de nuestra ciudad, provincia y país. Siendo este importante influjo de bienes materiales a mi modo de ver, el motivo real por el interés en poseer el control administrativo, por parte del obispado abulense y ayuntamiento arenense. Conocedores de la extraordinaria afluencia de romeros, sobre todo en los Años Santos y Jubileos. Romerías a las que solían acudir personajes muy relevantes. Pondré como ejemplo la organizada y celebrada el 19 de octubre de año 1923. Romería para la que el ayuntamiento había recaudado entre los fieles de la ciudad y villas aledañas, la nada despreciable cifra de 3.937´50 ptas. Invertidas de la siguiente forma: 1.299 ptas. para comprar los toros. 500 ptas. para los gastos religiosos de los frailes. 380´50 ptas. para comprar una lápida conmemorativa de mármol colocada en la Enfermería. 192 ptas.  para los arcos y adornos del Campillo procesional. 110 ptas. para una comida dada “al batallón infantil”. 400 ptas.  en fuegos artificiales. 574 ptas. en limosnas para los pobres. 300 en doce trajes nuevos para niños pobres.100 invertidas en una cartilla de ahorro postal, a beneficio de los arenenses nacidos en ese año. 125 ptas.  para pagar a los dulzaineros o gaitilla. 28 ptas.  para la suscripción de las cartillas de los niños de las escuelas públicas. Y 29 pesetas para pagar la propaganda y programa de fiestas.

Imagen del Santo tal y como se venera actualmente
También el ayuntamiento arenense tenía la responsabilidad de mantener y regar el camino para evitar el molesto polvo. O desaguarlo en caso de estar anegado por las lluvias torrenciales propias del mes de octubre. Del mismo modo animaba a todos los arenenses a hacer luminarias con tomillo y romero a las puertas de sus casas las noches de las vísperas y del día grande. Como queda reflejado en las ordenanzas municipales de esta vetusta ciudad, concretamente en el articulo 21 que ordenaba lo siguiente: “Siguiendo la costumbre de antaño observada, se recomienda al vecindario ilumine la fachada de sus casas, en las noches de vísperas de los Santos Patronos y en la Octava del Corpus”. O la ordenanza del articulo 20; “Se permite en las vísperas y días en que se celebren las festividades religiosas de los Patronos de esta villa, cantar y divertirse por las calles hasta las once de la noche, sin molestar ni ofender a persona alguna, salvo en caso que la autoridad por razones especiales, acordare lo contrario…” Para lograr financiar la romería y fiesta sin contratiempos, el ayuntamiento y ciudad de Arenas, comenzaba los preparativos con meses de antelación. Así el día de San Felipe y Santiago el concejo y el párroco nombraban a cuatro “Capellanes” entre los vecinos hijos de Arenas –dos cada uno- Estos Capellanes a su vez nombraban a otros dos “Encargados”. Los Encargados se dedicaban a ir puerta por puerta tanto de la ciudad de Arenas, como por los pueblos del partido, pidiendo dinero o especias para sufragar la fiesta. Mientras que los Capellanes actuaban como tesoreros y encargados anotar escrupulosamente todo lo recolectado o aportado por la ciudad y villas del partido, así como de comprar y preparar todo lo necesario para la romería y fiesta patronal. Como hizo uno de los últimos Capellanes al que he podido seguir la pista, Idelfonso González Trillero, en el año 1865.

Vista del Campillo que antecede al convento, ermita y santuario arenense
Pero no solo el ayuntamiento colaboraba sufragando activamente los festejos a su Santo Patrón. Ya que a este derroche de generosidad, hay que añadir los banquetes extras ofrecidos por personajes ilustres devotos del Santo. Como sucedió por ejemplo en la romería del 19 de octubre del año 1739. A la que asistieron el arenense obispo de Ávila Fray Pedro de Ayala, el obispo de Plasencia acompañado por un gran séquito, familiares e incluso el Deán de la catedral placentina. Los Condes de Lemos, el Conde de Oropesa o el prior del convento del Pilar de Arenas o de San Agustín Francisco de Paula de Mancera entre otros. Nobles señores entre los que destacó con creces la generosidad del Obispo de Plasencia. El cual “ puso una mesa para los notables y otra para los pobres, sobrando en ambas comida…” Abundancias y muestras de generosidad, que como el lógico pensar, no todos los años fueron tan espléndidas.
 
Como pasó en el desastroso siglo XIX, y más concretamente el año 1867. Siglo en el que los franciscanos – agustinos y agustinas- se vieron obligados a abandonar la ermita y el santuario por falta de sustento y las desamortizaciones. Bajándose las reliquias y el tesoro del Santo a la parroquia de Arenas, dónde se le custodió hasta llegar tiempos mejores para el clero español… Tras el forzado abandono de los frailes, el convento permaneció varios años cerrado, deteriorándose y amenazado ruina. Hasta el día 31 de agosto de 1862, cuando se instalan los Padres Paules. Orden religiosa que venía de la mano de la Reina Isabel II, muy a fin e interesada en su expansión por todo el reino. Orden que no fue tan querida para los arenenses como lo fueron los franciscanos, y con la que no tardaron en surgir ciertos problemas, relacionados con la posesión de la talla, bajadas del Santo a la Ciudad y posesiones de la ermita vieja de San Andrés. Sin embargo y para ser justos, los Padres Paules pusieron en funcionamiento una cátedra de latín y humanidades en la ciudad. La cual por decreto del 5 de octubre de 1868, fue plenamente integrada como una sección más del Seminario Conciliar. El día 21 de julio de 1869 tras la caída de Isabel II y la desamortización de los bienes eclesiásticos, los padres Paules tienen que abandonar el Santuario de Arenas. El por entonces alcalde de Arenas Luís López, les escribió una carta en la que les indicaba la poca pena que sentía por la instauración de la nueva ley y su salida de la por entonces Villa de Arenas de San Pedro. Pero aquellos frailes ilustrados no se resignaron al abandono forzoso ya que a los tres días de salir del Santuario, volvieron y ocuparon la hospedería del convento  en calidad de capellanes y siervos. Siendo denunciados por un grupo de liberales arenenses, teniendo que huir definitivamente a las pocas semanas. Pero estos obstinados frailes no se doblegaron y poco después ocuparon parte del palacio del Infante o de la Mosquera. Dónde lograron instaurar un colegio de segunda enseñanza, que solo funcionó un año. Siendo llamados por la diócesis de Ávila, donde se instalaron definitivamente el día 1 de febrero de 1876. Quedando de nuevo el convento a merced de los elementos y el Santo custodiado en la parroquia de la siempre fiel ciudad de Arenas. Así permaneció el convento y ermita de San Andrés, hasta que diez años después regresan los queridos franciscanos.  Colocándose  de nuevo las reliquias, imagen y tesoro del Santo en su lugar original. Con gran sentimiento de pena y alegría por parte de los arenenses. Sentimiento contradictorio que expresaron magistralmente en esta coplilla seguidillera arenera transmitida oralmente. Dice así;

“Al volver Santo Varón, a tu convento querido,
d´este” pueblo agradecido, te llevas el corazón”.

Vista de la fachada principal, en primer plano la Puerta de la Portería, con su
soportal la entrada a la antigua ermita y capilla Real, cuyos muros quedan en
un tercer plano...
Causalmente y a pesar de los malos tiempos que corrían para la iglesia católica de aquel entonces, durante el tiempo que permaneció el Santo en la parroquia ningún año se  suspendió  la romería a San Andrés. Ni siquiera ante la amenaza de grandes epidemias, como el cólera del año 1875 o la gripe del 1919. Y la consiguiente prohibición por parte de la justicia abulense de dicha romería, temerosa de una mayor pandemia o contagio masivo. Planteándose incluso poner en cuarentena la población. Prohibiciones que no tuvieron ningún efecto ya que los de arenenses, burlándose de tal prohibición hicieron su romería dichos años, encomendándose a la protección del Santo. Pasando curiosamente dichas epidemias de largo, sin hacer estragos en la población y partido arenero. Lo que se interpretó como otro milagro más de su Santo benefactor. Permaneciendo las  reliquias e imagen del Santo desde entonces en su lugar original hasta la actualidad, custodiado por los queridos frailes Franciscanos Alcantarinos.  Llegada de la que se recuerda una simpática anécdota, que dio nombre a una fuente. La “fuente del Chocolate”. La tradición oral arenense cuenta que cuando llegaron los franciscanos para tomar posesión del santuario como custodios del lugar, un grupo de mujeres pías de Ramacastañas les prepararon un chocolate y unos dulces a modo de bienvenida aquel caluroso día. Chocolate que los frailes no probaron pues su estricto voto de ayuno y abstinencia se lo impedía. Pero los acompañantes que con ellos venían, por el contrario dieron buena cuenta de todas aquellas viandas. El caso es que el chocolate no les sentó demasiado bien, produciéndoles una diarrea “de las de agárrate Catalina  y no te menés”. Y al llegar la comitiva a la altura de la susodicha fuentecilla, se pueden ustedes imaginar dónde fue a dar el chocolate y los dulces… Desde entonces se conoce a dicha fuente como la fuente de los Golosos o del Chocolate. Y desde entonces la ciudad y comunidad religiosa alcantarina han mantenido secularmente excelentes relaciones. Hasta el punto que no ha habido ninguna petición del pueblo por los priores denegada, cada vez que el pueblo de Arenas ha solicitado la bajada del Santo a la ciudad, alargar o acortar las procesiones, etc. Lo que revela cierta sensibilidad y permisividad para con los derechos y privilegios atávicos del pueblo de Arenas, con su Santo Patrón.

Del mismo modo –aunque con peor suerte- aconteció con la antigua ermita, convento y romería a Ntra. Sra. Santa María del Pilar de Arenas. En manos de los frailes agustinos recoletos al menos desde el siglo XV. Valiosa talla de transición entre el románico y el  gótico,  siempre a disposición de sus hijos e hijas. Los únicos que tenemos el poder y privilegio de alargar o acortar la procesión, el derecho y honor de llevar las andas… actuando no solo como propietaria, sino como anfitriona que comparte y acoge en sus fiestas patronales entre todos los creyentes que hasta Arenas se acercan. Reforzando los vínculos y pactos entre varias localidades del partido y partidos vecinos especialmente el de Talavera de la Reina de este modo hermanadas, gracias a la inmejorable mediación e intervención divina de nuestros patronos. Este hecho de compartir la imagen y fiesta con otras localidades, no fue siempre un acto precisamente amistoso. Surgiendo serios conflictos y rivalidades por la posesión de las imágenes, templos y propiedades entre localidades vecinas todas ellas herederas de ciertos privilegios... Sobre todo cuando son varias localidades las que se sienten con derechos argumentados, que acreditan dicha propiedad. Para comprender mejor pondré como ejemplo los conflictos acontecidos con motivo de la propiedad y derecho de Romería del Santo Cristo de la Luz de Hontanares, entre dicho anejo arenense y la vecina Villa de Lanzahita.

A la izquierda, junto al cedro, escalinata que daba acceso a la antigua y
autentica fundación de San Pedro de Alcántara... fundación que nada
tiene que ver con el convento actual, arquitectónicamente hablando..
Aldea y templo situado a los pies de uno de los más importantes yacimientos arqueológicos de nuestra ciudad. Yacimiento en el que por iniciativa del que estribe tras tener una reunión en Avila con las autoridades competentes – a las que entregué las monedas romanas y restos cerámicos hallados a ras de tierra por vecinos de Hontanares… - y que tubo a bien visitar el arqueólogo de la Excma. Diputación de Ávila, y el por entonces concejal de cultura del ayuntamiento arenense, Benito Martín,  con los que recorrí dicho yacimiento y en el que aquella misma mañana pudo recoger el arqueólogo insitu puntas de flechas de sílex del calcolítico, una moneda de Isabel II, ocre…. Así como la localización de algunos fondos de cabañas, de muy diversa cronología. Pues en dicho lugar podemos hallar restos que arrancan en el calcolítico, edad del hierro, paleocristianos, edad media, etc. Restos todos ellos que aún esperan protección y estudio… piezas e información que quedaron depositados en los fondos del museo provincial de los Deanes en la capital abulense, sin que estén expuestos al publico. Yacimiento que sin lugar a dudas es el primer dato poblacional de aquellas tierras del alfoz arenense, el cual ha estado humanizado a muy temprana edad, de forma ininterrumpida, pero con diferentes picos de población dependiendo de los contextos históricos. Restos que comparten con la vecina villa de Montesclaros, en cuyo término abundan del mismo modo interesantes vestigios de nuestra historia y pasado, como el pozo o fuente romana que aún se puede admirar en pleno casco urbano de dicha localidad hermana. O la fuente de las mismas características romanas del cercano y antaño importante despoblado conocido con el nombre de Anadinos –palabra cuya etimología pone a dicho despoblado en relación con la atávica simbología del ánade u oca, al ser el diminutivo de ánade. Estando su sentido simbólico desde tiempos inmemoriales, relacionado con las fuerzas benefactoras matriarcales de la naturaleza. Siendo este animal el encargado simbólicamente de proteger y guiar a los muertos y vivos en el viaje que representa nuestra propia existencia. Simbolismo que puede tener su más sencilla visualización en el alquímico y esotérico juego de la Oca-

Según cuenta la tradición oral lanzahiteña, el Cristo se apareció en tierras del partido arenense. Tierras que desde el siglo XV se disputaban enconadamente, los influyentes señores feudales de las poderosas villas de Arenas de San Pedro y la Villa del Colmenar de Arenas  - posteriormente de Mombeltran - A cuyos partidos jurisdiccionales pertenecían las poblaciones de Hontanares y Lanzahita respectivamente. En ese contexto de disputas territoriales y luchas de poder entre la casa del Infantado y la de Alburquerque, aconteció la milagrosa aparición del Santo Cristo de la Luz en medio del río Tiétar, en la jurisdicción arenense, usurpada por el Duque de Alburquerque al caer en desgracia el Señor de Arenas, Maestre de Santiago y Condestable de Castilla Alvaro de Luna. Pese a las enérgicas protestas y argumentos de los arenenses y su señora la condesa Juana de Pimentel, prima del rey Juan II. La tradición oral cuenta los hechos del siguiente modo.

Fuente romana en el término municipal de Lanzahíta.
                                                                                   
Estando labrando unos vecinos de la villa de Lanzahíta, en las inmediaciones de Fontanares, o camino de Casagata, se encontraron al milagroso Cristo de la Luz, flotando en medio del río Tiétar o en la orilla sur, ya que hay dos versiones… llevándose tan importante talla del Cristo a su villa natal, Lanzahíta. Dónde con grandes honores le colocaron en  el altar mayor de su magnifica parroquia. Pero las cosechas se perdían amenazando con empobrecer sino arruinar a la por entonces prospera villa de Lanzahíta. Interpretando tales desgracias a la voluntad del Cristo de permanecer en el lugar de su aparición, donde misteriosamente volvía a parecerse… hasta que los mismos vecinos lanzahiteños decidieron llevar en procesión al Cristo devolviéndolo al lugar en el que se aparecía. Allí mismo decidieron levantarle una sencilla ermita los de Lanzahita en tierras de los de Hontanares –sin que quede rastro de la localización de dicha ermita primigenia - Lo que se interpretó desde la aldea y villa de Arenas, como una ofensa, usurpación o invasión de su jurisdicción. Enzarzándose ambos partidos en una enconada disputa por la posesión del Cristo y de las tierras. Teniendo que intervenir el obispo de Ávila, para restablecer la paz entre ambas localidades. El cual y bajo el común acuerdo de ambas partes, dictaminó la siguiente resolución. El Cristo permanecería para siempre custodiado en la antigua y recoleta parroquia de Hontanares. Sin embargo el culto y el derecho a festejarle, así como la organización de la romería anual, fueron dados como privilegio a los de Lanzahíta. Derechos que se reafirman a través de las hermosas leyendas transmitidas por la  tradición oral de ambos pueblos.  De este modo resolvieron los agudos problemas por la posesión de la ermita del Sto. Cristo de la Luz. Y también  los derechos jurisdiccionales de Hontanares y de la Condesa de Arenas, Juana de Pimentel. La cual pleiteaba abiertamente contra Beltran de la Cueva, por los legítimos derechos que sobre dichas tierras tenía, al menos desde el siglo XIV. Logrando recuperar además otros bienes propios, concretamente los que había recibido por herencia de su padre el Conde de Benavente. Tras perder gran parte del extenso tesoro y patrimonio de su marido el Condestable Alvaro de Luna, cuando su primo el Rey le despoja de todos sus privilegios, tras degollar a su marido en la cortesana ciudad castellana de Valladolid. Algunos de estos bienes perdidos o por recuperar incluían tierras de las Villas y términos jurisdiccionales de Candeleda, La Adrada y El Colmenar de Arenas. Expropiadas y entregadas respectivamente por su primo el rey Juan II, al conde de Zuñiga y su favorito Beltran de la Cueva Quedándose únicamente como Señora de la villa y tierras de Arenas de las Ferrerías. Esto pasó el año 1461, año en el que la poderosa y estratégica Villa del Colmenar de Arenas, pasó a llamarse, Villa de Mombeltran, “El Monte de Beltran”. Partido que se anexiono buenas fincas de labranza allende el Tiétar. Como las ricas y mencionadas vegas de Casagata. Mientras que las buenas dehesas ganaderas del Becerril Alto y Bajo, Valdeolivas y el Bosque, continuaron perteneciendo a la señora de Arenas doña Juana de Pimentel.

Sin duda la fuerza de la naturaleza arenense y la
cantidad de refugios y oportunidades a disposición
de quienes sepan aprovecharlas, hace de estas tierras
un lugar de míticas leyendas atávicas y costumbres
que se pierden en la memória colectiva e individual de
los y las serranas....
Sin embargo esta usurpación del territorio arenense por parte del señor del Colmenar, no hubiera sido posible sin contar con la gran diferencia poblacional entre la prospera villa de Lanzahita necesitada de más tierras de labor, frente a la menguada población de la aldea de Fontanares.  Revelando el eterno problema y lucha de intereses opuestos, entre los habitantes de sendos pueblos de economía e intereses enfrentados. Surgiendo los ancestrales conflictos entre los agricultores de Lanzahita y los ganaderos y pastores hontanareños. Representados por el concejo y partido de Arenas, y sus afamados ganaderos de Guisando, Poyales del Hoyo, El Hornillo o El Arenal, los cuales aprovechaban los excelentes pastos de dichas dehesas. Luchas que como decía anteriormente, venían condicionadas seriamente por la diferente densidad de población de ambas villas y la consiguiente competencia por los recursos naturales. Por eso tampoco hay ecuanimidad en la leyenda. Ya que esta varia considerablemente si es contada por los lanzahiteños, respecto a la leyenda transmitida por los hontanareños… Coexistiendo al menos dos versiones, la de los de Hontanares y la de los de Lanzahíta para explicar la aparición del mismo Cristo de la Luz. De hecho en Hontanares cuenta la tradición oral otra leyenda muy diferente a la anterior relatada y mantenida en la Villa de Lanzahita. Los hontanareños cuentan que hace mucho tiempo, en años de terribles pestes, solicitaron a la parroquia de Arenas la imagen de un Cristo, Virgen o Santo, que les amparase y protegiera librándoles del mal. Ya que en su recoleta pero humilde iglesia no había talla alguna en la que ampararse y con la que conjurar la peste. Ante la negativa de los de Arenas hicieron la misma solicitud a sus vecinos de Lanzahita. Y estos les prestaron su Cristo de la Luz, con la condición de que tenían que devolvérselo una vez pasado el peligro. Sin embargo y  pesar de haber pasado el peligro y las terribles pestes pasaron los de Lanzahita reclamaron su Cristo a los de Hontanares. Pero los de Hontanares se negaron y no se la devolvieron. Lo que desencadenó una gran reyerta entre ambos pueblos. Teniendo que intervenir el Sr. Obispo de Ávila… Terminando la leyenda con la misma resolución que en el caso anterior. Esto es, dando los derechos y privilegios de la imagen, romería y culto a los de Lanzahíta. Pero respetando la propiedad o propiedades territoriales de los de Hontanares donde quedaría tan preciada y antigua  imagen. Hermanándose ambas localidades de las que es Patrón simultáneamente.

Los árboles, el árbol siempre ha sido y es uno de
los elementos más importantes y determinantes
para el desarrollo humano de estas tierras...
Pero hay más y es que recientemente y gracias a las informaciones logradas de boca del Sr. Carlos Amor Tiemblo, un hontanareño de pro, he logrado una versión más a cerca del origen y propiedad del disputado Cristo de La Luz.  Versión que él mismo aprendió de niño directamente de los recuerdos de sus mayores hontanareños y más concretamente de su tío el Sr. Máximo el de la Viña, el cual era natural de Lanzahíta, pero se había criado en las dehesas del Tiétar guardando sus ganados y para ser más exactos piaras de cerdos. Según el Sr. Carlos el Cristo no se apareció en el río ni paraje alguno, pues siempre estuvo en su ermita luego iglesia de Hontanares. Templo que a poco que se observe su interior, muestra los restos de una construcción anterior más pequeña que la actual obra de arte gótica. Templo que recoge la imagen y culto a San Sebastián, Santo que es muy celebrado cada 20 de enero en dicho anejo arenense aún hoy en día. Curiosamente el Sr. Máximo contaba a su sobrino nieto una bella historia que daba explicación a la existencia de las ermitas dedicadas a San Sebastián en los pueblos hermanos de Ramacastañas, Arenas, Parrillas, Poyales del Hoyo y que según la tradición oral hontanareña fueron construidas como hitos o descansaderos por los romanos siguiendo el trazado de sus calzadas y vías más importantes… lo que me incita a pensar una consciencia histórica colectiva vetusta trasmitida de padres a hijos entre los hontanareños… 

Pues bien su tío fue testigo de unas terribles epidemias que acontecieron a finales del siglo XIX y que hicieron que muchos lanzahiteños muriesen, en tal cantidad que los carros iban y venían llenos de cadáveres de la Villa al cementerio sin dar abasto…  eso pasó porque los de Lanzahíta se olvidaron o no quisieron llevar la Luz – añadiendo mi informante que según la tradición hontanareña que de ahí venía el nombre del Cristo por la Luz que llevaban desde tiempo inmemorial los de Lanzahíta hasta la ermita del Cristo… -  o el gran cirio con el que era costumbre iluminar la imagen durante todo el año. El Sr. Carlos recuerda como su tío le contaba que tanto él como su familia se libraron de las pestes por estar viviendo lejos de la villa de Lanzahíta en medio de las frondosas y saludables dehesas, tomando diariamente vino como única medicina. Vino que los padres del Sr. Máximo consideraban como la única medicina o antídoto ante aquel terrible mal que asoló solo la localidad de Lanzahíta y de este modo le salvó la vida siendo un niño de muy corta edad… entonces los de Lanzahíta llevaron la Luz al Cristo de Hontanares desapareciendo la terrible y mortal epidemia. Prometiendo hacerlo todos los años, sin faltar hasta el día de hoy a su promesa… Problemas y soluciones por la propiedad de la tierra y los privilegios del culto, que fueron muy habituales en otras romerías del Valle del Tiétar. Ya que a pesar de que las imágenes de culto romero dejan claro su deseo de permanecer en un lugar concreto, al aparecerse de forma intencionada y en reiteradas veces en dichos lugares de sus apariciones.

Piedra del milagro del Castaño en el camino de San Andrés
del Monte, en la que según la tradición oral arenense quedaron
marcados los cinco dedos del Santo, al apoyarse en ella,
derritiendo el duro granito, como si de mantequilla fuese...
La situación y propiedad de dichas áreas suele ser como es el caso de El Cristo de la Luz, motivo de serias disputas entre dichas poblaciones vecinas, al estar en lugares de dudosos limites fronterizos. Tradiciones que no hacen otra cosa más que ratificar la importancia de un área en concreto, en la que se producen hechos sorprendentes, y más aún milagros portentosos. Pues como afirmo son lugares santificados por la presencia divina. Comarcas naturales y fronterizas en las que es muy difícil saber cuando has entrado o abandonado alguna de ellas. Pues entre todas forman un entramado único, complementario y compartido por una misma naturaleza e historia. Derechos de propiedad que además adquieren otros compromisos de servicio por parte de las poblaciones, en pos de la protección divina, que se refuerza con hermosas tradiciones, como cuentan en Lanzahita. En cuya localidad sus habitantes no han dejado jamás de acudir en romería, portando un cirio de grandes dimensiones, con el que iluminar la imagen durante todo el año. Cirio o exvoto que no falta puntualmente cada mes de mayo. Y que es costeado y llevado a caballo por los vecinos de esta hermosa Villa del Valle. Pues según afirman y relata una leyenda de la rica tradición oral los vecinos y devotos lanzahiteños, un año que no se llevo el cirio, ni se acudió en romería a Hontanares, los campos se secaron y no produjeron pan, sumiendo a los vecinos de Lanzahita en una terrible hambre, enfermedades y pobreza…  por eso los de Lanzahita no han faltado nunca a su cita romera, mientras que los de Hontanares, cuentan con la protección pues actúan sino como propietarios, si como custodios de la imagen a cuyo amparo se ponen día a día. Romería a la que acudían una escasa representación de la Villa de Mombeltran y otros pocos vecinos de los pueblos cercanos, incluyendo los de la vecina provincia de Toledo. Concretamente Montesclaros, Buenaventura, Navamorcuende, Anadinos, La Iglesuela o Sotillo de las Palomas… y a la que actualmente acuden varios cientos de personas, gracias al impulso que el Excmo. Ayuntamiento de Lanzahita ha realizado estos últimos años. Dando a dicha romería un desacertado toque andaluz, que la desvirtúa y que poco o nada tiene que ver su verdadera raíz histórica y cultural de esta Alta Extremadura Castellana. Antes de terminar citar siquiera el reparto de la ermita del Helechar en el despoblado término de Las Torres. Cuyas piedras y demás bienes inmuebles fueron repartidos entre las villas de Pedro Bernardo –en cuya parroquia está la pila bautismal de dicha antigua ermita entre otras cosas - Mijares y Gavilanes, no sin algún que otro enfrentamiento entre las tres localidades, no solo por las posesiones de la ermita, sino por el terreno. Siendo la villa de Gavilanes finalmente la propietaria oficial de dichos terrenos y ruinas del despoblado de las Torres.

Santo Cristo de la Luz,
que vives en Hontanares,
líbranos con este cirio, 
de to las enfermedades.

En Hontanares el Cristo,
le dijo a San Sebastián,
tu serás de mis ejercito,
valeroso capitán.

Ntra. Sra. Sta. María del Pilar de Arenas y con ella mis padres...

Romería de Ntra. Sra. Sta. María del Pilar de Arenas:

Aunque en la actualidad se ha perdido totalmente la secular romería a Ntra. Sra. Sta. María del Pilar de Arenas, patrona, benefactora y protectora de su ciudad, fue sin lugar a dudas la más antigua e importante de cuantas fiestas y romerías han existido en  mi querida ciudad. Por eso he creído oportuno dedicarle un capitulo a parte, para al menos recordar y dejar constancia de tal manifestación desafortunadamente en desuso. Pero antes de abordar el tema que me ocupa, quisiera dejar escritas algunas coplas dedicadas a tan magnifica imagen y culto de nosotros los arenenses. Ya que dicha fiesta religiosa, está íntimamente ligada a la fundación u origen de mi ciudad.

A las orillas del Tiétar, me puse a considerar.
Que sería de mi Arenas, sin su Virgen del Pilar.

Arenas está en un valle. Y la iglesia está en la plaza.
Y la Virgen del Pilar, en  un águila enclavaba.

En las Águilas la ermita. En la ermita una mujer.
En la mujer un secreto, en el secreto un querer.

Tengo una Virgen chiquita, que no la puedo olvidar.
Tengo una Virgen chiquita, que es mi Virgen del Pilar.

Tenemos aquí dos madres, por una gracia especial.
Cada cual tiene la suya, y todos la del Pilar.

A la Virgen del Pilar, le he pedido que me quieras.
Ya que no lo haces por mí, hazlo por ella siquiera.

La Virgen del Pilar tiene, un anillito en el dedo.
Y en el anillo labrado, soy de Arenas que es mi pueblo.

En la sierra hay una nube, que la cubre como un manto.
Es la Virgen del Pilar, que viene regando el campo.

De Arenas los agustinos, tomaron sin vacilar,
como la reina divina, a la Virgen del Pilar.

Es la Avellanea Santa, desde Arenas hasta el mar.
Porque le sirvió de espejo, a la Virgen del pilar.

Todo el que en llegando a Arenas, no se abraza a tu Pilar.
No sabe lo que es divino, ni es persona regular.

Dónde vas Virgen Chiquita, donde vas valiosa prenda.
Voy a regar esos campos, que se siembran en Arenas.

Sobre el águila la Virgen, sentadita en su Pilar,
Vigilando por Arenas, su hermosa y bella ciudad.
Soy de Arenas, soy de Arenas, mi hermosa y bella ciudad.
La de San Pedro Bendito, y su Virgen del Pilar.

La campana de la Virgen, si que me quiere de veras.
Repicó cuando nací, llorará cuando yo muera.

Cuando paseo Arenitas, no voy por ver mocedad.
Voy por ver a una serrana, que es mi Virgen del Pilar.

Si he de salir de Arenitas, me despido de mis padres.
Y a la Virgen del Pilar, la encargo que me los guarde.

El águila de la Virgen, tiene las alas abiertas,
Por si alguno se la lleva, traerla rápido a Arenas.

Todos rezan y se callan, de hinojos bajo el Pilar.
Y hasta la Avellanea, para y se pone a rezar.

Quiso un serrano en la sierra, a la Virgen saludar,
dio un beso a la avellanea, que lo llevó hasta su altar.

Unos dicen que se van y otros dicen valla, valla.
Y yo me quedo en tu ermita, hasta acabar la semana.

Pa emocionar a un serrano, cuando se aleje de Arenas,
Nombra a la Virgen Chiquita, cantándole una rondeña.

Talla restaurada de La Virgen del Pilar de Arenas
Si tenemos en cuenta la rica y particular tradición oral de Arenas de San Pedro, tendría que afirmar sin temor a errar, que esta amena ciudad a sido desde sus inicios una ciudad de romeros y romeras. Y más aún como ciudad receptora de los mismos.  Pues el origen mítico de la ciudad está íntimamente relacionado con la portentosa aparición de la Virgen y el consiguiente establecimiento entorno a su ermita de los primeros arenenses o pilaretes que en romería acudieron a su llamada a mediados del siglo XI. Siendo por lo tanto la adbocación y muestra de fe más antigua, genuina y querida para nosotros los arenenses. Aunque para ser justo y como decía al iniciar este capitulo, he de aclarar que durante los últimos doscientos años, gran parte del boato y grandes celebraciones y romerías en loor a nuestra patrona se han perdido. Por eso he querido dedicar a las desaparecidas romerías de mi patrona un capitulo a parte. Capitulo en el que evocar siquiera aquellas hermosas tradiciones arenenses. Costumbres que forman parte de nuestra historia tradicional anónima, tanto individual, como colectiva. Ya que por fortuna no todo se ha olvidado, expoliado y perdido. Ya que aún se siguen transmitiendo y manteniendo algunas bellas tradiciones areneras de tipo familiar, relacionadas con las antiguas romerías a la Virgen del Pilar. Una de ellas consiste en reunir a toda la familia a primera hora de la mañana del día grande. Una vez reunidos todos en la amplia cocina o sala principal de la casa, el patriarca ayudado por la matriarca, “decentan” el mejor lomo embuchado, jamón, chorizo de cagalar o queso de la casa, compartiéndolo festivamente entre todos y cada uno de los miembros de la familia. Junto a esta costumbre que aún mantienen ciertas familias pocas más se han mantenido. Limitándose a la novena, oficios religiosos y procesión…

Lo que todos los arenenses recuerdan aún es la leyenda de la que hay más de una variante. Argumento del que se sirvió la tradición oral para dar un origen “divino” a la ciudad. Por eso vallamos primero a la leyenda y posteriormente a la historia de tan valiosa y antigua imagen. Todo empezó en lo alto de un estratégico cerro, llamado aún en la actualidad cerro de las Águilas Altas. Cerro antaño rodeado de abundantes fuentes, arroyos, gargantas e impresionantes y tupidos bosques. Lugar rodeado y regado por el mítico arroyo de la Avellanea, el mismo que riega y pasa besando los muros del convento de San Andrés del Monte, hoy Santuario de San Pedro de Alcántara… otero desde el que se tenía una magnifica panorámica circular abarcando 190 grados sobre el valle de Valdelaoxa, el del Oxo de la Xara. Entre la impresionante Sierra de Gredos y la fértil dehesa de los Llanos. Extendiendo la mirada más allá de los Montes de Toledo, Campo Arañuelo, Monfragüe, Sierra de San Vicente y la Vera Baja o de Plasencia. Lugar bendecido por la aparición-encuentro, de Ntra. Sra. Sitial emblemático que el cancionero tradicional arenense define perfectamente en la siguiente coplilla;

“El que quiera ver Arenas, y contemplar su belleza.
Se suba a San Agustín, y se convenza de ella”.


Mágico cerro inviolable para nuestros antepasados, que pocos defendieron más y mejor, como uno de los pocos párrocos respetuoso con el patrimonio histórico y cultural de Arenas, don Marcelo. El cual decía en su Almanaque Parroquial del año 1951 la siguiente conclusión; “Aquel altozano es mirado como tierra sagrada por el vecindario de Arenas, porque un siglo y otro siglo, sirvió de trono y escabel en su capilla del convento de Padres Agustinos, a la imagen idolatrada de la Virgen del Pilar de Arenas”. Alegato que debió servir para frenar la especulación con tan emblemático lugar, en un claro intento de protegerlo. Voluntad y voto que era compartido y respetado tácitamente por el resto de la población y por las distintas corporaciones municipales durante más de mil años, si tenemos en cuenta los datos que aporta las leyendas de tradición oral aún transmitidas por nuestros mayores. Pacto sacro que rompió la parroquia arenense junto al obispado abulense recientemente en pos de un urbanismo atroz y especulativo, en el que el dinero pudo más que el mantenimiento de nuestra propia cultura e historia. Barbaridad que no pudo haberse llevado a cabo sin el consentimiento de una corporación municipal con una baja sensibilidad par y con nuestro patrimonio monumental.

Cerro en el que yo mismo en compañía de mi primo hermano Jacobo Peces Mac-Mahon, solíamos jugar de niños mañana y tarde buscando y rescatando del olvido algunos interesante restos arqueológicos. Como por ejemplo el pilar de granito que desenterramos con nuestras propias manos en el ábside, cerca del altar mayor, de la que otrora fuera iglesia de Ntra., Sra. Del Pilar de Arenas y que ahora pueden contemplar en las escuelas nacionales de San Agustín, junto a un bello escudo hallado en las cercanas ruinas. Así como hermosas cerámicas e incluso algunas monedas altomedievales… hallazgos que aún me pesa no haber podido defender como merecían. Pues quizás abusando de su pasión por y para la cultura tradicional de nuestra ciudad, y de la ignorancia e inocencia de unos niños, el maestro también arenense, Máximo Sancho, nos requisaba sin más excusa ni derechos que el respeto que por entonces se tenía y aún tengo, a las personas mayores y más aún a los maestros. Asegurándonos que serían depositadas en las Escuelas Nacionales, donde se expondrían… Quedándoselas dicho profesor sin que jamás el que escribe y entregó dichas piezas de mala gana, supiera que fueron de ellas. Estaría bien que dicho arenense hiciera memoria de dónde las depositó y nos lo devolviera, no a mí ni a mi primo que fuimos quienes las desenterramos, sino a la ciudad y ciudadanos de Arenas, que son sus verdaderos propietarios. Hace poco le pregunté a su esposa la también maestra la Sra. María, pero ella no sabe nada, más que un par de ladrillos antiguos que tienen guardados en su garaje y que no sé si serán parte de los restos por nosotros rescatados o se trata de otra adquisición de dicho señor… sea como fuere lo cierto es que siento bastante vergüenza con las formas en las que se han enajenado o simplemente perdido parte de nuestro antaño rico patrimonio monumental, como varios palacios entre ellos el de los Condes de Frías, la fachada y convento de la fundación teresiana en la Plazuela de las Monjas. Las fachadas y puertas labradas en piedra de la calle Mesones, los soportales de la carnicería, las ermitas de San Blas, San Bartolomé, San Miguel, Los Llanos, Santa Bárbara… del mismo modo me parece lamentable el hundimiento de varias cuevas del común, incluida la cueva de la Cuesta de la Sinagoga o las de San Agustín entre otras cosas… sin olvidar las frescas y artísticas fuentes como la fuente Honda, la del Respingo o la del Mercado o Gorda…

Restos humanos profanados del convento de Ntra. Sra del Pilar en  San Agustín
Lápidas medievales del convento de San Agustín. Quizás entre ellas estuviera la del Ilustre Fray Luiss de León....
                                                                               
Comprendo que en el pasado siglo XIX debido a los serios problemas económicos y sociales varias propiedades entre ellas las del convento de San Agustín, fuesen enajenados o desamortizados. Se que hasta el año 1822, la Virgen seguía poseyendo además del solar desmantelado de su templo y parte del convento,  cuatro olivares, dos viñas, un castañar, huertas, vegas, una casa y algunas fincas más incluyendo las de las Águilas Altas y en las Águilas Bajas…bienes que poco después se venderían en pública subasta por el obispado de Avila y el concejo de la ciudad, por las siguientes cantidades.

-         4 olivares, 1 viña, varias huertas y las vegas por 49.360 ms.
-         1 viña y 1 castañar en las Aguilas por 32.637 ms.
-         1 casa y varias fincas por 15.493 ms.
-         1 castañar en el Berrocal con 29 castaños y otros tantos plantones, 1 castañar en el Pinarito con 86 castaños, otro de las mismas características en Pasomalo de Torrejones, 1 castañar en Ceubia con 28 castaños, otro en Matas Altas con 61 castaños, otro en los Trampales  con 43 castaños, otro en el Asperito camino del Hoyo, otro en el Tinarejo, otro en los Alisitos con 70 castaños, otro en el camino de San Pedro con  76 castaños, otro en Sabina con 49 castaños, otro en las Laderas con 42 castaños,  y otro en los Resecos con 9 castaños centenarios.

"El que quiera ver Arenas, se suba a San Agustín" y bajará decepcionado...
Bienes tasados que a la baja rondaban un total aproximado de 38 fanegas, valoradas en 1.185 escudos. Por todo ellos se tuvieron que vender dando facilidades a los compradores, que consistía en pagar en 15 años los bienes de mayor cuantía y en 20 años los de menor cuantía… tal fue la necesidad de los arenenses y sobre todo la avaricia del obispado que ni tan siquiera las piedras de los muros y paredes del convento se salvaron, pasando a formar parte de las nuevas casas reconstruidas, tras las imperiosas necesidades y penurias, surgidas en el desastre protagonizado por las tropas napoleónicas en 1809. Tropas que incendiaron y asolaron la ciudad reduciéndola a cenizas. De ahí el escudo y el lema de nuestra ciudad – la siempre incendiada y siempre fiel - que le honra y dignifica. Otras piedras sillares sirvieron años después para levantar los muros de la cárcel mancomunal o “de los Picos”. Y otras acabaron en la plaza de toros vieja. Quedando insitu y a la vista parte del ábside y muros de la capilla, junto a los cimientos de gran parte de la estructura arquitectónica de dicho monumento totalmente arrasado y en el que aparecieron al menos cuatro hermosas lápidas funerarias lujosamente historiadas, afortunadamente salvadas y custodiadas por su actual propietario... respetando  el rosario de azabache y plata que regaló  la Sra. Isabel de Tebar, una toca y sábana para el altar de la virgen, de fino tul bordada en oro regalo de la arenense María López de Pazos, dos floreros de plata maciza con flores del mismo material bellamente labradas… todo malvendido o expoliado años después por lo que actualmente no queda absolutamente nada de lo anteriormente consignado, ni rastro del convento, al haber sido arrasado como decía anteriormente a principios del siglo XXI para construir chalets, para vergüenza ominosa de aquellos que permitieron tal barbaridad. Solo me queda confiar en los juicios del tiempo y de la historia, los cuales se encargarán de evaluar tan desafortunadas e irreparables decisiones.

Con yuntas como estas del Tío Garbosa el Rojo se
iba a las romerías y se competía en cuesta de San
Agustín los días de la Virgen...
Pero volvamos a la leyenda arenense para analizar algunos de los muchos elementos descriptivos arcaizantes, que en ella se dan cita y entrevelan. Y que son la esencia en la que se encierra buena parte de lo que realmente pasó. Según cuenta la leyenda la Virgencita del Pilar de Arenas todas las versiones coinciden en afirmar que se apareció sobre un pilar de piedra, por voluntad propia en lo alto del cerro de Las Águilas Altas. Brillando más que el sol en medio de una oscura noche. Eligiendo para su revelación la figura arquetípica de un pastor, concretamente de un vaquero que buscaba desesperadamente una becerra extraviada. Acontecimiento que si nos atenemos a los datos de la tradición oral, se desarrolla cuando esta zona estaba bajo el control Bereber de la rebelde taifa toledana. A pesar de este detalle el pastor tras recoger la imagen sagrada y dar la noticia a los pastores de la comarca y comarca vecinas, se la entrega a unos ermitaños agustinos que vivían a las orillas del río Ricuevas, por encima de las laderas montaraces de las Jabayosas. Ermitaños y pastores que no dudaron en erigir una sencilla ermita en el mismo lugar de su aparición. Aglutinando en torno de dicho templo, un incipiente poblando, compuesto inicialmente por varias familias de pastores, mineros… de la comarca.

Pero ¿Por qué  cuenta la tradición que es sobre un pilar de piedra y no de madera u otro material el lugar sobre el que se apareció la Virgen? ¿Por qué se aparece a un rústico vaquero y no a un ilustrado? ¿Qué pintaban los ermitaños agustinos en el siglo XI viviendo de forma ascética en las inmediaciones del río Ricuevas? ¿Por qué en aquel cerro de las Águilas? Cuestiones que se explican gracias al importante mensaje simbólico implícito en estos elementos descriptivos, tan particulares y comunes en este tipo de apariciones en la Alta Extremadura Castellana. Así de este modo el Pilar pétreo pasa de ser un mero adorno estético, a una poderosa y ancestral alegoría de complicada y antigua simbología. Ya que el pilar de piedra representa el fundamento, la base, el inicio de algo que quiere ser perdurable, imperecedero o eterno como la piedra. Ya que la piedra es considerada como un elemento de la naturaleza inalterable pero al mismo tiempo transmutable, al ser una fuerza o masa compacta en contraposición al polvo y desmembramiento por su resistencia y fuerza inherente. Hasta tal punto que nuestra propia religión cristiana asocio dicho elemento metafóricamente hablando, al mismo San Pedro apóstol, como piedra sobre la cual se edificó la iglesia. Mientras que los hermanos árabes peregrinan y adoran su propia piedra sagrada en la Meca o Al Hadjar Alaswad. Lugar santo para los musulmanes, al cual han de acudir en romería al menos una vez en la vida para alcanzar el cielo tras la muerte.

Vista del antiguo convento fundación de Sata Teresa de Jesús
en cuya iglesia estuvo instalada la Virgen del Pilar  en el S XIX
Otro ejemplo lo hallamos en la cultura y religión hebrea, concretamente en  su Beith-El, o –casa de Dios- nombrada en el Génesis 28, 16-19 con estas palabras, … y esta piedra que he alzado como un pilar será casa de Dios… aludiendo al carácter mágico de la misma, más que al meramente arquitectónico. Piedra que no se escapan a la mayoría de las religiones paganas antiguas como los Onfalos griegos, la piedra Abadir  o la piedra premonitoria llamada Lapis Lineus de los romanos, la fenicia piedra receptáculo de su dios principal Mitra, o la céltica Lia-Fail, junto a los megalitos relacionados con los rituales funerarios… sin olvidar la Piedra Filosofal de los alquimistas europeos y orientales, por poner algunos ejemplos… Piedras cargadas de un fuerte y ancestral carácter mágico-religioso que abundan no solo en la ciudad de Arenas de San Pedro, sino en todos y cada uno de los pueblos de la comarca. Sirva como ejemplo la Piedra de San Pedro, de la Hibanadera, la pétrea Cruz de Malpelo, el Canto Morcón, la Piedra y fuente del Respingo… en Arenas. O la piedra hornillenta en la que según la tradición local de dicha localidad, El Hornillo, dejó impresas las huellas de sus pies San Marcos evangelista, para salvar las embravecidas aguas de la garganta y posarse en su ermita. O la lancha de El Arenal en la que según su tradición dejó impresas las huellas de la mula que llevaba a La Virgen y al niño en su huida a Egipto….

Elemento inalterable que adquiere una connotación diferente gracias al profundo simbolismo de la luz que de ella emana. Luz que representa las fuerzas regeneradoras del bien, en oposición a la simbología de la oscuridad asociada secularmente a las fuerzas del mal. Lo que se interpreta como una señal inequívoca de que el lugar elegido por la aparición, es un lugar sagrado y consagrado a las fuerzas sobrenaturales benignas en este caso femenina y matriarcal. Al estar bajo la advocación de Ntra. Sra. Sta. M. del Pilar de Arenas. La mejor abogada contra los demonios… Por eso no es casual que a Ntra. Sra. se la llame; “Sol refulgente”, “Estrella brillante” o “Lucero de la Mañana”. Representándola tanto en el arte pictórico como en el escultórico, pisando la cabeza de una serpiente, dragón o demonio, al que según las escrituras siempre vence… Y para reforzar aún más esa representación simbólica de antiguas alegorías, sobre la cabeza lleva incorporada una corona, –símbolo que indica un carácter relacionado directamente con la realeza- rematada causalmente en una serie determinada de rayos luminosos, estrellas y aureolas refulgentes. Asociaciones arquetípicas y religiosas que no escaparon a nuestros antepasados, y que resume magistralmente una vez más el cancionero tradicional arenense en estas interesantes coplas transmitidas de generación en generación.

El que diga que en Arenas, no hay cosas maravillosas,
en un Pilar chiquitito, sujetamos to las cosas.

El día del fin del mundo, en su sitio ha de quedar,
el Pilar bajo la Virgen, la Virgen sobre el Pilar.

Las Fiestas patronales no se concebían sin los festejos taurinos desarrollados
en la Plaza Mayor de la ciudad. Participando en su construcción afamados
carpinteros arenenses...
Del mismo modo hay que analizar el significado arquetípico de “el pastor”. Figura que según la simbología tradicional, está relacionado directamente con las fases lunares y las manifestaciones atmosféricas del poder superior. Al considerarle el prototipo perfecto como guía y guardián del rebaño. Personaje que fielmente apacienta a sus ganados, ocupándose y preocupándose individualmente en recuperar las reses perdidas, aunque no sean suyas. Por lo que es en cierto modo la representación del salvador de las almas. Asociándolo desde muy antiguo a los guías espirituales, como lo muestra la costumbre cristiana de llamar “pastores” a los miembros de la jerarquía y curia en general… y es por esta aparentemente simplista simbología tradicional, que los pastores suelen ser la figura más recurrente en las apariciones marianas ibéricas medievales. Por otro lado la leyenda sitúa la historia de la aparición, concretamente en el año 1054. Año en el que es entregada para su custodia y culto, a unos “ermitaños agustinos” que vivían retirados del mundo, en unas cuevas del río Ricuevas. Dato a todas luces algo contradictorio, ya que no es hasta doscientos años después, concretamente el mes de marzo del año 1244, cuando el Papa Inocencio IV ratifica y acepta la fundación de la Regla de San Agustín y la forma de vida que el Santo propone. Surgida originalmente entre un grupo de ascetas del norte de Italia, Esteban de Cataste, Hugo de Corbaría, Guido de Rosia y Pedro de Lupocavo, en representación de los ermitaños de Tuscia en el Lacio y la Umbría italiana. Estos eremitas se organizaron según la regla de San Agustín, sujetándose a las Constituciones creadas inicialmente por los legos Clemente de Osimo y Augustinus Novellus. Instaurando afamadas cátedras y escuelas en sus conventos. Siendo Augustinus Novellus el primer Prior General de la orden entre los años 1298 y 1300. Constitución que fue aprobada en los Capítulos Generales de Florencia 1287 y Ratisbona 1290. Posteriormente confirmados en Roma  los años 1895, 1901 y 1907. Extendiéndose en poco tiempo por toda Europa, llegando hasta nuestra península y por ende a los valles del sur de Gredos.

·"Ya esta el torito en la Plaza, y el torero en la barrera. Y a moza en el balcón
pidiendo que el toro muera"
De hecho en el vecino Valle del Alberche y más concretamente en las grutas del cerro de Guisando, esta documentada la presencia y permanencia de anacoretas llegados de Italia, antes y durante el siglo XIV. Cerro situado en el Valle del Alberche y en cuyas inmediaciones se hallan los vetustos Toros de Guisando, megalitos que no hay que situar en la distante localidad de Guisando en el vecino y hermano Valle del Tiétar. Sin embargo personalmente creo que cabe la posibilidad de que tales ermitaños agustinos del Ricuevas bien podrían ser seguidores de Prisciliano obispo de Ávila, considerado como el primer hereje… Dicho personaje vivió en el siglo IV d.C. Fue obispo de Ávila, dedicándose en cuerpo y alma, a la difusión de la nueva fe cristiana, sin por ello abandonar ciertas creencias y rituales de las antiguas religiones paganas ibéricas y más concretamente de las abulenses, como por ejemplo indicaba que las partes del cuerpo humano estaban asociadas y representadas por los 12 signos de zodiaco... Recomendando la vida eremítica en zonas deshabitadas y apartadas, del mismo modo que haría siglos después San Agustín. De hecho ambos personajes estaban de acuerdo en el riesgo de reparar en el signo, sin transcender el verdadero significado oculto o implícito en las imágenes. En un intento de expandir el judeocristianismo, sin rechazar o prohibir las antiguas creencias paganas, creando el Priscilianismo considerado como una secta por la curia romana. Siendo ajusticiado en la francesa villa de Tréveris al año 385. Fecha a partir de la cual sus seguidores, tras ser declarados herejes, se vieron obligados a sobrevivir ocultos en aislados eremitórios, donde poder proseguir con religión y rituales, perviviendo sus doctrinas desde el siglo VIII, más allá del siglo XI. Siglo en el que la leyenda sitúa la aparición de nuestra patrona. Con estos datos es fácil intuir que la leyenda no es tan descabellada, ya que aunque no se ajusta con rigor a los datos históricos, bien pudiera esconder entre líneas, la presencia de tan enigmáticos eremitas priscilianistas, convertidos o imbuidos posteriormente dentro la orden de los agustinos. Del mismo modo me parece bastante interesante el hecho de que incluso la formación y organización de la actual ciudad de Arenas, tuviera una relación tan directa con la presencia de los frailes priscilianistas o agustinos. Vínculo que en el caso de los frailes agustinos recoletos que se confirman sin lugar a dudas los datos históricos de nuestra ciudad. Especialmente los relacionados con la reconquista y consolidación de los actuales núcleos urbanos del partido arenense. Logrados en gran medida por las poderosas labores repobladoras encargadas por los reyes de Castilla a las ordenes religiosas, a partir del siglo XI, hasta el siglo XIII. Haciendo girar la vida económica y social de los primeros repobladores de esta Alta Extremadura Castellana, gracias a el control de poderosos conventos e importantes ordenes religiosas. Propietarios a su vez de extensas y optimas tierras de cultivo que daban asilo y más aún trabajo a una ingente mano de obra repobladora recién llegada atraída por las facilidades dadas con este fin y consolidación cristiana en la antigua Tar al-awasat. Lo que explica al margen de que la leyenda sea o no cierta, como tan solo en dos siglos la incipiente aldea de los pilaretes, pasara a convertirse en la más importante y perfectamente organizada Villa señorial del sur abulense. Fundaciones y consolidación de los núcleos urbanos, explicadas popularmente gracias a la aparición y predilección de Ntra. Sra. del Pilar de Arenas. Culto Mariano que es impulsado con inusitada fuerza, precisamente en los siglos que dura la reconquista por toda Europa. Al tiempo que aparecían y se expandían por toda la cristiandad las nuevas catedrales románicas y góticas dedicadas a Santa María.

Antiguos soportales frente al Ayuntamiento en donde
estaban las carnicerías y se vendía la carne de los toros
vacas lidiados a muy bajo precio...
De hecho la mayor parte de los templos árabes y hebreos reconquistados, pasaron a convertirse en magníficos templos dedicados a las diferentes advocaciones marianas. Cosa que se observa con mayor evidencia en las últimas tierras reconquistadas, como las de Castilla la Mancha, Extremadura y Andalucía. Apareciéndose simultáneamente por todo este amplio territorio infinidad de tallas de gran valor artístico y devocional.  Baste con nombrar algunas de estas Vírgenes romeras como La Virgen de la Peña, la de la Cabeza, la de Guadalupe o la del Rocío entre tantas. Santuarios y ermitas que como asegura entre otros Salvador Rodríguez Becera, y el que escribe estas palabras, son veneradas en los mismos emplazamientos, en los que anteriormente se erigieron  sinagogas, mezquitas… y estas a su vez sobre templos paganos prehistóricos de las diferentes culturas ibéricas. Lugares que durante y tras la reconquista, vuelven a retomar con fuerza los antiguos cultos a la Diosa Madre una vez cristianizada y apaciguada la frontera y marca cristiana más allá del río Tajo. Uno de los mejores ejemplos de tal renovado fervor mariano, es sin lugar a dudas la obra atribuida al rey castellano Alfonso X. Me estoy refiriendo concretamente a la magnifica colección de cantigas dedicadas a Santa María, melodías y romances que recogen los milagros y obras realizadas por tan insigne señora en todo el reino de Castilla. Rey considerado como señor de las tres culturas, que junto a otros reyes castellanos como Fernando III, mostraron una exacerbada fe y pasión mariana patrocinando, fundando y otorgando grandes privilegios a no pocos conventos, iglesias y ermita dedicadas a Sta. María. Como pasó con el primitivo convento agustino del Pilar de Arenas, una vez consolidado el dominio de los nobles cristianos castellanos en la zona. Y  cuajadas las primeras relaciones entre la escasa población indígena con los nuevos grupos humanos venidos gracias a las prebendas y facilidades otorgadas a los nuevos repobladores a partir del siglo XII. Repobladores que se unieron a la población local residual y existente desde tiempo inmemorial en estas tierras y comarcas serranas del sur de la provincia de Ávila.

Pero volvamos a la leyenda y tradición oral, ya que aún quedan por analizar algunos interesantes símbolos descriptivos, inherentes  y con un evidente sentido intencionado muy diferente a los anteriormente expresados y que en buena medida se limitan a reforzar dichos mensajes. Pues la leyenda continua con una segunda parte que arranca a partir del momento en el que el vaquero entrega la imagen a los ermitaños priscilianos o agustinos y se la levanta una sencilla ermita, una vez establecidos de forma permanente en torno a la ermita las anteriormente mencionadas familias de pastores, llamados pilares en honor a la patrona. Pues bien cuenta la tradición oral que fueron tantos y tan famosos los milagros que concedía la preciosa imagen, que pronto la aldea se convirtió en un importante centro romero atrayendo gentes de todo el reino, que hacían importantes ofrendas a la Virgen… pues bien, según parece un día un grupo de fieles romeros venidos desde Córdoba, al postrarse ante la imagen de la Virgen, reconocieron en ella la misma que en su ciudad se veneraba antes de la llegada de los árabes. Talla que tuvieron que esconder lejos de su ciudad, para evitar su profanación años atrás en estas altas y feraces montañas, cuando huían de los invasores árabes. Reclamando la imagen como suya ante la sorpresa y consiguiente sinsabor de los Pilaretes. Los cuales se negaron a devolverla. Ante la negativa los de Córdoba pusieron pleito a los pilaretes, pleito que según la leyenda ganaron los cordobeses, llevándose por tres veces la imagen de la Virgen a su ciudad. Pero a los pocos días la Virgencita regresaba a su ermita serrana montada sobre un águila, apareciéndose las tres ocasiones sobre una oliva, la Oliva Santa o de la Virgen. Mostrando de tal modo su predilección por permanecer entre los pilaretes, para dolor de los cordobeses - como curiosidad contarles, que si visitan la ciudad califal de Córdoba hagan por entrar en la capilla del parador de turismo, donde se colocó a mediados del siglo XX una replica de Ntra. Sra. a instancias del por entonces delegado de turismo Antonio Sarazá. Lo que hizo penar al bueno de don Marcelo que los cordobeses guardaban cierta memoria de su virgen… -

 El uno con la novia a la grupa de la burra,y el otro con la mujer a las ancas
de la mula, "entre la crin y la cola, Ay quién pudiera llevar, a esa
buena señora..."
Sin embargo tales prodigios no hicieron desistir a los de Córdoba en su empeño de instalarla en Córdoba. Hasta que tras el  tercer y fallido intento de llevarla a su ciudad, una de las dos becerras que tiraban del carro que llevaba a la Virgen de nuevo a Córdoba, murió reventada nada más traspasar los muros de la ermita y convento agustino. Esto causó estupor a los andaluces, viéndose obligados ente tal prodigiosa señal dejarla para siempre en el lugar que la misma Viren había elegido, Arenas. En conmemoración a tal milagro y señal se levantó una hermosa cruz labrada en piedra, la Cruz de la Becerra. Cruz que destruyo una terrible tempestad el día 11 de enero de 1871 y  que según cuenta la tradición, estaba puesta sobre una becerra toscamente labrada… escultura zoomórfica que bien podía haber sido un verraco vetton posteriormente cristianizado, de los muchos que aún quedan en la provincia y provincias limítrofes. Lastima que este punto no se pueda aclarar pues nada queda de aquella obra de arte, excepto en topónimo del lugar en el que se colocó, conocido todavía en la actualidad como el paraje de La Cruz de la Becerra… Quedando la imagen y culto de tan preciada y valiosa imagen desde entonces en la ciudad de Arenas. Sin que el que escribe haya encontrado documento alguno que lo certifique…Terminando este curioso e intencionado relato transmitido por la tradición oral, que deja claro por un lado que el lugar elegido estaba santificado desde tiempos inmemoriales por decisión de la Virgen en permanecer en este lugar, impidiendo un cuarto y definitivo intento de traslado, matando una de las becerras. Reapareciéndose causalmente sobre las frondosas ramas de su Oliva Santa o de la Virgen, en vez de en el altar de su ermita. Detalle que nos revela otra intencionalidad oculta, al indicarnos que el lugar ya estaba habitado con anterioridad a la construcción de la ermita y su aparición. Pues el olivo no es un árbol silvestre, se trata de un cultivo y como tal es necesaria la previa intervención humana, tanto para preparar las tierras, como para plantar y poner en producción los olivares, cosecharlos, elaborar y comerciar con las materias primas. Por lo que si la leyenda de la Oliva Santa de la Virgen tuviera algo de cierto, me surge una pregunta, quién o quienes plantaron la Oliva Santa, cuándo y por qué un olivo y no otro árbol... Y es más por qué regresaba la imagen desde Córdoba sobre un águila imperial y no sobre otro tipo de ave o ser espiritual como pudieran ser los ángeles… y por qué becerras y no bueyes o equinos para transportarla desde Arenas… vallamos por partes.
 
Al olivito, al olivero, el pájarillo en el mes de enero, triste se
quedó, sin compañero, porque en la jaula está prisionero...
                                                                                 
Lo cierto es que la producción de aceite, fue y sigue siendo uno de los pilares económicos fundamentales de la ciudad. Siendo los frailes del convento del Pilar durante los siglos XIV, XV, XVI y XVII los mayores poseedores de tierras dedicadas a este cultivo en Arenas  intensivo. Dedicando aún hoy en día gran parte de los terrenos en esta jurisdicción y partido, a las mayores y mejores extensiones dedicadas a este cultivo. Árbol que además ha sido y es considerado sagrado desde las culturas semíticas y babilónicas, pasando por las religiones fenicias, cartaginesas o romanas entre otras del ámbito prehistórico mediterráneo. Cargando a dicho elemento de la naturaleza de un profundo simbolismo relacionado con la luz, la paz, la santificación, la purificación y por supuesto de la salud… así como del comercio al que fue asociado desde que se le consagró a Melkart, dios fenicio protector de los mercaderes. De hecho esta constatado que en el patio del templo que dicha deidad tenía en la antigua ciudad de Cádiz, había un olivo que recibía culto al ser una asimilación figurada del mismo dios. Mientras que los romanos además de mantener el mismo simbolismo orientalizante relacionado con la paz,  consagraron a dicho árbol ni más ni menos que a dos de sus dioses principales, Júpiter y Minerva… del mismo modo siglos antes a tan asimilación, fue asociado a el dios Apis y Osiris de los egipcios, los ocupaban uno de los lugares más relevantes de esta arcana religión, estando al mismo tiempo relacionado con las fuerzas sobrenaturales lunares y solares respectivamente. Incluso en la lejana India, el dios Surya es representado bajo la forma de este árbol como símbolo solar… lo que indica una evidente intencionalidad implícita situando dicho acontecimiento de forma subliminal, en un momento o contexto histórico de paz, o armonía, que bien coincide con el final de la reconquista y con ello de las cruentas batallas entre los reinos cristianos ibéricos y los pueblos del norte africanos… Por otro lado sospecho que la elección de las becerras que se llevaban a la Virgen lejos de estas tierras, bien pudiera ser un intento intencionado de la nueva fe monoteísta cristiana de desprestigio hacia tal animal. Sobre todo teniendo en cuenta que tanto los toros como las vacas estaban íntimamente relacionados con las religiones paganas entre los primitivos pobladores de estas tierras, con los enigmáticos verracos vettones. Los cuales concebían a las vacas como una representación simbólica de la Tierra, por lo tanto de la Madre y al toro como símbolo del Cielo y por ende del Padre y por lo tanto con la fecundidad tanto masculina como femenina. Asimilaciones a las que hay añadir otras que relacionan a dicho animal con las fuerzas de la naturaleza, especialmente con las tempestades y tormentas. Y más aún como elemento que pone en conexión el cielo y la tierra, por eso aparece en todas estas culturas relacionado con la muerte y el transito o último viaje de los muertos. Además se relacionan con la fuerza física, el tesón o la castidad, sin olvidar su estrecha relación con los rituales relacionados con la agricultura… Sirva esta copla del cancionero tradicional de los valles del Alberche y del Tiétar para ilustrar todo lo anteriormente relatado.

Aquí torito valiente, aquí torito leal.
Yo soy el de la otra tarde, acábame de matar.
Acábame de matar, que me tienes medio muerto.
Y luego me han de enterrar, con las flores de tu huerto.
Con las flores de tu huerto, las flores de tu jardín,
Que me mates o me muera, poco me importa ya a mí…

El toro tenía seis meses, le criaba una serrana.
Con la leche de sus pechos, el alimento le daba.
El alimento le daba, el alimento le dio.
Con la leche de sus pechos, la serrana le crió…

De los árboles frutales, el olivo es el mejor,
porque del olivo sale, para alumbrar al Señor.

Es la Oliva de la Virgen, dechado de maravillas,
a ella acuden las preñadas, que las haga bien paridas.

Bailando el Rondón en la Plaza de la Corredera frente al castillo
Mientras que la elección opuesta a la simbología negativa o lunar de la vaca esto es la del águila como animal aliado, al ser el encargado de tornar a la Virgen a su ermita. Elección que guarda otra simbología solar muy diferente. No en vano desde la más remota antigüedad dicha ave es considerada como el estado más sublime y elevado de las almas, al considerarle ave poderosa capaz de sortear y vencer a los temidos rayos y tempestades… siendo para todas las culturas indoeuropeas el mensajero de los dioses más poderosos y belicistas… enemigo acerrimo de la serpiente –demonio- a la que destruye y vence del mismo modo que Ntra. Sra. venció al demonio pisándole la cabeza con sus pies… atributos estos que quedan más patentes si observamos la hermética simbología del arte románico español, en el que dicha ave representa la lucha entre el bien y el mal, conduciendo y protegiendo las almas de los justos junto a los dioses benefactores tras la muerte. Pero hay más y es que el vuelo del águila ha sido asociado velocidad suprema, siendo además considerada el ave que puede volar a mayor altura, de cuantas hay en la tierra. Por eso la mayoría de estas culturas lo consideraban como el símbolo de poder máximo. Tal es la fuerza simbólica del águila que la iglesia católica lo incorporó dentro de su liturgia antipagana, asociándolo a San Juan uno de los cuatro evangelistas… Por todo ello no es estaño que fuese este animal precisamente, el elegido para transportar a la madre de Dios, Ntra. Sra.  en sus tres viajes desde Córdoba a nuestra querida Ciudad de Arenas de San Pedro. Por  considerarla el ser espiritual más puro y elevado, en oposición al simbolismo de la vaca relacionada con el submundo infernal o lunar y por lo tanto digno de ser no solamente mantenido, sino incluido en la fe monoteísta cristiana. Adoptando además otras formas que le dan otras connotaciones, como pudiera ser el águila bicéfala, como lasa cuatro águilas bicéfalas que aparecen labradas en las cuatro esquinas de la cornisa más alta en la torre hermosa de la colegiata arenense… o el águila que porta en su pico o garras un animal inferior apresado, representación del sacrificio del mal, bajo el poder todopoderoso del bien. Creencias todas estas vigentes y ocultas en nuestra cultura arcaizante y rica tradición oral, a pesar incluso de estar consideradas en total oposición a las creencias y nuevos dogmas de la religión judeocristiana y más aún del poco transigente catolicismo español.

Antigua Plaza Mayor de Arenas de San Pedro
Sin embargo y en cuanto a los datos históricos de la fundación del convento agustino se refiere, he de decir que gracias a los trabajos de mi buen amigo y maestro, Eduardo Tejero Robledo, sabemos que el primer prior del convento agustino de Ntra. Sra. Sta. María del Pilar de Arenas del que se tienen referencias bibliográficas vivió y ejerció su priorato en el siglo XV. Lo que no me impide pensar y afirmar, que ya existiera la ermita mucho antes de la llegada de la orden agustina y el dicho fraile. Ermita que del mismo modo que sucedió con la de San Andrés del Monte, sería destruida y reconstruida al quedarse pequeña ante la masiva afluencia de romeros y el innegable aumento de la población inicial de la por entonces villa de Arenas de las Ferrerías. Cosa que ocurriría entre los años 1436 y 1438 de nuestra era. Momento histórico que además coincide con el mayor esplendor y expansión de la orden agustina por todo el reino de Castilla. Recibiendo desde los primeros momentos de su fundación por parte del Vaticano y de la nobleza, grandes privilegios y mercedes. Como el de estar libres de la jurisdicción de los obispos abulenses, desde que el Papa Alejandro IV así lo ordenase. O las indulgencias concedidas en 1490 por el Papa Inocencio VIII entre otras dignas mercedes. Privilegios que mucho tuvieron que ver con la importancia y poder de dicha orden Agustina la encargada por ejemplo de la Sacristía Pontifica desde 1497. Siendo los custodios del Sagrario Apostólico. O encomendándoseles la iglesia de San´t Anna dei Palafrenieri, o lo que es lo mismo la parroquia y cementerio del Vaticano. Atesorando el convento arenense con el paso del tiempo numerosas bulas, jubileos, indulgencias plenarias, años santos… y esvotos de gran valor no solo económico, sino histórico por la antigüedad de los mismos. Esvotos de cuya existencia supe al encontrarme con los bienes robados el 19 de julio de 1936 por fuerzas republicanas llegadas de otras ciudades las cuales se llevaron, una escultura de plata dorada de la Virgen, la cruz de plata dorada procesional, un corazón apuñalado de la dolorosa del mismo material, un rosario de plata y coral, junto a las joyas de oro, plata y pedrería y los dijes o esvotos y medallones de gran antigüedad según las fuentes consultadas…

El convento del Pilar de Arenas disponía además de una magnifica biblioteca. Biblioteca que contaba con todos los libros del obispo de Zamora, el talaverano Juan de Meneses enterrado en dicho convento tras su muerte. Biblioteca de la que se valían los frailes para impartir sus clases en el centro de estudios de gramática y cosmología que en el convento arenense daban. Aulas destinadas también a dar clases gratuitas a los jóvenes hidalgos arenenses. Pues esta Orden ha mostrado desde siempre una gran sensibilidad hacia el conocimiento y el razonamiento de las principales ciencias. Obsesión por hallar la verdad que provocó el mayor cisma cristiano. Cisma que fue llevado a cabo a manos del fraile agustino Martín Lutero. Siendo considerada esta orden en aquellos siglos XV, XVI y XVII, como una cuna de herejes protestantes duramente perseguida por la Santa Inquisición. Por eso y para evitar que las nuevas doctrinas luteranas se expandieran por todo el reino y conventos de la orden, el convento agustino del Pilar contaba con una aislada construcción situada “al mediodía del Maiello” –Maillo- Dedicada entre otras cosas a la montanería y ceba de cerdos. Como indican las tradicionales zahurdas que aún quedan, junto a otros restos arruinados de dichas sólidas edificaciones. Mudos testigos que permanecen ocultos y a salvo de la profanación por la protección que les ofrece la espesa vegetación y el olvido. Instalaciones que en realidad servían para castigar y alejar del resto de la comunidad, a “los frailes díscolos”. Todo esto nos indica la gran importancia que tubo el convento de San Agustín, no solo para la Orden, sino para el desarrollo y consolidación de Arenas y los pueblos del partido.

"De la Corredera salen, los toreros y toreras, y del barrio San Juan Alto,
salen las banderilleras..."
Por todo esto y más, siento vergüenza por la situación actual en la que ha quedando la Virgen, poco más que con lo puesto. Salvándose únicamente la valiosa talla la cual jamás ha sufrido daño ni profanación alguna, pues siempre fue puesta a buen recaudo protegida por sus hijos de Arenas, sin que sufriera daño alguno ni tan siquiera en los momentos más críticos de la historia de Arenas. Talla que según consta no ha sido jamás destruida. Tampoco hay datos ni constancia de la existencia de una talla anterior. Siendo considerada una de las más valiosas obras de arte de la diócesis abulense, por la armonía en su conjunto, proporciones y su magnifica e inusual expresividad, considerándola única en la provincia por su estilo artístico de transición del románico al gótico. Esta singular talla en su ermita original debió formar parte integral de un retablo o trono mayor, del que se retiró en un tiempo indefinido, a juzgar por la forma, ajustes y corte que presenta su parte posterior. Mide poco más de medio metro, estando sentada sobre un trono sencillo. Sujetando con su mano y sobre su rodilla izquierda a un niño que mira a la madre en un gesto e intento de acariciarla. Postura y forma como decía anteriormente inusual en este tipo de tallas románicas, carentes generalmente expresión y más aún de interrelación entre la madre y el hijo. Destacando de entre todo el conjunto la detallada y preciosa factura de su cara jamás restaurada. No así el resto de la talla incluido el niño que reposa en su regazo, los cuales han sufrido varios retoques y restauraciones. La última de ellas realizada a finales del siglo pasado. Restauración que sacó a la luz la policromía original de esta talla singular.

Yo mismo recuerdo haberla visto antes de la reciente y última restauración, cubierta por un manto y toca de color blanco, lo mismo que la camisola del niño, siendo de color rojo el vestido de Ntra. Sra. Actualmente luce una toca blanca, el manto es encarnado rematado con una cenefa dorada, del mismo modo que el camisón o túnica del niño Jesús, siendo el traje de Ntra. Sra. de color azul. Colores estos cargados de un innegable simbolismo. Ya que el color blanco de su toca simboliza la pureza y virtudes. El manto y camisola encarnada adornada con el remate dorado es símbolo de realeza y el azul está en relación con el cielo y por ende con los estados espirituales más elevados. En la mano derecha sostiene una esfera, que originalmente estaba rematada por una cruz de madera. Cruz que se serró en la década de 1930, sustituyéndola por un ramito de flores. Ramito que en los años 50 se quitó quedando la esfera sin adorno alguno. Esfera que es símbolo de vida eterna. Al representar en su dual forma externa e inerte y la interior en la que bulle el misterio de la vida, sinónimo del universal símbolo del “Huevo Cósmico”. Aunque la tradición erróneamente ve e interpreta en dicha esfera una representación del globo terráqueo o reino terrenal, concepto moderno que nada atiene que ver con su sentido primitivo, sobre todo si tenemos en cuenta que en el momento de su elaboración, el mundo era concebido como un lugar plano, cuyos confines estaban habitados por abismos insondables y monstruos aterradores e infernales… Del mismo modo se serró la corona original de madera, para colocarla una nueva de plata en el siglo XIX. Corona que en el año 1923 se cambió por la actual de oro que luce los días de su fiesta. Esta rica corona está rematada por doce estrellas y más de ciento diez –ciento once si contamos la joya principal Ntra. Sra…- piedras preciosas. Números simbólicos que están relacionados con el calendario tradicional agropecuario y con el zodiaco. Así las doce estrellas representan los doce meses del año, dedicados cada uno de ellos a los doce apóstoles y estos con los signos zodiacales. Mientras que las ciento once piedras preciosas son una representación de las Once Mil Vírgenes – para los más curiosos decir que la corona costó mil pesetas que fueron pagadas a los Talleres de Arte de Madrid, aquel mismo año. La corona costó tan poco dinero, porque se hizo con las piedras preciosas y el oro aportado por los arenenses-  La talla reposa sobre un pilar de madera que mide 21 cm. Pilar que descansa a su vez sobre la grupa de un águila imperial con las alas abiertas y actitud de vuelo o movimiento, incorporado seguramente en el siglo XVII o en el siglo XIX. El cual llevaba en su cabeza una media luna de plata y en la base del pilar al lado derecho del águila se pueden observar unos angelitos. Mientras que en el lado izquierdo está representada una figura diabólica, aplastada por el Pilar de la Virgen. Lo que da a la ”Virgencita” una altura y grandeza mayor, que no rompe la armonía y valor artístico de la misma.

"Las banderillas al toro, se las quisiste prender. por prenderlas derecho
las prendiste del revés..."
Belleza plástica y artística que no se pudo disfrutar en su totalidad, hasta mediados del siglo XX. Ya que se mostraba siempre vestida con ricos mantos y las joyas regaladas por los arenenses y romeros. Vienes que desaparecieron en la trágica y cruel guerra de la independencia en el siglo XI. Y en la aún más lamentable guerra civil del año 1936. Tan solo se salvó la valiosa corona y una cadena de oro con su pendentil, escondidos en una cueva de un devoto arenense. Los valiosos mantos también se libraron, al ser del mismo modo escondidos gracias a la última camarera de la Virgen, la señora Vicenta Fernández Villegas. Pero en la tarde del 22 de mayo de 1941, a las cuatro de la tarde un brasero que se creía apagado, provocó un terrible incendio en el “sobrao” de su casa, reduciendo a cenizas los valiosos mantos de la Virgen. Todos ellos bordados en rica y policroma seda, plata y oro. Sin que apareciera tampoco entre los escombros, “la cadena vieja de oro, con su pendentil” –que fue lo único que se salvo del expolio napoleónico y posterior guerra fratricida- Para disgusto de la honrada y leal camarera señora Vicenta y pueblo de Arenas. Por eso ese mismo año se encarga a las monjas Adoratrices de Zaragoza, el manto de seda blanca bordado en oro, con perlas y piedras preciosas. Manto que luce durante su novena y fiesta cada ocho de septiembre. Fecha que tiene su origen en el año 1816. Año en el que por temor a las profanaciones de las tropas francesas, los arenenses deciden recoger a sus Patronos en la colegiata de la ciudad, bajándolos de sus desprotegidas y por entonces arruinadas ermitas, situadas ambas extramuros de la ciudad. Colocando a la Patrona en un altar lateral construido para tal efecto a la derecha del altar mayor, lugar preferente en el que permanece actualmente. Todo un acontecimiento para la ciudad de Arenas de la que se guarda una curiosa leyenda o anécdota.

Cuenta la tradición oral arenense que un tal Caete, posadero de la calle Mesones, se acercó al nuevo altar que se estaba preparando para la Virgen y cuando estaban aserrando las maderas para “componer” el nuevo altar, fue a recoger las virutas que habían quedado burlándose de forma irreverente o poco respetuosa. Diciendo con sorna “que quería saber a qué sabía los huevos fritos con palo de Santo”. Al día siguiente apareció muerto de una coz que le dio su caballería cuando la estaba aparejando a la puerta de su casa. Su viuda e hijos interpretaron el accidente como un castigo divino por la mofa que había hecho el día anterior. Consternados regalaron a la Virgen una gran campana que se colocó en la torre, para compensar el agravio. La campana se bendijo y colocó en un lugar preferente llamándola  desde entonces, la campana de la Virgen. Campana que se rompió poniéndose una nueva mayor, el 15 de agosto de 1922, con un peso de 210 klg… - a título de curiosidad recordar que una leyenda similar se cuenta tras el expolio que sufrió el tesoro de San Pedro de Alcántara durante la terrible guerra fratricida del año 1936, cuando un hijo de Arenas robó el corazón de oro que lucía el Santo en su altar, quedando instantáneamente ciego… a parte de esta anécdota que no se puede demostrar, lo cierto es que del convento desaparecieron, además del corazón de oro, tres plumas una de oro y dos de plata, una corona con forma de aureola de plata dorada, más alhajas y esvotos de gran valor entre otras cosas que jamás aparecieron  -

"Otro torito. Otro torero. Pa que la Farracana, eche buen pelo..."
Pero vuelvo al traslado de Ntra. Sra. desde su ermita y convento agustino a la colegiata arenense, tras los conflictos entre el concejo y la orden, que junto a delicada situación política nacional dieron con la ruina y empobrecimiento de la orden agustina en nuestra ciudad. Decisión que tubo que tomar el último prior del arrasado convento de San Agustín o del Pilar de Arenas, Fray José Sánchez Duran. Ordenando trasladar la imagen y tesoro de la Patrona, primeramente a la iglesia del convento de madres agustinas en la Plazuela de las Monjas. Sin embargo estas también empobrecidas y arruinadas pronto dejarían nuestra ciudad para siempre, solicitando el abad poco después su traslado definitivo a la parroquia de la Villa de Arenas. Y así se hizo el ocho de septiembre de 1816 a petición del prior y también de los patronos y benefactores del convento los Sres. Condes de Foncalada y Huerta de la casa del Infantado – antes de continuar con el relato de los actos acontecidos en el traslado definitivo de Ntra. Sra. a la colegiata si quisiera apuntar, que las relaciones entre los arenenses y los frailes agustinos, no pasaba por buenos momentos, como se desprende de las tensiones  y negativas por parte del prior agustino, ante las reiteradas peticiones de los areneros para bajar a la Virgen a la ciudad, como sucedió por ejemplo el año 1800, cuando una terrible epidemia amenazaba la población castellana… por fortuna los frailes franciscanos no pusieron objeción alguna para que se bajara al Santo… lo que indica cierta rivalidad, pique o recelos entre ambas ordenes en nuestra ciudad… - Celebrando la instalación de la Patrona en la parroquia arenense con grandes fiestas, novenas, bailes y como no capeas de toros. Participando no solo los ciudadanos de Arenas, sino buena parte de los vecinos de las localidades próximas. Ese día al finalizar la misa mayor, Arenas renovó el voto o juramento de fidelidad a su patrona. Juramento emocionado que es el verdadero himno de la Virgen del Pilar. Ya que el que se la canta actualmente es una adaptación del himno de la Virgen del Pilar de Zaragoza, talla que nada tiene que ver con nuestra Virgencita. El himno, juramento y voto arenense reza de la siguiente forma:

- Per te, Virgo a Columna, civitas Arenensis decoraabitur a Deo… -
“Por ti Virgen del Pilar, la ciudad de Arenas, preferentemente por ti.
Madre querida, hermosa y divina. Estrella y luz de las almas.
Señora de cielo y tierra. En obsequio tuyo, seguirá Dios de cutio esparciendo a raudales, las magnificencias de su predilección, sobre la ciudad de Arenas.
Y santificará la parroquia, sede de tan gran reina. Y salvará a sus hijos.
Y bendecirá a todos los pueblos de esta tierra, tan justa y maltratada,
por los siglos de los siglos”.

Tras la misa la Patrona recorrió en una animada y concurrida procesión, las calles y plazas principales de la Villa. Subiéndola una vez más hasta las ruinas de su ermita. Acto de fe y devoción popular que a pesar de las promesas apasionadas de nuestros antepasados por levantar de nuevo su ermita que no el convento, no logró llevar a cavo la restauración al menos de la ermita. Perdiéndose para siempre el esplendor de las animadas e importantes romerías que en su honor se hacían. Sin embargo antes del desastre del siglo XVIII y la instalación definitiva de la patrona en el templo parroquial, la fiesta patronal de nuestra Virgencita contaba con tres romerías anuales. La primera y más importante se celebraba desde tiempo inmemorial, el martes siguiente al Domingo o Pascua de Resurrección, entre los meses de marzo y abril, meses en los que despierta la naturaleza. Siendo estos dos meses considerados por la tradición arenense, como el inicio y puerta de la primavera. A esta romería, la más animada de cuantas se hacían acudían sobre todo agricultores, fruticultores y carreteros del partido y ciudad de Arenas. Los primeros aprovechaban para ajustar los tratos o maquilas con los carreteros – encargados de dar salida a los productos agrícolas, especialmente aceite, vino, guindas y miel…- y también con los segadores. Acudiendo en masa a los pies del Pilar para solicitar todos junto a la Patrona que la fruta y la hierba segada no se malograra por culpa de una tormenta inoportuna… confiando desde tiempo inmemorial a la patrona la protección de sus medios de subsistencia, ante los temidos y por estas tierras tan frecuentes fenómenos meteorológicos destructivos. En esta romería la Virgen rara vez bajaba a la ciudad, limitándose a dar una serie de vueltas en torno a su ermita en el cerro de las Águilas Altas… procesión que a su termino continuaba con una animada subasta con los regalos aportados por sus devotos fieles –esvotos que solían ser productos agropecuarios sobre todo animales tales como cabras, ovejas, cerdos, aves de corral, caballos… - y que pasaban directamente a engordar las arcas de los frailes agustinos…

Antiguos festejos taurinos en honor a la Virgen del Pilar de Arenas, ya que
se puede apreciar el balcón de la Virgen en la fachada de la parroquia dónde
veía los toros el párroco y sus acólitos...
La segunda romería se llevaba a cabo cincuenta días después de la primera. Concretamente el martes siguiente a la fiesta de Pentecostés. Entre los meses de mayo y junio. Meses claves considerados tradicionalmente como “la puerta del año”. Ya que dependiendo de la meteorología de mayo, se podría saber o mejor dicho interpretar o augurar, como sería el clima y fenómenos atmosféricos en los meses siguientes y con ellos la abundancia o mengua de las cosechas. Fecha de celebración nada casual ya que del mismo modo que en la romería anterior, guarda una relación alegórica intencionada. Pues la dicha fiesta era y es una de las más importantes fiestas cristianas, junto a la Pascua y al Corpus Cristi… de hecho la palabra “penta” – que en griego significa cincuenta – está relacionada con el número , número que es el símbolo del ser –hombre o mujer- de la salud y también del amor, sirva de ejemplo la importancia alquímica y transmutadora de la quinta esencia… número que esta representado en los cuatro miembros o extremidades corporales, todos ellos articulados o coordinados por la razón del quinto elemento, la cabeza. Así mismo representa la unión de los elementos tierra y cielo esquematizados en la estrella de cinco puntas –símbolo de la diosa egipcia Osiris -  al estar en relación con los cinco sentidos, los cinco dedos de la mano o la multitud de elementos de la naturaleza ajustados a este número cabalístico con una potente carga esotérica… De todos modos la fiesta de Pentecostés tal y como se celebra en la cristiandad, es de origen judeocristiano. Conmemora el día en el que reunidos y escondidos los doce apóstoles, con María madre de Dios, y María Magdalena y los Apóstoles tras la crucifixión de Cristo –incluido San Andrés- temerosos de la persecución de los judíos. Se les presentó el Espíritu Santo en forma de lenguas de fuego, infundiéndoles valor para predicar la doctrina de Cristo. Y el don de hablar y entender todas las lenguas –así consta en el libro de los hechos de los apóstoles capitulo 2- momento a partir del cual la nueva religión se extendió por todo el orbe. Fiesta que ya celebraban los judíos conmemorando su éxodo o salida de Egipto. Siendo para ellos la fiesta de las “primicias de las cosechas de la cebada”. Y que causalmente coincide con el tiempo en el que reciben la primera siega los prados de estas tierras incluida la abundante cebada sembrada por estas tierras y sierras y las primeras cosechas de las sabrosas cerezas y guindas garrafales.

Por eso no es extraño que en una sociedad eminentemente agropecuaria, se buscara el poderoso amparo de la Madre Dios, rodeándola de todos estos elementos alegóricos de protección, para conjurar los mencionados y por desgracia usuales fenómenos naturales, tales como las tormentas, granizo, sequía, inundaciones, plagas, etc. Como pasó el mes de septiembre de 1841. Año en el que una terrible plaga de pulgón atacó los olivares del partido, poniendo a gran parte de la población en serio riesgo de ruina económica. Plaga que junto a una terrible y pertinaz sequía amenazaba con la ruina y la hambruna a toda la población. Por lo que el día 19 de aquel mismo mes de septiembre, pusieron a la Virgen del Pilar en rogativa, haciéndola una concurrida novena especialmente dedicada a alejar tal peligro. Cuenta la tradición oral que a los dos días de empezar la novena empezó a llover… Para agradecer el favor de la Patrona se organizó otra romería y misa el día 26. La procesión salió por la puerta del Hospital de San Bartolomé hacia la Corredera, siguiendo el siguiente recorrido, calle Empedrá, Prado de Escalonilla – topónimo de etimología sefardita, que bien pudiera indicar la antigua situación del camposanto hebreo… - Fuente de la Carrellana, Cuesta de San Agustín hasta llegar a la Oliva de la Virgen. Lugar en el que se ofició la misa mayor y desde el que el párroco realizó el “exorcismo” para alejar la plaga de pulgones, ya que el problema de la sequía se había resuelto. Repitiendo el mismo ritual desde el también desaparecido “Arco de San Agustín”. La tradición cuenta que tras la rogativa la Virgen los libró del pulgón. Aconteciendo según afirmaron los asistentes un curioso prodigio, ya que aquel día llovía con fuerza en todo el término municipal, excepto en el cerro de las Águilas Altas dónde lucía un sol fuerte y vivificante… tras el exorcismo al terrible pulgón volvieron a bajar al templo arenense la preciada e idolatrada imagen de la patrona por la Cuesta de San Agustín, la Carrellana, calle de Peribañez, Fuente Abajo y el Altozano, entrando la comitiva al hermoso templo por la clausurada puerta del Mediodía o puerta del Sol –puerta en cuyo pórtico desde los primeros años de vida de la ciudad, era costumbre reunirse a campana tañida el concejo y cofradías más importantes para celebrar sus plenos, reuniones, etc. – Cuentan las fuentes que a los tres días la plaga de pulgón desapareció dándose aquel año una excelente cosecha de aceite…

"Aquí torito valiente, aquí torito leal. Yo soy el de la otra tarde, acabame de
matar. Que me tienes medio muerto, y luego me han de enterrar, con las flores
de tu huerto..."
Antes de continuar me gustaría reparar un poco más en el temor fundado de mis antepasados a las calamidades provocadas en los campos y ganados tanto por las plagas y epidemias, como por las destructivas tormentas de granizo y agua caía a destiempo, que solían asolar nuestros campos durante la primavera,. Y para ello  me voy a remitir al interesante comentario que realizó al respecto el estadista Pascual Madoz el año de 1846, en su diccionario  geográfico – estadístico – histórico de España. El cual dejó descrita una ancestral e irracional creencia de los habitantes del partido, los cuales creían que tales perjuicios y catástrofes eran provocados por las brujas, bestiglos y nigromantes que según nuestra tradición oral habitaban en lo más profundo de la Sierra. Argumentando además que ni siquiera los pastores trasterminantes se atrevían a subir con sus ganados a los frescos y verdes pastos del circo de Gredos, y menos aún bajar a la Laguna Negra –hoy de Gredos – pues existía la arraigada creencia popular de que era en dicho lugar donde habitaban y se refugiaban buena parte de dichos personajes fantásticos o no tan fantásticos. Creencia que quizás fuese provocada por venir dichas tormentas primaverales de aquella zona al otro lado de la Sierra… Sea como fuere y a pesar de contar con el amparo de los Santos patronos como abogados contra dichos seres maléficos, tanto en Arenas de San Pedro como en los pueblos del partido, era costumbre salir en procesión el día 25 de abril, fiesta de San Marcos, en procesión hasta las cuatro esquinas de la ciudad para exorcizar y bendecir los campos, en un claro intento de alejar dichos seres infernales y con ellos sus terribles maleficios en forma de plagas, tormentas o sequias…

¿Pero por qué eligieron los arenenses el martes – día dedicado al dios Marte, dios romano de la guerra- y no otro día de la semana para celebrar las más importantes romerías a la Patrona? Como bien me indicaba mi buen amigo Juan Garcerá yo también creo que el hecho de que sendas romerías se celebrasen el martes siguiente a tan importantes y antiguas fiestas religiosas tenían un doble sentido simbólico intencionado. Por un lado subyace el intento de establecer una alianza con el dios de la guerra, festejándole y amparándose de forma encubierta a tan poderoso aliado, para defenderse de los posibles desastres climatologicos. Y por otro lado creo que se celebraba el martes, para que no se solapasen las fiestas patronales, con las fiestas del Domingo de Resurrección y el de Pentecostés. Reforzando de este modo aún más estas importantes fiestas del calendario cristiano.

Las antiguas tradiciones taurinas arenenses, empezaron a perder peso y
decaer  a partir de la inauguración de la nueva plaza de toros...
La tercera romería era la más arenera de cuantas se le hacían a la patrona, si se me permite la expresión. Ya que a ella solo acudían los hijos e hijas de la ciudad, acompañado a los quintos de hogaño sus familiares y amigos más directos cada 31 de diciembre. Ese día se reunían en la plaza Mayor todos los quintos “ de hogaño o entrantes”, con los quintos que ya habían cumplido el servicio militar o “salientes”. Se situaban todos frente el ábside parroquial, lugar desde el que entonaban las melancólicas y canoras canciones tradicionales de los Quintos junto a otras coplas dedicadas a Ntra. Sra. del Pilar de Arenas. De allí y sin parar de entonar dichas tonadas tradicionales de quintos, las de Ntra. Sra. y  las peculiares navideñas acompañados de los tradicionales y exclusivos panderos areneros – panderos que se solían hacer con pieles de perro y también con la piel de los chotos abortizos, o lo que es lo mismo con la piel de los chotos que aún no habían nacido y eran sacados muertos una vez sacrificada las vacas de ellos preñadas… decorándolos  con una tinta natural hecha con las larvas de avispa del roble, ceniza de corcho y grasa de cabra para lograr el color negro o con ocre de las ferrerías de la Tablá para lograr el color rojo tinta con la que realizaban hermosos dibujos florales, zoomorfos, astrales, antropomorfos, enamorados y geométricos sobre todo… Panderos que se cuelgan  con una cinta o cordel del hombro y que se hacen redoblar golpeándoles con cañas de angélica, planta muy común en estas tierras y que los arenenses suelen recoger en los montes y también en las inmediaciones del cementerio donde brotan las más fuertes y grandes… panderos que se acompañaban con los atávicos sones de los almireces, calderillos, zambombas, castañuelas, sartenes, hueseras, triángulos… De este modo y en alegre compañía subía la comitiva por la calle Mesones, la plaza de la Cruz Verde, la calle Matadero, la Carrellana y Cuesta de San Agustín, hasta llegar a las puertas y muros del desaparecido convento y ermita del Pilar de Arenas, para escuchar  todos juntos la última y primera misa del año. Misa que oficiaba el prior del convento y a la que tenían obligación de asistir las autoridades y personajes relevantes arenenses. Tras la misa llegaba uno de los momentos álgidos, ya que era tradición y costumbre secular al finalizar el oficio religioso, cantar los quintos entrantes y salientes, sendos himnos de agradecimiento y protección a la Patrona. Tras los cuales las madres de los quintos entrantes compraban una medalla bendecida con la imagen de la Virgen del Pilar de Arenas. Medalla que funcionaba como un talismán con el que alejar las balas perdidas o cualquier peligro bélico durante el tiempo que los mozos militaban fuera de nuestra ciudad. Gracias de nuevo a la ímproba labor recopilatoria de Don Marcelo se conserva el himno que entonaban los quintos de hogaño o entrantes. Himno que paso a transcribir literalmente a continuación;

“Adiós Madre, adiós Virgen del Pilar. Haz que pronto podamos volver,
a rendirte fervientes ofrendas,de esperanza, de amor y de fe.
Somos los quintos de este tu pueblo, que te procesan ferviente amor.
De ti venimos a despedirnos, dadnos, o Madre, tu bendición.
En nuestra ausencia te llevaremos, siempre grabada en el corazón,
sea tu medalla nuestra defensa y escudo Santo de protección”.
Por ti Virgen del Pilar, la ciudad de Arenas preferentemente por ti.
Madre querida, hermosa y divina. Estrella y luz de las almas.
Señora de cielo y tierra.
En obsequio tuyo seguirá Dios de cutio esparciendo a raudales,
las magnificencias de su predilección sobre la ciudad de Arenas.
Y santificará la parroquia sede de tan Gran Reina.
Y salvará a sus hijos y bendecirá a todos los pueblos de esta tierra,
Tan justa y maltratada por los siglos de los siglos Amen.

Por mi parte paso a transcribir, el himno de los quintos salientes, que de niño apunte de la voz sabia y siempre amable, de mi buena convecina la Sra. Natalia Plasencia. Dice así;

“ Salve Madre, gracias Virgen del Pilar,
por habernos dejado volver, a rendirte fervientes ofrendas,
de esperanza, de amor y de fe.
Somos los hijos de este tu pueblo, que te procesan ferviente amor,
a ti venimos, Sol Reluciente, a agradecerte tu protección.
En nuestras vidas te llevaremos, siempre grabada en el corazón,
que es tu medalla nuestra defensa, y escudo Santo de protección”…

La Sra. Natalia Plasencia también me contó que las madres antes de colgar las medallas de la Virgen sobre el pecho de sus hijos, rezaban la siguiente oración  dedicada a Santa Mónica, apretando contra el pecho con fuerza la medalla y  talismán protector, dice así;

Santa Mónica bendita, madre de San Agustín,
diga a la Virgen Chiquita, que no se olvide de mí.
Que a Dios entregué mi alma, y todas las que parí.
Santa Virgen del Pilar, como Patrona de Arenas,
a vos entrego mi hijo, libramelo de la guerra”.

Interior de la cisterciense Colegiata arenense, dónde se custodia y venera la
imagen de la patrona de la ciudad.
También la señora Natalia recordaba haber oído decir a su abuela que durante la procesión de bajada a la ciudad y la de subida a su ermita, los quintos salientes y entrantes respectivamente danzaban ante la imagen de la Virgen una antigua Danza de Espadas, de la que apenas quedan referencias, algunas de ellas son las notas bibliográficas dejadas en los archivos municipales, donde quedó registrado entre otras cosas el gasto de los tamborileros que acompañaban a los quintos, y que era asumido por el concejo de la ciudad. Una vez terminada la misa y rituales de protección, y del mismo modo que se subía a la ermita, volvían a bajar, cantando con más fuerza y vigor si cabe, que en la subida. Recorriendo o rondando las principales calles y plazas de la ciudad, disolviéndose poco a poco tan magna comitiva al llegar las primeras luces del día.

Cuando llegaban de nuevo a sus casas, y durante todo el día 1 de enero o de San Silvestre,  los quintos y sus familiares junto a las amistades solían celebrarlo con una cena y convite familiar especial, en la que no podían faltar los tradicionales dulces caseros, tales como las perrunilllas, mantecados, bizcochos, magdalenas, rosquillas, flores, licores y por supuesto la limonada y vinos del lugar… A la mañana siguiente, día 1 de enero se llevaba a cabo otra interesante tradición, los quintos salientes hacían una carrera de yuntas cargadas con dos meños, uno grande y otro algo más pequeño – los meños eran piedras de granito de grandes dimensiones, cuyo peso no he podido saber, pero que representaban l más grande a Ntra. Sra. y la más pequeña al niño, en conmemoración de las tres veces que fue llevada a Córdoba…- tiradas por potentes yuntas de vacas avileñas. Las cuales competían por subir la serpenteante cuesta de San Agustín en el menor tiempo. Ganando de este modo la yunta que menos tiempo tardase en llegar a las puertas del convento y ermita. Dicha competición o carrera comenzaba en la fuente de la Carrellana y como decía anteriormente terminaba a las puertas de la ermita. El premio que obtenía el ganador no era material, sino honorífico. Ya que dicha yunta era considerada por todos la mejor de la ciudad, y por lo tanto del mismo modo el carretero que la guiaba y el amo de la misma.

Grupo de arenenses a l puerta de San Pedro con
los trajes de fiesta tradicionales
También era costumbre el día de San Silvestre, entre los quintos entrantes, salir a los montes en busca del árbol más alto –generalmente un chopo o jaranzo- transportándolo a hombros entre todos ellos, una vez peladas sus ramas – excepto las de la cogolla que se dejaban a modo de adorno o remate… - desde el monte a la ciudad, plantándolo en  medio de la plaza Mayor. No sin antes tener que enfrentar sus fuerzas a las de los quintos salientes. Enconados estos últimos en estorbar e impedir que los quintos entrantes plantasen el árbol y más aún tirando de él una vez plantado para derribarlo y echarlo a tierra, cosa que no solían lograr, ya que los familiares de los quintos entrantes solían ayudar a plantarlo, mientras que los familiares de los quintos salientes, no podían ayudar a sus parientes y amigos. Todo ello en animada fiesta y concurrencia, pues en este acto participaba de forma activa toda la población. Esto me contaba mi buen vecino el arenense Sr. Manuel Moreno, sentado plácidamente en poyo de su puerta con su mujer Dña. Elvira Romano. Matrimonio arenense con el que aprovechaba muchas tardes para conversar y aprender algunas cosas de las yuntas de vacas que él había tenido y de “las cosas de antes” que ahora les cuento yo a ustedes.

Antes de terminar con las romerías antiguas de Ntra. Sra. del Pilar de Arenas, quisiera recordar a mis paisanos y curiosos o interesados, algunas curiosidades, como por ejemplo, que en el año 1939 estrenaron las andas de plata nuestros patronos, las de la Virgen costaron poco más de cinco mil pesetas de entonces, andas que incorporaban una novedad por entonces muy poco usual, al contar con cuatro lámparas iluminadas con electricidad… del mismo modo el año 1941 se encarga a las monjas Adoratrices de Zaragoza la elaboración del manto de seda bordado en oro, piedras preciosas y perlas que luce en su fiesta. Obra de arte que tras realizarse dio para hacer un cojín y una sabanilla para cubrir el cuerpo del Santo Sepulcro, de las mismas características costeadas por la arenense Josefa del Arco, no así el manto de la Virgen y sus andas, que fueron compradas entre todos los arenenses aportando sus joyas. Piezas estas últimas que contaban con 60.440 perlas y aljófares, todos ellos sobrantes de la cuestación realizada entre los vecinos de la ciudad. Y aún así fueron devueltas a sus propietarios otras tantas que sobraron… del mismo me gustaría recordar a mis paisanos y paisanas que  la corona de oro macizo que luce la Virgen los días de fiesta fue realizada en los Talleres de Arte de Madrid el año 1923, corona que como dije anteriormente costó 1000 ptas. recaudándose para tal efecto entre los vecinos de Arenas unas 1066 ptas. Dinero de más que junto a las joyas que sobraron fueron de igual modo que lo sucedido con el valioso manto devueltas a sus propietarios… Para coordinar los ingresos y aportaciones de los devotos arenenses, se decidió abrir una cuenta corriente en la Caja Rural del Sindicato el año 1924… - para ser justo he de recordar dicha cuenta no se abrió con el único fin de costear los gastos del manto y las andas de la Virgen, sino que sirvieron además para comprar las andas de plata del Santo patrón, la aureola de plata dorada, el habito de terciopelo bordado en oro, el corazón de oro y la pluma de plata que luce en los días de su fiesta mayor -  

Poco después concretamente el año 1951, se colocan en los laterales del altar de nuestros patronos las espléndidas cerámicas firmadas por el gran maestro alfarero Talaverano Ruy de Luna, reconocido en todo el reino… cerámicas pintadas con hermosos ramos de flores y frutos recogidos por cintas, imitando los arcos que de antiguo se hacían para adornar los barios de la localidad en las fiestas de los Barrios la Octava del Corpus Cristi… del mismo y firmado por tan prestigioso ceramista se colocan en las cistercienses paredes del templo el valioso vía Crucis costeado íntegramente por el ayuntamiento de la ciudad, el obispado de Ávila y la parroquia de Arenas no puso ni una peseta para la adquisición y colocación de estas obras de arte. Cerámicas que comparten espacio con otras mucho más antiguas de estilo talaverano, concretamente las puestas a modo de zócalo desde las pilas de agua bendita sitas a las puertas de entrada del templo, hasta los ambones de dichos altares patronales. Cerámicas estas últimas que fueron retiradas de la altomedieval ermita de los Llanos pocos años antes, como veremos a continuación.

Ruinas de la entrada a la ermita de los Llanos, puerta por la que pasa el Cordel ganadero...
Ruinas de la fachada principal de la ermita de Ntra Sra. de los Llanos en Arenas de San Pedro.
                                                                               
Romería a Ntra. Sra. de los Llanos.

La antigua ermita de los Llanos esta situada a la vera del río Arenal, en medio de la Cañada real en un ameno y estratégico punto geográfico, en el que aún se pueden ver los restos de esta interesante ermita. Sin embargo y por desgracia pocas son las historias y leyendas que quedan aún por contar a cerca de las alegres romerías y costumbres tradicionales, relacionadas con la antiquísima talla de la Patrona de los Llanos. Costumbres que se han perdido para siempre en la memoria individual y colectiva de los arenenses. Sea como fuere la romería de la Virgen de los Llanos, desapareció –¿o quizás prohibió?- en el siglo XVIII. y eso a pesar de que dicha imagen recibía culto en uno de los templos más antiguos de la jurisdicción y comarca desde tiempos altomedievales, como lo prueban los abundantes restos arqueológicos allí encontrados… Restos arqueológicos que abarcan un amplio espectro y panorama de humanización continuada, que abarca desde el paleolítico, hasta el siglo XVIII. En la misma ruina se puede contemplar una magnifica lápida funeraria paleocristiana del siglo V. Lo único que quedó tras el  hallazgo de  un  tesorillo visigodo, depositado en la ciudad de Toledo en el siglo XIX. Depositado en dicha ciudad por pertenecer entonces Arenas y su comarca a dicha provincia castellano manchega. Ermita que fue parroquia de una aldea cuyos orígenes están íntimamente ligados a las minas de hierro, y en menor medida de plata y oro que desde antes de la llegada de los romanos, ya se explotaban por las tribus vettonas que en esta tierra habitaron. Minas que aún pueden visitarse como las de la Tablá, Castañarejo, Culicagao, La Caras, las Brujas o la del Búho entre otras  –  en las cuevas y minas de Castañarejo sin ir más lejos se han hallado restos del paleolítico… -. Minas en cuyas cercanías aún se pueden observar áreas con verdaderas montañas de escoria, como el escorial que existe a escasos metros de la ermita de los Llanos o el de la finca de mis parientes los Changalitas… o a escasos metros por encima de la ermita, estando ambos lugares en las inmediaciones del río Arenal. Minas férreas y argénteas que dieron nombre a la comarca conocida desde la alta edad Media hasta el siglo XVIII, como las Ferrerías de Ávila. Incluso el nombre mismo de Arenas en sus orígenes llevaba el sobre nombre de Arenas de las Ferrerías… Vestigios a los que hay sumar los cercanos poblados protocélticos de los Castillejos, los Barriblanco o Canto Morcón entre otros. Algunos de ellos verdaderos castros, en los que no faltan vestigios anteriores como curiosos petroglífos o pinturas rupestres del calcollitico. 

Ruinas de las antiguas Casas de la Villa en las inmediaciones de la ermita de los Llanos
Yacimientos que nos indican la temprana población de esta fértil zona, en la que las tierras calcáreas ofrecían además otros recursos minerales, como la explotación de cuarzo o guijos y sobre todo de cal. Como prueba de ello aún se pueden visitar numerosos caleros en los que se cocía dos tipos de cal. La cal ocre para fabricar el resistente mortero y la cal blanca con la que se jalbegaban y desinfectaban las fachadas y cocinas de las casas tradicionalmente. Cales que se exportaban a las provincias limítrofes, y de las que se obtenían pingues beneficios, manteniendo a no pocas familias de caleros hasta principios del siglo XX, gracias a continuos viajes de los afamados carreteros y arrieros areneros. Herencia minera que se ha mantenido y transmitido gracias a la tradición oral, envueltas en hermosas leyendas como la del Venero Gallito. Venero que surge en medio del llano cerca del río Arenal, y que es la única fuente de agua potable de la zona y aldea. Leyenda en la que no falta una hechicera o sanadora, capaz entre otras cosas de hablar con los animales, la cual vivía a la vera del venero, en una sencilla choza bajo una enorme morera acompañada con una ahijada que rescató de las aguas cual Moisés, entre unas eneas del cercano arroyo Avellanea, llamada Bellanea… un rico hombre llamado Ferrero con una hija malcriada arrogante y despótica llamada Gertrudis, pastores, lobos, mineros, topos y hormigas. Personajes todos ellos cargados de un profundo sentido simbólico, especialmente las hormigas, atributo que la romana diosa Ceres utilizaba para hacer premoniciones… Además estos animales representan para la tradición oral local entre otras cosas los aspectos más deleznables de la condición humana, como las enfermedades y males venidos del inframundo en el que estos insectos viven. Y por su multiplicidad el poder invicto de la naturaleza, capaz de quitar la vida a hombres y mujeres de cualquier edad y condición. Por lo que es un símbolo cargado de connotaciones negativas. Ellas son las encargadas, según la tradición oral, de destruir todo signo de vida, incluso los ganados o las piedras de las casas de la aldea de los Llanos, de la que no dejaron ni rastro, ni piedra sobre piedra. Destrucción de la que tan solo se libró la ermita del lugar, pues al ser un lugar Santo, fue respetado por las fuerzas subterráneas del mal infernal simbolizado en dichos insectos. Tierra sagrada en la que se refugió el único superviviente de la masacre, el pastor Juanillo, gracias al cual según se cuenta, se pudo saber lo que allí pasó. Y que se ha de interpretar como un recordatorio del paso catastrófico de terribles epidemias y pandemias. De hecho no es la única leyenda de estas características que da una explicación poética a la desaparición de algunos antiguos núcleos en el Valle del Tiétar. Pues del mismo modo se cuentan leyendas de similares características  en otras poblaciones del partido como pudieran ser la Villa de Gavilanes, Pedro Bernardo, Mijares o Candeleda. Villas hermanas en las que también se cuentan historias similares, en las que ejércitos de hormigas salidas de los infiernos, arrasan y arruinan también ciertas aldeas altomedievales despobladas en el siglo XVIII. Como la leyenda de la Cueva del Relojero en Candeleda de similares características y sentido simbólico. Lugares todos ellos en los que el paludismo, pestes y fiebres han sido un mal endémico, por las optimas condiciones climatológicas de estas áreas bajas, situadas a menos de 400 m sobre el nivel del mar, en las que viven y se propagan los mosquitos e insectos transmisores de las mismas. Por lo que estas leyendas bien pudieran ser un aviso y recordatorio de desolaciones por problemas serios de salud en dichas áreas y actuales despoblados. Quedando en dichos lugares tan solo los restos arruinados de los templos como la ermita de la Virgen de los Llanos o la ermita de la Virgen del Helechar en las Torres del Fondo en la vecina villa de Gavilanes.

Puente, ermita y casas de la Villa en el antiguo despoblado de los Llanos
Tras el abandono y desdoblamiento de la aldea de os Llanos la ermita de los Llanos en sus últimos años de vida sirvió de refugio a pastores trashumantes y labradores, hasta su ruina total a mediados del siglo XX. Ruina que se tradujo en abandono definitivo a partir del año 1774.  Fecha en la que los agricultores y pastores de lasa cercanas Quinterías de los Llanos, solicitan por última vez al ayuntamiento de Arenas, los permisos y ayudas necesarias para hacer romería a la Virgen de Los Llanos. Y digo romerías por que se celebraban dos al año. La romería principal el día 15 de agosto. Y una semana después, el día 21 se volvía repetir una segunda romería, más lúdica y festiva, en la que era costumbre hacer “una fiesta de vacas”, a la que acudían gentes de toda la comarca y comarcas vecinas. Romería en la que se organizaba un animado baile que duraba hasta la madrugada. Con todos los excesos que eso conllevaba para una sociedad eminentemente oprimida por la rigidez impuesta desde las clases eclesiásticas. Costumbre que erróneamente se  interpretó como un acto de libertinaje en el que según el obispado abulense, eran frecuentes y perseguíbles dado a los abusos sexuales que en dicha romería se daban cita según ellos… En el cancionero tradicional arenense se conservan bellas coplas al efecto como estas;

Fui de romería a los Llanos, con mi yegua la Romera.
Y me subí a una serrana, con más bríos que la yegua.

A tu ermita se postran los labraores, Virgen bonita de tal manera.
Por ser la más bonita, Virgen labriega.

A tu puerta se postran también pastores, Virgen bonita de tal manera,
que las aguas del río, paradas quedan.

Si en el cielo manda Dios, las hormigas en la tierra.
Y en la aldea de los Llanos, manda la Virgen Labriega

Perdona que no me pare, puente viejo de Aquelcavos.
Voy en busca de mi novia, que vive abajo en los Llanos.

A la ermita de los Llanos, vamonos de romería,
Para cantar y bailar, hasta las luces del día.

A la ermita de los Llanos, donde van los labraores,
con una vela en la mano, y en la otra sus amores.

Coplas en las que salen a la luz el sentido agropecuario de tales festejos religiosos y paganos. Cosa nada extraña al estar dicha ermita inmersa en la zona en la que a pesar de su insalubridad, los arenenses secularmente han sembrado sus huertos, por la excelente calidad de estas tierras y del agua con la que se riegan aún en la actualidad. Pero volvamos a la antigua e interesante historia de la ermita de los Llanos. La ermita contaba con otras propiedades e instalaciones publicas y privadas adyacentes. Como una plaza para hacer las tradicionales capeas y juegos de toros o vacas,  varias buenas casas llamadas de la Villa y otra casa más cómoda y amplia que las anteriores para la residencia del custodio o santero del templo. Construcciones que formaron parte central de la antigua aldea que allí hubo. Aldea que según cuenta y quedó reflejado en la leyenda del Venero Gallito, fue arrasada por una plaga de hormigas, que no dejaron piedra sobre piedra como dije anteriormente. Fuera como fuese lo cierto es que tanto la aldea como su jurisdicción pertenecieron desde el siglo XIV a la ciudad de Arenas. Ciudad que a partir del siglo XVIII acabo por absorber la exigua y castigada población de los Llanos. Aún hoy en día quedan en pie los muros desnudos de la ermita, no así el resto de la misma. Pues lo que no consiguieron destruir las hormigas, lo logró el tiempo y la desidia junto a la falta de cultura e incluso de medios para su restauración y mantenimiento. Por eso el año 1916 el ayuntamiento de Arenas decide retirar los valiosos azulejos que adornaban los tres altares de los que disponía la ermita. Cerámicas que según quedó recogido en el Almanaque Parroquial de Don Marcelo, contaban con “hermosos temas marianos”. Muchos de estos azulejos se rompieron al ser arrancados a golpe de pico. Los que se salvaron fueron depositados y guardados en las dependencias del ayuntamiento arenense. Incluidas unas cerámicas más antiguas halladas de forma fortuita “al picar la sillería del presbiterio. Cerámicas que mostraban una escena de la pasión de Cristo…” El año 1951 como comentaba en el apartado de las romerías a Ntra. Sra. del Pilar de Arenas, se colocaron algunas de estas cerámicas en el cisterciense templo parroquial. Concretamente las que aún se pueden contemplar en los altares de los Patronos y friso que  va desde “los ambones del altar Mayor, hasta las pilas de agua bendita”. Por desgracia no corrieron la misma suerte la vetusta campana de la modesta espadaña de la ermita primero y posteriormente la altomedieval pila bautismal, ambas fueron robadas a mediados y finales del siglo XX respectivamente, la primera por un vecino de arenas, y la pila bautismal por alguien con muy poca catadura moral que no he podido descubrir por el momento –por fortuna no sufrió el mismo expolio la ermita de las Torres del Fondo o del Helechar en Gavilanes cuyos bienes inmuebles, campana y pila bautismal, fueron recogidas y repartidas equitativamente entre las localidades de Pedro Bernardo en cuya parroquia podemos admirar la artística pila bautismal altomedieval de dicha ermita, y las parroquias de las villas hermanas de Gavilanes y Mijares - Siglo en el que se hundió definitivamente el artístico artesonado y techumbre impidiendo el culto y su función de refugio temporal de pastores trashumantes y carreteros. Algunos arenenses han podido ver cierto documento de transmutación entre el obispado de Ávila en nombre de la parroquia de Arenas, y la familia que adquirió los terrenos e instalaciones adyacentes de dicha ermita a principios del siglo XX, en el que según parece la familia Torres que cambió unos terrenos en la ciudad de Ávila, por dichos vienes arenenses, debía mantener la ermita abierta al culto, y en caso de que se hundiera el tejado y faltase la campana, dicho templo pasaría de nuevo bajo la tutela del ayuntamiento. Sin embargo yo no he podido ver dicho documento por lo que no puedo dar fe de su existencia.  Lo que si puedo afirmar que cuando intenté investigar dicha acción mercantilista hace más de quince años, la parroquia de arenas no me permitió acceder a este y otros documentos, lo que me hace sospechar de ciertas irregularidades como verán a continuación…

Lápidas de sarcófagos paleocristianos en la ermita de los Llanos
Lápida paleo cristiana labrada del siglo V en la ermita de los Llanos
 Tal fue el expolio de la ermita de los Llanos, que tan solo la talla de la Virgen de los Llanos se salvó de ser vendida o sustraída, gracias a que el ayuntamiento la recogió y subió a la ciudad de Arenas colocándole en una primera instancia en la capilla del cementerio nuevo de los “Reagajales!”. Quedando la ermita totalmente desmantelada desde el año 1920. Sin embargo al seguir estando aquella zona altamente poblada por familias de pastores y agricultores que vivían en las Quinterías, el año 1964 Jesús Cruces alcalde de Arenas por entonces, ordena la construcción de una nueva escuela en medio del cordel, a escasos metros de la ermita primitiva, del mismo modo construida en medio del cordel ganadero, que pasaba y deberá seguir pasando, por delante de la puerta de la ermita primitiva. Digo que deberá seguir pasando porque sus actuales propietarios han cerrado el paso y acceso a la misma… dicha capilla-escuela fue hecha para que los hijos de los habitantes de las Quinterías de los Llanos, tuvieran acceso a la educación y pudiesen ir a misa y demás cultos sin tener que desplazarse a la distante ciudad de Arenas o al anejo de Ramacastañas –dicho anejo se anexiono a la ciudad de Arenas el 6 de enero de 1846, junto con la aldea de los Fontanares hoy Hontanares… -  Todo este celo y poder de decisión municipal, que actuó como único propietario y custodio de los bienes de la ermita me hizo plantearme varias preguntas, a las que por falta de documentación como decía anteriormente no he podido hallar respuesta. Una de ellas es muy simple, si el ayuntamiento de Arenas daba los permisos para celebrar la romería, poseía y gestionaba las casas de la Villa, casa del santero y la plaza de toros. Ordenando además entre los años 1916 al 1964, el desmantelamiento y custodia de los bienes de la ermita ¿Cuándo y cómo dejó de ser la ermita de los Llanos un monumento de uso publico, para convertirse en privado? O por qué se ha cerrado parte del cordel ganadero que venía por la puerta de dicha ermita como atestiguan varios pastores de dentro y fuera de nuestra comarca… Por fortuna la valiosa y antigua talla románica de la Virgen de los Llanos, fue rescatada por el ayuntamiento del expolio y profanación, que no por la parroquia ni el obispado, y colocada en la capilla municipal del cementerio nuevo. Sin embargo y sin que haya descubierto los motivos lo cierto es que  tras su colocación en dicho lugar municipal, fue de nuevo retirada esta vez por el párroco de entonces y guardada en la casa parroquial. Colocándola no hace demasiado tiempo en la sacristía de la parroquia lugar en el que permanece en la actualidad. por todo ello considero al Ayuntamiento, obispado, y vecindario, junto a las desafortunadas desamortizaciones de los siglos XVIII y XIX, responsables del abandono, ruina y pérdida de esta importante parte del patrimonio histórico, religioso y cultural arenense.

Valiosa y auténtica talla románica de Ntra. Sra. Sta. María de los Llanos.
                                                                              
La talla de Ntra. Sra. de los Llanos creo que es una bellísima representación románica de la Asunción, de hermosa y detallada policromía. Mide no más de 70 cm. de altura desde la peana a la cabeza de la talla. Mostrando en la cabeza las marcas de una corona desaparecida. Tampoco puedo afirmar si esta talla se veneraba vestida o sin vestir ricos mantos, al no quedar documentación alguna al respecto. Aunque me atrevería a afirmar que así debió ser, debido a la costumbre secular de estas tierras de vestir a todas las imágenes principales, con independencia de que sean tallas completas o no. Por todo lo dicho lo que si puedo afirmar a mi pesar es que poco más se sabe de las romerías a la Virgen minera y agrícola de los Llanos. Romería que debió ser importante a tenor de las vacas y toros que allí se corrían y comían en sus fiestas principales. Privilegio este de contar con juegos de toros que se reservaba y concedía en casos excepcionales, pues tales costumbres estaban destinadas únicamente para halagar a las mayores dignidades. Festejos taurinos que nada tienen que ver con el concepto actual de las corridas de toros creado a finales del siglo XVIII. Ya que se trataba más bien de banquetes ritualizados en los que el toro pasaba a representar las antiguas virtudes y fuerzas mágico religiosas de la deidad pagana, y posteriormente cristianizada a través de la intercesión y culto mariano. Poderes mágico-religiosos que tras ser ingeridos en una ancestral comunión pasaban sus propiedades de forma simbólica, a quienes los comían y participaban de tan magno y singular banquete. Siendo además una forma asequible para todas las clases sociales de comer un poco de carne. Algo que se consideraba un lujo, sobre todo para las capas sociales  más desfavorecidas. Toro o vaca que antes de ser sacrificados permitía demostrar la valentía personal de los hombres y mujeres del partido, amparándose con fe ciega en la protección divina. En aquellos festejos taurinos o capeas las reses no eran heridas ni menguadas sus fuerzas con picas, banderillas, saetas o venablos. Durante el recorrido por los campos y calles del ancestral recorrido. Hasta llegar a la plaza Mayor, lugar en el que las mozas llevaban banderillas que ellas mismas hacían y forraban con seda o y lana de vivos colores, que daban a sus novios, hermanos o amigos para que estos se arrimaran al toro para prendérselas arropados por los clamores y tradicionales chillidos de las mujeres más mayores. Mientras que los hombres de edades avanzada cuyas piernas ya nos les permitían arrimarse al toro, lanzaban desde las barreras dardos del mismo modo decorados con brillante seda o policroma lana… quedando el pobre animal totalmente cubierto por dichos elementos de castigo, cuya función principal era la de provocar que la sangre del animal brotara por todas partes. Sangre con la que se manchaban los mozos que más se arrimaban a ellos y por lo tanto los más valientes. Manchas que orgullosos lucirían durante toda la mañana o incluso durante todo el día, como símbolo de virilidad y fertilidad. Del mismo modo solían hacer con las capas y capotes, cuyas manchas eran la prueba inequívoca de su valor y supremacía de la inteligencia humana contra la fuerza bruta del toro. Costumbre a mi modo de ver bárbara y sanguinaria que hoy en día ha perdido todo su sentido, pero que estaba cargada de fuerza simbólica para mis antepasados más directo. Antepasados taurinos que aunque en mayor medida solían ser hombres, no excluían a las mujeres toreras tan famosas en la comarca y tierra de Arenas como queda reflejado en no pocos cantares propios de estas fiestas milenarias de origen claramente pagano que con el tiempo y debido a la importancia de las mismas, fueron incluidas en los festejos religiosos más relevantes como queda dicho. Sirvan estas coplillas del cancionero tradicional arenense para ilustrar todo lo dicho.

De la Corredera salen, los toreros y toreras,
y del barrio San Juan Alto, salen las banderilleras.

Préndele las banderillas, préndeselas con salero,
que el prender las banderillas, es la sal de los toreros.

Préndele las banderillas, no las supiste prender,
por prenderlas del derecho, las prendiste del revés…

No te burles de mujeres, que saben poner la silla.
La mía es capaz de prenderle, a un toro las banderillas.

Catalina, Catalina, Catalina la Torera,
la visten de señorita, los mozos de la Rivera

De Sabina viene el toro, de la Canchuela toreras,
y del Barrio San Juan Alto, salen las banderilleras.

Los toreros en la plaza, cuando van a torear,
se ponen descoloridos, como la nieve en el mar.

Como la nieve en el mar, que pierde todo el color,
sangrando de puñaladas, traigo yo mi corazón.

Otro torito, otro torero, pa que la Farracana, eche buen pelo.
Otro torito, otro torito, pa que la Farracana, coma un poquito.

Y otro aparato, otro aparato, pa que la Farracana, pase un buen rato.
Otro torito, otro torito, de los de Paqui Chinas, que son bravitos.

Ya no hay capea, ya no hay capea, porque las niñas guapas, se han vuelto feas.
Ya no hay capea, ya no hay capea, porque los de Guisando, nos la estropean.

Si que la hubo, si que la hubo, que somos los de Arenas muy cojonudos.
Ese parreño ese cobarde, que antes de ira a los toros, te emborrachaste.

Señor alcalde, señor alcalde, si no hay capea, que no haiga baile.
Y si no hay baile que no haiga misa, que los de Arenas no la precisan.

Las banderillas que traigo, están bordadas con seda,
que las bordó mi serrana, pa que vayan las primeras.

Buena carrera hizo el toro, y el ladrón de mi marido.
Como los dos llevan cuernos, me llevé a casa el novillo.

Dicen que no ha de haber toros, porque no vienen toreros.
Los toreros son de Arenas, con mucha sal y salero.

Son las diez de la mañana, la capea sin venir,
Feliciano esta en la puerta, diciendo que ya está aquí.

Pa la función de la Virgen, ya tenemos los toreros,
Santitos el mataor, Felix el banderillero.

Peseta el sobresaliente, y Migue hace el espejo,
pa que se ría la gente, cuando saque el burro viejo…

Los toritos de la Feria, han sido muy traicioneros,
han cogido a Jesusillo, lo han revolcao por el suelo.

Los toritos de la Virgen, han sido muy valerosos,
que han entrado en la plaza, sin pillar a ningún mozo.

Los toritos de San Pedro, dicen que no han sido bravos,
se lo digan a los mozos, que bien que le han toreado.

Los toritos de los quintos, dicen que no han sido bravos,
pregunten al tío Bichillo, que los cueros le han dejado.

Le han cogido entre los mozos, le llevan al hospital,
y le han vendao la cabeza, que parece un genera.

Cantarillo, Cantarillo, ya te lo decía yo,
que los toros de la feria, iba a ser tu perdición.

En Madrid murió Gramero, y el Sevilla Valerito,
y en Arenas de San Pedro, casi muere el Cantarillo.

Cantarillo, Cantarillo, guárdate en el pensamiento,
la calle triste Condesa, pasaste muy mal momento…

El otro día en la capea, hubo vistas colosales,
que le revolcó en la plaza, la vaquilla al de Poyales.
A Máximo Calorín, la vaca le volteó, le ha roto los pantalones,
y el cuarto de la despensa, al aire se lo dejó.
Que hermosas vistas señores, en la plaza se veían,
la gente haciendo honores, a Calorín le decían…

A Paquillo le han comprao, una capa de torero,
con un letrero que dice, soy de Arenas de San Pedro.
Ay Paquillo, Paco. Paquillo del alma. Al torito bravo clávale la espada.
Clávale la espada, dale buena muerte, y al torito bravo que se la merece.
Ay Paquillo Paco, sigue la carrera, que las mozas guapas son todas de Arenas.
Son todas de Arenas, con sal y salero, ay Paquillo, Paco, el mejor torero.
Y otro toro y olé, y otro toro y ole, y otro toro que sea bravo.
Y otro toro y olé, y otro toro y olé, para los aficionados.
Y otro vaca y olé, y otra vaca y olé, para las serranas guapas.
También los pide la reina, también los ha pedío Prim.
Y otro toro, y otro toro, pa los toreros de aquí.

La señora González con el traje de romería a las puertas
de San Pedro en el Campillo.
Siendo finalmente sacrificado, desmembrado, guisado y repartido equitativamente entre todos los presentes. Pues dicho animal no solo estaba consagrado a la Virgen, sino que era su toro, el toro de Ntra. Sra. Por eso dichas reses bravas eran cuidadosamente elegidas por una elite de expertos locales, que acudían personalmente a las cercanas dehesas de Valdeolivas o Montenuevo, en las que aún se crían dichos ganados para comprarles una vez seleccionados siguiendo complejos criterios que nos solo reparaban en la bravura de dichos animales, sino en la morfología y otras señas anatómicas de los mismos, como pudieran ser, la forma o tamaño de los cuernos, el color, el peso, la edad, etc. una vez seleccionados y comprados se les traía al trote de los caballos garrocha en mano por expertos jinetes y vaqueros arenenses, hasta los corrales y cerraderos de la plaza y coso de los Llanos. Coso y toriles que una vez expropiados y conmutados por el obispado de Ávila y la familia Torres dejaron de ejercer su ancestral función, por lo que a partir de aquellos años de principios del siglo XX, el concejo de Arenas utilizó los corrales de las cercanas Quinterías para cerrar los ganados bravos que serían corridos – que no lidiados - por los arenenses en sus fiestas religiosas y ferias principales. Para desde allí subirlos al trote por la Cuesta de la Grama, fuente del Moro, paraje de Sabina, cuesta del humilladero del Sto. Cristo de los Reagajales o de San Sebastián, para enfilarlos por la Carrellana, calle del Matadero, Plaza de la Cruz Verde, calle Mesones, hasta llegar a la Plaza Mayor de la ciudad. Recorrido que estaba todo el jalonado por hombres y mujeres de todas edades y condiciones sociales, que entonando las viejas canciones tradicionales llamadas Toreras, guiaban a lasa reses y los corredores desde el puente de Sabina hasta la susodicha Plaza Mayor… Plaza que ejerció de coso hasta mediados del siglo XX cuando se inauguró la plaza de toros, plaza que se usa actualmente para dichos menesteres taurinos, perdiendo desde entonces el antiguo sabor y esplendor de las afamadas capeas arenenses que culminaban en la plaza Mayor. Ya que las corridas de toros con toreros, solían hacerse en la Plaza de Toros Vieja, que estaba situada a escasos metros de los corrales del concejo, por encima de la Plaza del Mayorales, - hoy de José Antonio – y  por debajo de la calle de los Herraderos… plaza de la que tampoco queda señal o indicio de su existencia…

Lugares enajenados y en el peor de los casos destruidos impunemente y con ellos nuestras tradiciones y costumbres centenarias … gran parte de ellas olvidadas, que aún así, siguen siendo para el que escribe la esencia misma de nuestra historia y cultura popular. Tesoros del conocimiento que aún estamos a tiempo de recuperar al menos en parte, para de este modo poder transitar de nuevo por nuestros caminos, a través del tiempo y del espacio. Adquiriendo nuevos y más interesantes conocimientos a medida que nos despegamos de lo meramente material. Transcendiendo incluso la idea y realidad de la muerte. Transcendencia espiritual del conocimiento eterno, que no conoce origen ni final. Estado que se puede alcanzar de muy diferentes formas. Como decía obispo de Ávila Prisciliano y el propio San Agustín; “La religión es eterna”. Idea que acepta de forma implícita la validez de las antiguas religiones y creencias,  surgidas antes de la llegada de Cristo. Personajes y eremitas ilustres que junto a otros “Maestros y Maestras”, supieron transcender la materia tras recorrer un largo y laberíntico camino iniciático. Camino que no se puede hacer sin antes morir simbólicamente. Para de este modo renacer de nuevo con el alma en blanco. Muerte y vida que inevitablemente se encuentran al final de todos y cada uno de los caminos, iniciáticos o no.

Dónde va la peregrina, con la saya de romera.
Voy a la ermita los Llanos, que hoy empieza la novena.
Dónde va la peregrina, con saya de verde seda.
A la ermita de los Llanos, a cumplir una promesa.
Dónde va la peregrina, con jubón de terciopelo.
A la ermita de los Llanos, por ver la Reina del cielo.


                                                                                   
Leyenda del Venero Gallito.

"y entonces los topos y las hormigas comenzaron a cavar un gran túnel desde
lo más alto de la sierra, hasta los mismos pies de la dehesa de los Llanos..."
Antes de comenzar con este relato quisiera recordar y reconocer el mérito que para mí tienen, las dos personas que me contaron y transmitieron esta hermosa historia. El primero fue el mejor profesor que tuve en mi infancia, don Antonio Jara, pues él fue uno de los culpables de mi amor por nuestra propia cultura tradicional cuando cursaba el por entonces llamado 5º curso de EGB. Y a mi gran maestra Teresa Peces Gutiérrez, sangre de mi sangre, la cual me enseñó a reconocer y buscar el verdadero valor de las cosas, a ellos va dedicada con todo mi cariño, admiración  y respeto esta leyenda. Pues de no haber sido por ellos esta y otras valiosas costumbres de nuestra vetusta ciudad, se hubieran perdido entre las opacas sombras de los tediosos rincones del olvido. Le leyenda dice así.

Cuentan que hace mucho tiempo atrás, vivía a media legua de la aldea de los Llanos una saludadora con una niña que se había encontrado la noche de San Juan, flotando en una banasta de castaño y corcha en las aguas del arroyo Avellanea. Y como nadie la reclamó, se la quedó y la crió como si fuera su propia hija. Solo que como era muy vieja y no tenía leche tubo que ser amamantada por una cierva a la que los lobos le comieron el cervato… Enseñándola desde pequeñina las artes que ella conocía, incluso la enseñó ha hablar con los animales, criándose tan fuerte y tan sana como un roble.

Un día la niña a la que llamó Bellanea, pues era bella como la aurora y de talle juncal cual eneas, se encontró un topo ciego y con las patas de hechura de galápago, con unas grandes garras y de color negro como la noche. Tal y como son ahora los topos. Pero es que por entonces los topos no eran así, sino más bien eran lo mismo que los ratones y correteaban sobre la hierba, pues no podían cavar hoyos en la tierra con sus patas respingonas. Lo que hacía que todos los demás topos se burlaran y rieran con saña, del pobre topo ciego y sus tremendas patazas con zarpas que le impedían correr y saltar como sus hermanos. Hasta que un buen día cansada Bellanea de que los topos se burlaran de su amiguito el topo ciego, habló con él y le enseño a cavar profundas cuevas, para de este modo escapar de las burlas y escarnios a los que le venían sometiendo los suyos. Y así pasó el tiempo hasta que la niña se hizo una moza. Y como era tan buena viendo las estrecheces y necesidades que pasaban ella y su madrina, pues eran muy pobres, muy pobres, muy pobres, pidió a la vieja saludadora que la pusiera a servir en alguna casa de algún rico de la cercana aldea de los Llanos, para de este modo aliviar un poco sus penas. A la vieja no le gustaba la idea de que Bellanea saliera a trabajar, pero como Bellanea insistía día tras día, al final fue a la aldea y llamó a la puerta del más rico hombre del lugar, la de Fortún Ferreo. Hombre justo y cabal muy respetado en toda la comarca que estaba viudo. Pues su mujer había muerto de parto tras a dar a luz a una niña de la misma edad que Bellanea llamada Gertrudis.

Gertrudis todo lo que tenía de guapa, lo tenía de resabiada y mala. Y en eso no se parecía a Bellanea. Pero tanto ella como su padre vieron con buenos ojos el tener en casa una moza que les fuese a por agua fresca cada mañana. Por lo que al día siguiente Bellanea empezó a trabajar de sirvienta en su casa, tras ajustar el precio y las condiciones. Una de las condiciones más importante era que cada abriquecer tenía que regresar junto a su madre para cenar dormir juntas en la choza a las orillas del río. Y así pasaron algunas semanas, Bellanea salía de su chozo a los gallos cantar y regresaba poco antes del abriquecer. Sin embargo a Gertrudis no tardo en pudrírsele el corazón de envidia, al ver como todo el mundo en la aldea de los Llanos querían a la sirvienta, mientras que a ella la despreciaban, pues de su boca jamás salían palabras buenas, ni de su pecho buenos hechos. Creciendo como la zarza en la ribera  la envidia y el rencor que la carcomían las entrañas… hasta tal punto que no tardó en desear la muerte de la pobre Bellanea. Se volvió como loca y empezó a tramar una urdimbre para deshacerse de ella sin que nadie descubriera o ni siquiera pudiera imaginase su intento.

Cuando llegó el buen tiempo y con la excusa de que el agua del río estaba caliente, cada mañana la mandaba a una fuente más y más lejana. Primero la mandó a la fuente del Moro, luego a la de Arroyocerezo, de ahí paso a la de Sabina… obligando a la pobre Bellanea a recorrer varias leguas al día lejos de la aldea y a merced de las alimañas del monte y los ladrones de caminos…  Pero Bellanea que de tonta no tenía un pelo habló con su amigo el topo ciego pidiéndole por favor que escarbara un túnel desde la puerta de su chozo a lo más alto de la sierra, para de este modo no tener que ir tan lejos en busca de agua fresca, pues sabia que en los caminos merodeaban muchos peligros. Así que el topo ciego, que lejos de ser el objeto de burla ahora era la admiración de sus hermanos pues sus túneles les permitían ponerse a resguardo cuando les acosaban las jinetas o los gatos…. Les pidió ayuda a todos sus hermanos, y todos a una empezaron a cavar un túnel desde la puerta del chozo  hasta las cumbres de la sierra para traer el agua más fresca y cristalina. Y así pasaron tres semanas hasta que una mañana, antes de que nadie en la aldea se despertar, Gertrudis salió a hurtadillas de su casona embozada en su guardapie para que nadie la reconociera, con una burra y sus aguaderas hasta las afueras de la aldea en espera de que apareciera la buena Bellanea. Y así paso, no habían clareado aún las primeras luces del día, cuando Bellanea salió de su chozo topándose a los pocos metros con Gertrudis y la burra. Bellanea se asustó al verla, pero se sosegó al quitarse en embozo y reconocerla.
 
                                                                              
Entonces Gertrudis de muy malas maneras le dijo que tenía que coger la burra montarse en ella y subir a la sierra a la fuente de los Pelaos, que está más allá de los Galayos a los pies de la Mira, para llenar las aguaderas de aquella agua helada y pura. Poniendo como excusa que era un mandao de su padre y que si no lo cumplía la echaría de su casa perdiendo el trabajo y con ello las perras que tan bien le venían a ella y a su madre anciana. Bellanea la dijo que la daba miedo, pues por esas sierras campeaban todo tipo de alimañas y sobre todo lobos cervales… pero Gertrudis la volvió a amenazar diciéndola que si no hacía lo que le había encargado, se podía despedir de su trabajo y con ellos de los dineros. Así que a Bellanea no la quedó otra, bajó la cabeza se montó a arrepantajones en la burra, cogió el camino viejo de Poyales hasta llegar al puente viejo de Pelayos, sin pasar por Arenas y luego el camino del Tío Maracatule siguiendo el cauce del río Pelayo, hasta llegar a la fuente del Risquillo a las afueras de Guisando sin ser vista ni oída por nadie. Luego siguió hasta las Carboneras, el Nogal del Barranco, el Carril y la Apretura, llegando al alba a la portilla de la Mira y prados de los Pelaos…

Mientras tanto cantaban los gallos en la aldea de los Llanos, despertando a todos los vecinos del lugar, a el bueno de Fortun Ferreo le escamo que no hubiese agua en la tinaja del zaguán, y más aún que no estuviera el desayuno en la mesa. Pues a esas horas Bellanea lo tenía todo aviado. Así que preocupado por la falta de la muchacha, preguntó a su hija si sabía dónde estaba Bellanea, ignorando el peligro que esta corría. A lo que Gertrudis contestó que nada sabía de la moza, añadiendo que seguro que se había quedado dormida pues era un holgazana y otros piropos y mentiras, que no viene a cuento repetir. Y así se quedó la cosa hasta que llegó la hora del abriquecer. Hora en la que la anciana solía salir al camino al encuentro de su hija, pues la daba miedo que anduviera sola por los caminos. Pero Bellanea no apareció. Entonces la anciana mujer sin dudarlo fue a la casa de Fortun Ferreo preguntando por su hija. Le salió al paso la Gertrudis contestando que nada sabían de ella, que no había ido a trabajar en todo el día, y que pensaban que se había quedado en su chozo, que era una vaga y que no la molestaran y es más que por tal falta no quería verla más en su casa. Que estaba despedida. A la anciana mujer todo esto la extrañó mucho, pues sabía leer los corazones de los hombres y de las mujeres con solo mirar a los ojos, y sabía que algo ocultaba, que la estaba mintiendo. Entonces lanzó una maldición, diciendo que si su hija no venía en tres días y tres noches, un ejercito de hormigas saldrían de los mismos infiernos, arrasando todo a su paso, hasta tal punto que nada quedaría vivo, ni en pie en la aldea y menos incluida Gertrudis y su padre. Una vez lanzada la maldición se fue llorando a su chozo, con la esperanza de que allí estuviera Bellanea.

Pero al llegar a la choza su corazón la terrible soledad le oscureció el alma llenándola de furia. Entonces hablo con los búhos, cárabos y lechuzas pidiéndoles que la ayudaran y buscaran a su hija por los montes, pero nada no había ni rastro de ella. Tan solo el fino olfato de los jabalíes dieron con el rastro de ella, diciéndole a la anciana mujer que el camino que había tomado Bellanea llevaba a los más alto de la peligrosa sierra, y que allí arriba todavía estaba a merced de los lobos la burra que la llevó,  entonces la anciana llamó a un ciervo, y montada a lomos de un rápido animal se fue derechita siguiendo los hozaos que habían dejado estos a modo de señales para marcar el rastro y camino. Pero cuando llegó ya fue demasiado tarde y solo pudo encontrar los cascos y huesos de la burra, las aguaderas de esparto y las cántaritas esparramadas alrededor de la fuente de los Pelaos, y un poquito más allá vio los zapatitos de Bellanea con los pies de la niña dentro, cosas estas que fueron las únicas que dejaron como testimonio del ataque de los lobos…

Los lobos se la habían comido y solo dejaron los pies dentro de los zapatos, enloqueciendo y chillando por los barrancos y quebradas de la sierra. Entonces alzando los brazos al cielo conjuró a las hormigas, las cuales salieron del infierno devorándolo todo a su paso. Primero devoraron a los hombres y a las mujeres de la aldea con sus hijos  e hijas… luego fueron a por los ganados comiéndose incluso los perros y los gatos… detrás fueron los huertos y árboles frutales… y por último royeron las piedras, maderas y tejas de las casas, sin dejar ni rastro de la aldea ni de los aldeanos… hasta las barcas que cruzaban el río y el puente viejo de los Llanos fueron devorados por las hormigas sin dejar ni un grano de arena, ni una astilla… luego tras arrasar la aldea desaparecieron por donde habían venido, regresando al mismo infierno… Tan solo se libró la ermita de Ntra. Sra. de los Llanos y el cementerio pues eran tierra Santa, y como tal no pudieron profanarla… ermita en la que aquella terrible noche dormía al resguardo de lo sagrado y del sereno Juanillo el pastor que guardaba y apacentaba los cerdos de los aldeanos y que como era del otro lado de la sierra, tenía por costumbre vivir bajo sagrado. Siendo el único superviviente, y fue gracias a él que todo esto se supo,  dando fe de tan terribles sucesos por todos  los pueblos y villas de toda la comarca. ya que la anciana se retiró a lo alto de la sierra a vivir para siempre, y desde dónde cada primavera lanzaba al Valle sus conjuros y maleficios en forma de las más terribles tormentas y epidemias. 

                                                                                 
Pero no todo fue malo en esta historia, ya que pasó algo maravilloso y que también lo contó el bueno de Juanillo que aquella terrible mañana, cuando cantó el gallo a la alborada poco antes de que las hormigas salieran de los infiernos para arrasar la aldea y a los aldeanos de los Llanos, a los pies de la choza dónde vivía Bellanea y vieja bruja brotó un manantial de aguas frescas y cristalinas, pues los topos habían llegado justo en aquel momento a lo más alto de la sierra, cerca de la Laguna Negra dónde mana la mejor fuente llamada desde entonces fuente de los cavadores en memoria de los topos que cavaron el túnel para traer sus aguas hasta la mismita dehesa. Venero que sigue manando hoy en día en aquel lugar, a la vera del río y a la sombra de las moreras. Llamándole desde entonces Venero Gallito, en recuerdo de aquel gallo que cantó la última mañana de la aldea y aldeanos de los Llanos, poco antes de que las hormigas lo arrasaran borrándolo de la faz de la tierra para siempre. Y también desde entonces los topos se olvidaron de corretear por encima de la hierba, quedando ciegos y con una patazas con garras tal y como son hoy en día… esta es la leyenda del Venero Gallito.

Venero que aún sigue manando a la vera de la garganta de Arenas, bajo la sombra de las moreras en medio del secarral, para saciar la sed de los agricultores, pastores y los abundantes rebaños de los arenenses y de los pastores trashumantes que por estas tierras pasan y cruzan cada otoño y cada primavera… venero cuyas aguas limpias, frescas y cristalinas son el único alivio gracias al trabajo de los topos cavadores y que sigue sin perder caudal ni frescura en invierno y en verano en el mismo lugar en el que cantó por última vez el gallito, y desde dónde empezaron a cavar los topos su túnel. Paraje que aún siendo una propiedad particular, todo el mundo tiene derecho a entrar para recoger el buen agua que brota de lo más profundo de la tierra, traído desde lo más alto de la sierra…

En el venero Gallito,
dónde bebe mi morena,
el agua se va llevando,
sus suspiros y mis penas.

Sus suspiros y mis penas,
la corriente se llevaba,
como se lleva mi vida,
si no me das tu palabra,
de que tienes que ser mía.
Agradecimientos.


Quiero agradecer sinceramente la amabilidad y gentileza del actual párroco de Arenas, el Sr. Cruz Herráez Díaz. El cual me abrió las puertas del templo parroquial, permitiéndonos fotografiar la imagen que se custodia en la sacristía, lejos del culto popular de Ntra. Sra. de los Llanos, facilitándome interesante información al respecto. Creo que de haber estado este párroco en Arenas años atrás, no se hubiera cometido la tropelía y la profanación de las ruinas del convento y casa de Ntra. Sra. Sta. María del Pilar de Arenas.

También quiero recordar de forma muy especial y sentida a una gran maestra hontanareña, la Sra. Bernarda Lozano Mijayo. Mujer impecable de la que muchas cosas aprendía, pues no dudó en compartir sus conocimientos, y palabras sabias… Mujer que dejó en todos los que la conocimos el mejor recuerdo que se puede dejar con el ejemplo de su propia actitud y vida. Maestra que no hace mucho tiempo nos ha dejado con gran dolor, siguiendo el camino que todos hemos de realizar un día u otro. Y a tantos buenos amigos y vecinos, como el Sr. Carlos Amor Tiemblo, que han tenido a bien contarme parte de las cosas que guardan, en sus memorias individuales y colectivas y que poco a poco iré recordando para devolvérselas con la dignidad que merecen, a las generaciones futuras de mi tan amada y expoliada ciudad… A todos ellos vallan mis más sinceras y reconocidas gracias…

Del mismo modo agradezco encarecidamente a mi buen amigo y persona, el arenense Cesar Mesón que tubo a bien fotografiar la imagen de la Virgen, poniendo a mi disposición además otras fotografías de innegable valor y sobre todo calidad. Reconociendo además el trabajo duro que ambos realizamos para limpiar el abandonado aljibe, con los aperos y herramientas que el guardés del Santuario, el Sr. Andres tubo a bien dejarnos… También he de agradecer al honesto y madrugador D. Mateo Mateos Nogal, el cual tubo a bien mostrarme algunos interesantes restos arqueológicos.

Y al bueno de Tásio, que me enseñó algunas monedas de muy diferente época, encontradas por él mientras araba de niño en las inmediaciones de la ermita de los Llanos. Por último me permito aconsejar a quienes quisieran saber más de nuestras costumbres, pues considero muy recomendable, yo diría imprescindible, empezar por leer la extensa, rigurosa y magistral bibliografía, que sobre la comarca arenense tiene por fortuna editada el erudito catedrático y amigo D. Eduardo Tejero Robledo. 

Este articulo inédito fue escrito para la revista de cultura tradicional Trasierra, del mismo modo que el articulo, Camino del Olivar en la comarca de Arenas de San Pedro, publicado en la misma revista. Articulo que por excesivo no pudo editarse ya que dicha publicación por desgracia no cuenta con los apoyos financieros que merece y requiere…


Daniel Francisco Peces Ayuso. Arenas de San Pedro, Martes, 15 de mayo de 2011.




                                                                                    










4 comentarios:

  1. hola, soy Cristina de la Fuente, me ha encantado, un saludo y recuerdos,

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  2. Hola Cristina muchas gracias por tus palabras. Te mando un fuerte abrazo y aprovecho para decirte que siento mucho la pérdida de tu padre. Dale a beso a tus hermanos y madre de mi parte...

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  4. Extraordinario estudio que revela un gran amor por tu tierra.

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